La complejidad de desenterrar la casa más cercana al volcán: "Me conformo con entrar para Navidad"

  • Saul y María hicieron un llamamiento desesperado para desenterrar la casa de Vicente

  • La casa está a 150 metros del volcán que quedó sepultada por la ceniza hace cinco meses por la lava

  • El jueves 40 personas ayudaron limpiar la ceniza, pero el viernes los gases han parado los trabajos

La emoción que Vicente Leal sintió el jueves, el viernes a primera hora se convertía en tristeza. Después de que Vicente, su hijo Saúl y su nuera María pidieran ayuda el miércoles para recuperar su vivienda, 40 personas se presentaron en San Nicolás con palas y chalecos dispuestos a luchar contra la ceniza y desenterrar la casa más cercana al volcán.

Está a tan solo 150 metros del cono. Quedó sepultada por la lava hace cinco meses, pero "un milagro hizo que la lava ardiendo no la destruyera", dice Vicente. Más de 40 personas se presentaron allí el jueves a las 8.30 de la mañana y solo consiguieron destapar dos chimeneas de la casa. "Queda tanto por hacer. Yo pensaba que entre todos, en varias semanas trabajando lo podíamos conseguir".

Los gases hacen que la zona vuelva a ser peligrosa

Pero este viernes, las cosas han cambiado. Parece que los gases vuelven a ser peligrosos y el jefe de la empresa que el jueves ayudó con la maquinaria pesada a desenterrar la vivienda se ha acercado a Vicente y le ha dicho que las órdenes son que todo mundo se vaya de la zona. "Parece que vuelve a ser zona de exclusión. Yo quiero quedarme aunque sea solo para avanzar otro poquito. Yo no me voy", dice Vicente.

Y no se ha ido. Allí está el solo intentado, pala en mano, quitar algo ceniza. Vicente cuenta que esto no es nuevo, que ya pasó con el volcán de San Juan en 1949. Su madre le contó que los vecinos, con una pala, sin mascarilla ni excavadoras consiguieron limpiar las carreteras. "Creo que hay demasiado seguridad y están retrasando ayudar a los afectados. No tiene sentido", critica.

40 personas ayudaron a desenterrar la casa

Miles de toneladas sepultan la casa de Vicente. Los trabajos para quitar esa ceniza comenzaron el miércoles pero se vieron desbordados. "No podemos hacerlo solos". Por eso Saul y María hicieron un llamamiento desesperado. Al día siguiente más de 40 personas caminaban en fila ataviados con chalecos amarillos y palas para echar una mano. "La emoción nos hizo hasta llorar. Los palmeros somos así. Una maravilla", dice Vicente.

Una vez más, Alfonso y su equipo, los fotógrafos de la empresa I love the world captaron el momento. Imágenes de la casa cubierta de ceniza, las chimeneas, el principio de los muros, los operarios, los voluntarios. Este viernes todo se ha desvanecido pero Vicente confía en que el lunes puedan volver a la carga y seguir luchando para revertir el daño ocasionado por el volcán.

10 metros de ceniza cubren la casa de Vicente

La casa en la que vivían Saul y María está cubierta por ceniza más de diez metros. Ahora, están desalojados y están viviendo con Vicente. "Son miles de toneladas de ceniza que, por suerte, parece que no han conseguido destruirla y sigue estructuralmente completa". Igual que la vegetación. Vicente ve como los pinos canarios están empezando a brotar. "Veo brotes verdes aquí a 150 metros del volcán, así que tengo esperanza, si ellos pueden yo también".

El porche acristalado cedió ante el peso de la ceniza y se desconoce cuál será el estado de un estudio anexo, así como de los muebles, las paredes y techos. Vicente espera que la casa por dentro esté "en orden, pero habrá que esperar a verla cuando consigamos llegar hasta el interior. Tardará tiempo, dependerá de la ayuda que obtenga, pero volverá a entrar en su casa."Yo me conformo con que puedan volver para Navidad, pero hay que empezar ya", señala.

La primera vez que la familia de Vicente pudo acudir a buscar la casa, ubicada en la ladera sur del cono volcánico, en la zona de Los Pelados (San Nicolás), fue el pasado mes de enero. Durante la visita a la zona de exclusión descubrieron que lo único visible eran las chimeneas. "Creo que sigue en pie. En esta montaña solo hay tres casas y una bodeguita", cuenta Vicente.

Vicente, como muchos otros, construyó la casa con sus propias manos. Vivía con su hijo y su nuera hasta que el 19 de septiembre se abrió una grieta a escaso metros que les obligó a salir corriendo. "Nunca olvidaré ese día. Nos explotó el volcán al lado, nos cayeron hasta piroclastos encima. Esa imagen no se me borrará jamás". día día durante más de tres meses el volcán fue tapando la casa con ceniza y piroclastos. "Es un milagro que siga en pie ya que es la que más cerca está de boca principal". El último río de lava pasó a mucho menos de 50 metros de su hogar.