Se estima que un usuario mínimamente experimentado tarda entre diez y quince minutos en pasar de la fotografía al objeto físico funcional
La Policía advierte de lo que nunca hay que hacer al salir de vacaciones: "No te olvides de lo importante"
Primera noche en un piso nuevo, el juego de llaves colgando de dos dedos con un llavero recién estrenado, la cámara centra el foco en el metal, desenfocando el fondo y en el pie de foto anunciamos que estrenamos nueva casa. La fotografía se publica en las redes sociales habituales, como Instagram, Facebook o WhatsApp y, a continuación, recibimos la pertinente tanda de corazones. Eso sí, como concesión al pudor, la localización queda oculta. Sin embargo, a la vez que hacemos eso, descuidamos un detalle tan relevante como inocente, mostrando al detalle los dientes de la llave.
La señal de alarma comenzó a sonar cuando el especialista en ciberseguridad Evan Ottinger nos abrió los ojos a muchos. En su vídeo, partió de una imagen nítida de una llave común de cilindro de pines, que es el estándar dominante en Europa y buena parte del mundo, la introdujo en un programa de codificación y generó los patrones de corte necesarios para su impresión tridimensional.
De esta forma, en cuestión de minutos disponía de un duplicado que, ensayado sobre su propia cerradura, funcionó a la primera. Ottinger explicó además que el proceso no requiere impresora 3D, ya que con la información obtenida es posible cortar y limar la llave a mano, o se puede utilizar cualquier cortadora comercial de las que se encuentran en las cerrajerías. Además, estimó que un usuario mínimamente experimentado tarda entre diez y quince minutos en pasar de la fotografía al objeto físico funcional. Las plantillas de decodificación necesarias circulan gratuitamente en internet.
A diferencia del bumping, el ganzuado o el uso de un rotomartillo sobre el bombín, una copia idéntica de la llave no deja daños ni señales visibles en la cerradura. El mecanismo opera con normalidad, la puerta se abre sin resistencia y la entrada puede pasar desapercibida durante días. Esto añade un doble problema, al dificultar la investigación policial ya que no existen marcas de forzamiento ni indicios físicos evidentes, y complica la tramitación del expediente ante la compañía de seguros, que puede rechazar el reclamo por robo si no se demuestra la vía de acceso.

El detalle que agrava el problema
La criminóloga María Aperador, cuyo aviso al respecto ha circulado ampliamente en redes, añade un detalle importante al afirmar que no es imprescindible que la fotografía tenga alta resolución. Existen técnicas basadas en cálculos numéricos que permiten obtener la información necesaria para duplicar la llave aunque la imagen no esté especialmente enfocada, siempre que se distinga el perfil general y la disposición de los dientes.
La combinación de esta vulnerabilidad con las técnicas de rastreo abiertas en internet permite además cerrar el círculo: si el mismo perfil que publica la fotografía muestra en otras entradas la calle a la que se ha mudado, un cartel de la finca reconocible, las vistas desde una ventana o simplemente etiqueta la ubicación al llegar a casa, el domicilio queda localizable con relativa facilidad.
El resultado es un hogar nuevecito,pero susceptible de recibir visitas inesperadas. Por eso, las recomendaciones de las autoridades insisten regularmente en la conveniencia de no compartir fechas de nacimiento, ubicaciones, rutinas ni datos como el número de teléfono personal, ya que todas ellas son piezas que un delincuente puede utilizar para elaborar un perfil de su próxima víctima.
Recomendaciones básicas
Las precauciones que las autoridades y los profesionales del sector coinciden en subrayar caben en un pequeño decálogo. Evitar cualquier fotografía en la que las llaves de casa aparezcan enfocadas, incluso si el propósito parece inofensivo. En el caso de que la imagen sea imprescindible, difuminarlas o taparlas. No etiquetar la ubicación de la vivienda ni publicar imágenes que permitan identificarla externamente. Utilizar cerraduras con perfil de llave patentado y tarjeta de propiedad, que restringen la duplicación a centros autorizados y exigen la acreditación del titular.
Hay que tener presente que la llave de acceso a nuestra casa no es un accesorio decorativo, sino un secreto criptográfico impreso en metal. Todo lo que se puede leer en su perfil y en sus cortes es información que un tercero puede reconstruir. Publicarla equivale a compartir una contraseña. Y las contraseñas no se deben nunca mostrar en cámara.

