Sequía

España sigue en riesgo por sequía aunque haya llovido todo el invierno: los motivos de peso

Bajo nivel de agua en el embalse de Belesar, Lugo
Bajo nivel de agua en el embalse de Belesar, Lugo en 2025. Carlos Castro/Europa Press
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Enero de 2026 inauguró el año como el mes más lluvioso en los últimos 25 años, de acuerdo con la AEMET. El tren de borrascas que la Península vivió, y con estampas más típicas de Londres que de Málaga, los embalses se llenaron hasta niveles muy superiores a la media de los últimos diez años. Sin embargo, por mucha agua que tengamos en nuestro haber, no estamos exentos de riesgo de sequía. 

¿Por qué España sigue en riesgo de padecer otro período seco como los de 2023 o 2024? Tener los embalses llenos no es lo mismo que tener el terreno asegurado. 

La absorción de agua en el terreno

Uno de los primeros condicionantes para que el terreno deje de estar seco: que este sea capaz de absorber el agua que cae. Si las lluvias son torrenciales, estas vienen con mucha fuerza y arrasan con todo a su paso. El agua no está 'reposada' sobre el terreno, sino que pasa a toda velocidad: se moja todo, sí; pero esta no se impregna dentro del terreno.

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Lo mismo sucede con las tormentas de granizo: el agua cae en forma de piedra, lo cual hace que el terreno sobre el que cae se dañe y se agriete. 

También hay otro aspecto a considerar: el estado del propio suelo. No es lo mismo un suelo hidratado que un suelo seco. Y a pesar de la recuperación de estos últimos años, no toda la tierra se ha mojado de la misma forma y, por tanto, no se ha reparado de la misma manera: un suelo seco y agrietado no va a absorber ni la cantidad necesaria ni de la misma forma que un suelo 'sano'.

El consumo se desequilibra

Las cuencas internas tienen niveles altos -desde finales de 2025 se observa una tendencia superior a la media de los últimos 10 años-, y el consumo, de forma inevitable, se acaba disparando. Ya sea en grandes ciudades o zonas turísticas porque hay más gente (sobre todo, ahora porque es verano y comienza la temporada alta) o por parte de los campos agrícolas que ahora pueden regar, se vuelve a gastar más agua.

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Sin embargo, el tema central tiene que ver con la alineación entre demanda y previsiones de lluvia. También se suman los episodios de temperaturas altas -especialmente con olas de calor de por medio- que provocan una evaporación más rápida y en mayores cantidades del agua almacenada en los embalses.

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El invierno de 2026 fue poco frecuente

A principios de año España parecía Londres. El vórtice polar y la corriente jet fueron los protagonistas por los cuales tuvimos estas estampas: una masa de aire extremadamente frío -y que gira en torno al Polo Norte- y una corriente que separa los vientos fríos de los cálidos cambiaron su posición y perdieron fuerza. 

Por su parte, el vórtice polar se debilitó, lo que permitió que esta bolsa fría bajase hacia latitudes más bajas. A su vez, esta corriente separadora de vientos y temperaturas también se descolgó: en lugar de estar circulando a los alrededores de países como Inglaterra o Dinamarca, lo hizo a las latitudes de Francia, Portugal o España.

Las estampas típicas de países nórdicos nos inundaron. Sin embargo, este fenómeno no sucede siempre. Y con el aumento generalizado de temperaturas a nivel global, los pronósticos son claros: vamos a tener menos lluvias, más calor, más estrés hídrico y, con todo esto, sequías más potentes y de más duración.