Turismo

18 pueblos de ensueño para unas vacaciones muy diferentes: así es la comarca denominada la Toscana española

Valderrobres. Turismo Matarraña
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Al noreste extremo de la provincia de Teruel, encuadrada entre el Bajo Aragón histórico, la Terra Alta catalana y la comarca castellonense de Els Ports, se despliega un territorio de mil kilómetros cuadrados escasos que hoy se conoce como "la Toscana española", por la insólita conjunción de olivares centenarios, viñedos en pendiente, cascos medievales de piedra y una luz cristalina que reverbera sobre los relieves calcáreos como si el paisaje italiano se hubiese descolgado a la cuenca del Ebro. 

La comarca del Matarraña, que agrupa 18 municipios y apenas 8.805 habitantes, se ha convertido en la última década en el destino predilecto para quienes buscan unas vacaciones distintas con turismo lento, patrimonio medieval, gastronomía de origen y silencio como bien de lujo.

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La comarca corresponde aproximadamente a la cuenca del río Matarraña y la parte aragonesa del Algars. La integran los municipios de Arens de Lledó, Beceite, Calaceite, Cretas, Fórnoles, La Fresneda, Fuentespalda, Lledó, Mazaleón, Monroyo, Peñarroya de Tastavins, La Portellada, Ráfales, Torre de Arcas, Torre del Compte, Valdeltormo, Valderrobres y Valjunquera. Cinco de esos dieciocho municipios (Valderrobres, Beceite, Calaceite, La Fresneda y Ráfales) exhiben el reconocimiento de Conjunto Histórico-Artístico o Bien de Interés Cultural.

Una historia sedimentada entre íberos y calatravos

El sedimento arqueológico del Matarraña arranca en la época ibérica de los siglos VII a V a. C., cuando el territorio vivió su primer momento de esplendor con poblados como el Poblado Íbero de San Antonio de Calaceite, el de Los Castellanos entre Cretas y Calaceite, El Piura del Barranc Fondo de Mazaleón y El Tossal Redó en Calaceite. 

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La llegada de los romanos en 218 a. C. cerró aquel ciclo. La reorganización territorial actual se remonta a finales del siglo XII. En 1179, Alfonso II cedió a la Orden de Calatrava buena parte del territorio, mientras que la Peña de Aznar Lagaya, que englobaba Fuentespalda, Valderrobres, Mazaleón, Torre del Compte y Beceite, quedó en manos del arzobispado de Zaragoza, promotores del castillo y de la iglesia de Valderrobres que aún dominan el paisaje.

Valderrobres, integrada en la asociación Los Pueblos más Bonitos de España, se levanta a orillas del río Matarraña con un castillo gótico del siglo XIV, la iglesia parroquial de Santa María la Mayor y la Casa de los Moles como referentes visuales sobre un casco antiguo de calles estrechas y empinadas. 

Calaceite, veintidós kilómetros al noreste, ostenta la capitalidad cultural con un casco urbano que fue declarado Bien de Interés Cultural gracias al conjunto arquitectónico articulado alrededor de la Plaza España, la Calle Maella y la Casa de la Justicia, y por la iglesia parroquial de la Asunción, erigida a partir de 1613 en estilo barroco.

El eje natural del Matarraña se despliega en Beceite, entrada meridional del Parque Natural de los Puertos de Beceite. Desde el pueblo arranca la Ruta del Parrizal, un itinerario acuático con pasarelas de madera que salvan pozas cristalinas y una angostura estrechísima entre paredes calcáreas. Su singularidad paisajística, a caballo entre la garganta pirenaica y el desfiladero mediterráneo, constituye uno de los mayores atractivos senderistas del noreste peninsular. La Salt de la Portellada completa el catálogo de los grandes escenarios acuáticos, junto con las Pozas de la Pesquera, particularmente indicadas para el baño estival.

Ráfales, cuyo ayuntamiento ocupa el edificio de la antigua cárcel, exhibe la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, el convento de San Francisco y la ermita de San Roque como piezas de un casco declarado también Conjunto Histórico-Artístico. 

Cretas, con apenas seiscientos habitantes, seduce al viajero con la repostería local, sus iglesia de la Asunción, la casa Turull y la ruta de los túmulos ibéricos. 

Peñarroya de Tastavins guarda el Santuario de la Virgen de la Fuente y el parque paleontológico Inhóspitak, dedicado al patrimonio dinosauriano de la región. 

La Fresneda acoge el Santuario de la Virgen de Gracia y otro casco antiguo protegido como Bien de Interés Cultural. 

Las otras diez localidades (Arens de Lledó, Fórnoles, Fuentespalda, Lledó, Mazaleón, Monroyo, La Portellada, Torre de Arcas, Torre del Compte, Valdeltormo y Valjunquera) completan la trama de una comarca en la que cada núcleo aporta al conjunto un fragmento propio de arquitectura tradicional, cocina de terruño y hospitalidad campesina.