El desgarrador relato de las hermanas de Beatrice, de dos años, asesinada a golpes por su madre y padrastro

El desgarrador relato de las hermanas de Beatrice, de dos años, asesinada a golpes por su madre y padrastro. Archivo
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"Cuanto más la sostenías, más se le caía la cabeza. Tenía el cuerpo y los labios morados. Ya sufría mucho dolor". Beatrice solo ha vivido dos años, suficiente para saber lo que era el infierno en la tierra de la mano del ser que debía protegerla: su madre. Ella, junto a su nueva pareja, alcohólicos, sometieron a Beatriz a sonoras palizas por hacer algo que hacen los niños: llorar. No solo eso. Las fotografías encontradas en el teléfono móvil del padrastro de la pequeña, incluyendo imágenes de la niña después de las palizas e incluso un vídeo que muestra a la pequeña llorando mientras la obligan a fumar, entre las risas de dos adultos, fueron vitales para esclarecer aun más lo ocurrido y mostrar la degradación absoluta de la pareja.

La vida de Beatrice fue segada a golpes, pero la de sus hermanas, impotentes ante la violencia y las amenazas -que también sufrían- también ha quedado marcada para siempre. Su madre las dejaba solas para estar con su nuevo novio. Con tan solo 9 y 7 años, las dos pequeñas tuvieron que ver cómo su pequeña hermana era golpeada sin piedad a diario, hasta que su cuerpo no pudo más. La historia, que ha desvelado el Corriere, ha conmocionado a Italia entera.  Los hechos ocurrieron en Bordighera, en la provincia de Imperia.

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Bofetadas, patadas, puñetazos, latigazos con cables eléctricos, con un cinturón, y golpes contra las paredes, las ventanas y el suelo. El relato que han hecho las pequeñas contra su propia madre es devastador, inhumano. Y ha radiografiado a dos seres sin alma. Los vecinos también sabían cómo era Manuela. Violenta, dicen ahora. Las niñas llegaron a suplicar que llevaran a su hermana al hospital, pero nadie las hizo caso. Y ellas fueron testigos de cómo su hermana perdía la vida poco a poco sin acudir al hospital. "Le movíamos los brazos y se le caían", relatan entre otras frases más atroces en el sumario.

Manuela no solo era violenta. Quiso tapar su crimen y el de su pareja y proteger al hombre que golpeaba a su pequeña sin piedad. Ella también lo hacía, según los testimonios de sus propias hijas. De hecho el día de su muerte le dieron a la pequeña un ducha y azúcar. No reaccionaba. Llevaba días agonizando.

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La madre, entonces, fue capaz, incluso, de llevar a la pequeña presumiblemente ya muerta en su coche - se las entregó a sus hermanas envuelta como un bulto rojo- a otra casa para desde allí llamar al 112. Amenazó a sus hijas con consecuencias si decían que su pareja había estado junto a la pequeña. Era su plan para justificar que todo había sido una caída accidental. Pero al ver a la pequeña ya muerta y su estado, la justicia entró en acción. El padrastro dijo que solo la había dado comida y amor, y la madre defendió la tesis del accidente. La madre fue detenida de forma preventiva. Y empezó una investigación que ha demostrado el calvario de Beatrice.

Sus hermanas, una vez más, demostraron tener valentía. Solo meses después, en un centro protegido, lejos de su madre, revelarán lo que vieron. Lo que realmente pasó. El horror del día a día en una casa donde la violencia, la suciedad, la degradación y el abandono eran la norma.

La madre había sido detenida al producirse la muerte confirmada de la pequeña, pero ahora, la confesión de sus hijas podrá hacer que Manuela se enfrente a más pena al añadirse al homicidio involuntario, los cargos de abuso infantil agravado. Todo será poco. En cuanto a su expareja, también detenido, deberá explicar por qué tenía en la casa donde se encontraba -la de su padre- al ser arrestado, dos kilos de TNT guardados.

La orden judicial habla de "métodos atroces", de la "intensidad salvaje" de las palizas y de una "negligencia despiadada en prestar auxilio". Algunas de las conductas denunciadas se describen como "abominables" e indicativas de una "crueldad intrínseca".