Motor

Parece un sistema pensado para ahorrar esfuerzo, pero usarlo mal puede terminar aumentando la factura

El botón de Start Stop en un coche moderno. Telecinco.es
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El Peugeot 3008 llegó al taller con 95.000 kilómetros y el motor de arranque casi muerto. El cliente había activado el sistema Start-Stop durante los dos años previos convencido de que era su aliado contra el precio del diésel. El presupuesto final por sustituir la batería AGM y el motor de arranque ascendió a 1.100 euros. Esta escena ilustra la contradicción del Start-Stop: un sistema diseñado específicamente para reducir el consumo de combustible en tráfico urbano que puede acabar costando más de lo que ahorra cuando el propietario lo utiliza sin conocer sus condiciones técnicas concretas. 

Lo que se ahorra al usarlo, que puede ser en torno a 60 y 100 euros de combustible para un uso urbano medio, queda muy por debajo del coste de reemplazar prematuramente componentes específicos que la mayoría de los conductores no sabe que existen.

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Cómo funciona y por qué exige componentes especiales

Se trata de un sistema que detiene automáticamente el motor cuando el coche se para y el conductor pisa el freno o desengancha el embrague. El motor vuelve a arrancar cuando el conductor suelta el freno o pisa el embrague para poner una marcha. En semáforos largos, atascos densos y esperas prolongadas, el motor no consume combustible durante los minutos que permanece detenido. El ahorro documentado por los fabricantes oscila entre el 5% y el 15% del consumo urbano según el estilo de conducción y el tipo de trayecto.

El problema aparece en la escala de solicitación mecánica que impone al vehículo. Un motor de arranque convencional está dimensionado para soportar aproximadamente entre 50.000 y 60.000 ciclos de encendido a lo largo de toda la vida útil del coche, lo que un conductor normal alcanza tras diez o quince años de uso. 

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Un vehículo con Start-Stop activo en ciudad puede multiplicar por diez esa cifra de arranques diarios, porque cada semáforo o cada parada cuenta como un encendido adicional. Por eso los coches con Start-Stop no llevan motor de arranque convencional sino uno reforzado específicamente para soportar el nuevo régimen de trabajo. Y no llevan batería estándar de plomo-ácido sino baterías tipo AGM (Absorbent Glass Mat) o EFB (Enhanced Flooded Battery), diseñadas para tolerar muchos más ciclos de carga y descarga.

Las consecuencias económicas de esa arquitectura es directa. Una batería AGM cuesta entre 200 y 400 euros frente a los 80-150 de una batería convencional equivalente. Un motor de arranque reforzado ronda los 300-700 euros según modelo. Y la vida útil de la propia batería AGM en un coche con Start-Stop activo en ciudad puede empezar a fallar a los 3-4 años o 80.000-90.000 kilómetros, mientras que una batería convencional en un coche sin Start-Stop suele durar 5-6 años o 120.000 kilómetros.

Cuándo compensa activarlo y cuándo no

La ecuación práctica del Start-Stop no es universal. Depende del propio patrón de conducción del propietario. En trayectos urbanos con semáforos largos, atascos prolongados y cruces con esperas continuadas, el motor apagado durante minutos ahorra combustible real que compensa el desgaste añadido de la batería y el motor de arranque. 

En autopistas y trayectos interurbanos rápidos con pocas paradas, el sistema apenas se activa y no aporta beneficio significativo. En tráfico urbano denso con paradas continuas pero muy breves, el sistema puede acabar consumiendo más combustible en los arranques repetidos que el que ahorraría con el motor apagado ese tiempo tan corto.

De esta forma, si el coche circula habitualmente por ciudad con semáforos largos y atascos con paradas prolongadas, dejar el Start-Stop activo compensa. Si el propietario conduce sobre todo en carretera abierta con pocas paradas, o si el tráfico urbano de su zona se caracteriza por paradas muy breves y arranques continuos, desactivar el sistema puede resultar más rentable a medio plazo. El botón de desactivación debe pulsarse cada vez que se arranca el motor, porque el sistema se reactiva automáticamente por defecto en cada nuevo encendido del vehículo.

Los errores más críticos

Hay dos errores que multiplican el coste real del Start-Stop cuando llega el momento de sustituir la batería. El primero es instalar una batería convencional en lugar de una AGM o EFB para ahorrar 100 o 200 euros en el cambio. El sistema Start-Stop no funcionará correctamente y la batería se degradará prematuramente por incompatibilidad con el régimen de trabajo. 

El segundo es no registrar la batería nueva en el sistema de gestión electrónica (BMS) del coche. Aunque la batería instalada sea la adecuada, el sistema seguirá creyendo que gestiona la anterior degradada y ajustará los ciclos de carga a parámetros erróneos, con la consiguiente pérdida acelerada de vida útil del componente recién instalado. Ambos errores son evitables con una consulta al taller antes de la compra de la batería.