Motor

Un modelo de segunda mano está subiendo de precio más rápido que el resto y cada vez dura menos a la venta

Concesionario de coches.. Europa Press
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El mercado español del coche de ocasión lleva más de un año dominado por un movimiento que desafía la lógica. Mientras el precio medio del vehículo usado convencional sigue estable o ligeramente a la baja, y los tiempos de rotación en los concesionarios se mantienen en torno a los ochenta o noventa días para los modelos de combustión, un segmento concreto está haciendo exactamente lo contrario. 

Cada semana los concesionarios españoles reciben más solicitudes que unidades disponibles, los precios se recuperan tras quince meses de caídas y las unidades que llegan al patio salen en menos días que el resto. Se trata del coche eléctrico de segunda mano, y las cifras publicadas en las últimas semanas a partir de datos de GANVAM y del sector confirman que su dinámica se ha separado con nitidez del comportamiento del resto del parque.

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Los datos no dejan espacio para la duda. Durante el primer semestre de 2026 se vendieron en España 18.677 vehículos eléctricos de ocasión, un cuarenta y cinco por ciento más que en el mismo período de 2025. El precio medio se sitúa en 31.661 euros, cifra que rompe por primera vez la barrera psicológica de los 32.000 euros y que, tras más de un año de descensos sostenidos, ha empezado a estabilizarse e incluso a repuntar en varias categorías. 

La demanda, en paralelo, no solo ha resistido, sino que se ha acelerado. Los profesionales del sector describen una escena poco habitual en el mercado de ocasión español, en la que los eléctricos de dos o tres años que llegan al patio del concesionario encuentran comprador en días y no en semanas, como venía siendo habitual.

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Los tiempos de venta

La comparación con el coche de combustión ilumina la magnitud del giro. Según los datos que Autoscout24 hizo públicos hace pocos meses, el tiempo medio que un coche de combustión permanece en venta en un concesionario español ronda los noventa y dos días, mientras la media a nivel mundial para todo el mercado de ocasión, incluyendo ya la creciente presencia de eléctricos, se sitúa en ochenta y cuatro. 

Dentro del segmento eléctrico, sin embargo, los tiempos de determinados modelos han bajado hasta cifras impensables hasta hace un año: veinticinco días para el Kia e-Niro de segunda generación, treinta y ocho días para el Toyota RAV4 híbrido, y horquillas similares para el Tesla Model 3, el Renault Zoe o el Peugeot e-208 en sus versiones más recientes. Un eléctrico de segunda mano puede resultar cuatro veces más ágil que un diésel comparable en el mismo patio de venta.

Qué explica la reversión del precio

La tendencia responde a la conjunción de tres factores muy concretos. El primero es la llegada masiva de unidades procedentes del renting corporativo, que renueva su parque cada tres o cuatro años y devuelve al mercado eléctricos con menos de sesenta mil kilómetros, un historial de mantenimiento impecable y baterías que rara vez muestran una degradación superior al diez por ciento respecto a su capacidad nominal. Más del sesenta por ciento de la oferta de eléctricos usados que hoy encuentra el comprador procede de ese canal. 

El segundo factor es el encarecimiento sostenido de los combustibles convencionales. Con el diésel y la gasolina en máximos históricos, el punto de equilibrio financiero entre un eléctrico usado y su equivalente térmico se alcanza ahora en menos de tres años para conductores que recorren más de quince mil kilómetros anuales. El tercer factor es regulatorio: la expansión de las Zonas de Bajas Emisiones en las principales ciudades españolas empuja a los usuarios sin etiqueta ECO o CERO hacia el mercado de segunda mano eléctrico como salida más económica que la compra de vehículo nuevo.

Qué debemos vigilar

La rentabilidad del coche eléctrico usado depende, no obstante, de tres comprobaciones que ningún profesional se cansa de repetir. En primer lugar, el estado de salud de la batería. Un valor por debajo del noventa por ciento en un vehículo con menos de cinco años apunta a un uso intensivo de carga rápida o a períodos prolongados al cien por cien de carga, prácticas que acortan la vida útil del pack. 

La segunda es la disponibilidad real de infraestructura de recarga en el entorno cotidiano del comprador. La red de puntos rápidos crece al veinticinco por ciento anual en España, pero sigue concentrada en corredores principales y ciudades grandes, y para quien no dispone de garaje propio la dependencia de la red pública puede erosionar el ahorro económico.

La tercera es la propia arquitectura eléctrica del vehículo. Los modelos con arquitectura de cuatrocientos voltios y protocolos de carga rápida CCS constituyen hoy el estándar razonable, mientras que los eléctricos de generaciones anteriores con protocolos más lentos van perdiendo valor de reventa con mayor rapidez.