Multas

Hasta 3.000 euros por pasear al perro suelto en zonas prohibidas o de baño: las playas y parques donde la sanción ya es real

Un perro suelto en la Playa de la Concha, San Sebastián
Un perro suelto en la Playa de la Concha, San Sebastián. Europa Press
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En el momento que adquirimos o adoptamos un perro —o cualquier otro animal—, también adquirimos el compromiso del cuidado del mismo, siendo además responsables de su comportamiento y de las consecuencias de sus actos. Es por ello que acciones sobre las que perdemos parte del control que podamos tener sobre ellos, como soltarlos o directamente llevarlos sin correa puede acarrearnos algunos quebraderos de cabeza y sus correspondientes sanciones si acceden a lugares prohibidos.

Perros, ¿mejor atados o sueltos?

Si tomamos como referencia la última Ley de Bienestar Animal (Ley 7/2023), observaremos dos artículos que van en contra de la idea de dejar sueltos a los perros mientras paseamos con ellos en la vía pública. En el artículo 25, apartado d), se prohíbe a los dueños “dejar animales sueltos o en condiciones de causar daños en lugares públicos o privados de acceso público especialmente en los parques nacionales, cañadas donde pastan rebaños o animales u otros espacios naturales protegidos donde puedan causar daños a las personas, al ganado o al medio natural”.

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Un poco más adelante, en el artículo 26 de obligaciones específicas con respecto a los animales de compañía, apartado c), se nos dice que debemos “adoptar las medidas necesarias para evitar que su tenencia o circulación ocasione molestias, peligros, amenazas o daños a las personas, otros animales o a las cosas”. Por tanto, sumando estos dos artículos, queda claro que está prohibido según el marco legislativo nacional llevar los perros sueltos como norma general.

Partiendo de la base que marca la Ley de Bienestar Animal, luego cada comunidad autónoma puede establecer la regulación que crea oportuna para adaptar los casos a la protección de sus espacios y, a su vez, este guante lo recogen las administraciones locales. Sin embargo, no encontraremos grandes discrepancias entre la legislación nacional, autonómica y local a este respecto, pero conviene que cada uno revise su normativa de mayor proximidad por si hubiera algunas excepciones.

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Uno de los casos en los que puede estar permitido que los perros u otros animales de compañía puedan ir sueltos en un espacio público son zonas autorizadas a tal efecto. Este es el caso, por ejemplo, de Barcelona. La Ciudad Condal tiene espacios para perros sueltos repartidos por la ciudad en los que, en un horario determinado, se puede librar de las ataduras a los canes, haciendo de estos sitios lugares de encuentro entre dueños de animales y viandantes sin mascota. “Se trata de espacios compartidos donde se fomenta la buena convivencia y el uso común del espacio público. Están señalizados y disponen de los elementos necesarios para hacer un mantenimiento correcto y que pueda disfrutar todo el mundo, independientemente de si va con un perro o no”.

Para tratar de minimizar los riesgos y posibles molestias al hacer uso de estos espacios, también publican una serie de recomendaciones sobre su uso. “En primer lugar, recuerda que el itinerario desde casa hasta la zona donde se puede quitar la correa forma parte del paseo. Intenta prolongar el camino entre 10 y 15 minutos, anda tranquilamente y deja que el perro olfatee. De esta manera, el perro llegará al área de esparcimiento más relajado y tendrá interacciones menos ansiosas con otros perros. Cuando llegues al parque, evita que tenga comportamientos bruscos o violentos. Si está excitado, párate, distráelo de los demás perros y cálmalo. El lenguaje corporal y la actitud son señales que leen muy bien los perros: no le grites, no le des tirones con la correa ni lo obligues a sentarse. El perro entenderá que solo lo soltarás cuando esté calmado y será fácil de conseguir si en el trayecto hasta el área para perros o el espacio para perros sueltos ha estado tranquilo, ha olfateado y ha hecho sus necesidades”.

Como la normativa puede cambiar a nivel local, no todos los ayuntamientos y comunidades autónomas aplican las mismas sanciones. Por ejemplo, en Barcelona hay diferentes sanciones dependiendo del tamaño del perro y el lugar donde se hayan soltado. “Si el perro suelto supone un peligro para otras personas o para el propio perro, la multa tipificada es de 300 euros. Si no supone un peligro, la sanción es de 100 euros. Si se trata de perros potencialmente peligrosos, estos siempre deben ir atados y la multa por llevarlos sueltos puede ir de los 300 a los 2.400 euros. Finalmente, los perros (atados o sueltos) no pueden entrar en ningún caso en las zonas de juegos infantiles: la sanción por incumplirlo es de 600 euros”.

Muy pocas playas permiten el acceso a perros

En cuanto a las playas, tienen unas condiciones distintas que hacen que en muchas de ellas no solamente no se pueda llevar a los perros sueltos, sino que en algunas ni siquiera se permita su acceso. Siguiendo con el ejemplo de Barcelona, ya que también tiene playas, en líneas generales tiene prohibido el acceso de perros a sus playas, aunque también tiene excepciones como la Playa del Levante, en la que “se realiza un control de acceso, ya que solo pueden acceder los perros con microchip incorporado”. “La playa de perros es un espacio separado físicamente del resto de la playa de Llevant, que mantiene las vallas perimetrales en la zona del rompiente del agua y el espigón, para evitar que los perros puedan salir. El horario es de 10.30 a 19.30 horas”.

Sin embargo, la prohibición de acceso al resto de playas tampoco aplica para todo el año. Generalmente, estas limitaciones aplican especialmente en temporada turística alta, donde más humanos están disfrutando de estos espacios naturales de uso público. “Durante la temporada de baño, los perros tienen prohibida la entrada, sin importar si van atados o no. En cambio, fuera de la temporada de baño, los perros pueden pasear sueltos por todas las playas de la ciudad”. De esta manera, los dueños podrían fuera de los meses de junio a septiembre pasear con sus canes sin correa, respetando siempre las normas de higiene y recogida de excrementos. Igualmente, los perros de asistencia tendrán garantizado el acceso durante todo el año, siendo la única excepción permitida en meses de temporada de baño. Las multas por acceder con perros a playas no autorizadas pueden llegar a los 3.000 euros en algunas regiones, tal y como advierte la Guardia Civil, que también recuerda que existen más de 120 playas caninas autorizadas por los ayuntamientos.