Grupos radicales usan los videojuegos para captar a jóvenes, según expertos: "Crean un ecosistema perfecto para generar confianza"

Cómo los grupos radicales utilizan videojuegos para captar a jóvenes
Un grupo de jóvenes interactúa en un videojuego online, un entorno cada vez más utilizado por redes extremistas para difundir propaganda. Informativos Telecinco
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Las plataformas de videojuegos online, especialmente aquellas con menor regulación, se han convertido en un nuevo espacio de captación para grupos extremistas. A través de chats, símbolos y dinámicas de comunidad, estas redes buscan atraer a jóvenes vulnerables mediante mensajes repetitivos y, en muchos casos, distorsionados.

El fenómeno, según advierten expertos, no es casual. Responde a una estrategia progresiva que aprovecha la necesidad de pertenencia en edades tempranas. “Los videojuegos ofrecen un entorno social donde los jóvenes no solo juegan, sino que también construyen identidad y vínculos, esa necesidad de conexión puede ser utilizada de forma interesada por determinados grupos”, explica Daniel Alonso Martínez, director del Grado en Artes Digitales de la Universidad Camilo José Cela.

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Radicalización progresiva y casi invisible

Alonso Martínez insiste en que el problema no reside en el videojuego en sí, sino en el uso que se hace de estas plataformas: “No hablamos de un fallo del medio, sino de una apropiación de sus dinámicas sociales. Los sistemas de chat, los clanes o comunidades y la interacción constante crean un ecosistema perfecto para generar confianza y reforzar mensajes”.

Además, subraya el carácter progresivo del proceso: “Es una radicalización por acumulación, no es un impacto directo, sino una repetición constante de ideas que, poco a poco, normalizan ciertos discursos. El usuario no percibe un cambio brusco, sino una evolución dentro de su entorno habitual”.

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El experto también advierte sobre el perfil de los jóvenes más expuestos: “Son usuarios que buscan reconocimiento, pertenencia o incluso validación, cuando encuentran un grupo que les acoge, es más fácil que acepten sus códigos, su lenguaje y, en algunos casos, su ideología”.

La necesidad de pertenecer como puerta de entrada

En este sentido, la interacción constante y la sensación de comunidad juegan un papel clave. “Se trata de una forma de conectar y sentirse parte de un grupo, cuando ese sentimiento se vincula a discursos excluyentes o de odio, el proceso de radicalización puede producirse de manera gradual, casi imperceptible”, señala Mayra Martínez Avad, profesora de Sociología en la misma universidad.

Los expertos coinciden en que este proceso se basa en lo que denominan una “radicalización por erosión”: la repetición constante de mensajes negativos que terminan calando en jóvenes que buscan reconocimiento o identidad. En muchos casos, los contenidos se presentan de forma aparentemente inofensiva, integrados en el propio entorno del juego.

Falta de control y papel de las familias

Además, alertan de que los juegos no comerciales o alojados en plataformas con escaso control son especialmente vulnerables a este tipo de prácticas. En estos espacios, la supervisión es limitada y los canales de comunicación directa facilitan el contacto entre usuarios.