Violencia de género

Laura, asesinada en Llanes, Asturias, declaró hace poco ante VioGén que estaba segura, aunque ya había advertido a sus amigas: "Hasta que me mate no va a parar"

El duelo del cuartel de la Guardia Civil de Llanes donde la agente Laura Cruz fue asesinada por su exmarido, condenado por violencia de género. EFE
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AsturiasLa localidad asturiana de Llanes permanece sumida en el luto y la conmoción por el asesinato de Laura Cruz, agente de la Guardia Civil y madre un joven de 18 años y dos gemelas de 13. Fue su exmarido, también efectivo del Instituto Armado, –aunque acababa de recibir un expediente interno para su expulsión–, quien la asesinó tras irrumpir en el cuartel. Llegó desde Zamora, donde estaba destinado, para expresamente acabar con su vida, lo que logró tras robar el arma a un compañero y colarse en las dependencias de la Benemérita.

Con una condena firme por violencia de género, su orden de alejamiento había expirado en diciembre de 2025. Hacía poco, la víctima había declarado ante VioGén que estaba segura y hacía tiempo que no sabía de su asesino, pero a sus amigas les había advertido sobre su expareja, que estaba obsesionada con ella: “Hasta que no me mate no va a parar”.

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La frase hoy resuena desgarrando a todos los que la conocían, mientras en la zona se preguntan cómo el agente Dámaso, oriundo de Galicia y de 49 años, con una condena por violencia de género contra ella desde 2019, pudo llegar desde Zamora e irrumpir allí, en pleno cuartel de la Guardia Civil, con Laura rodeada de compañeros, y dispararla a quemarropa en su oficina en Llanes asesinándola en el acto.

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Además, no era la primera vez que hacía una incursión en el cuartel. A los precedentes que llevaron a su condena firme se unían, pese a las órdenes dictadas contra él, al menos otras dos ocasiones en las que trató de llegar hasta ella. En la primera, Laura avisó a sus compañeros y encontraron una pistola en el maletero de su vehículo, pese a que se le había retirado el arma reglamentaria. En la segunda, dos años atrás, consiguió alcanzarla y le propinó un puñetazo en la cara que requirió asistencia sanitaria.

La última vez fue el miércoles 5 de agosto, día en que Dámaso abrió fuego contra ella, matándola en el lugar antes de herir también de gravedad al teniente que acudió para intentar socorrerla. Después, cuando trataba de marcharse por el mismo lugar por el que había entrado, y tras un tiroteo contra otros agentes, fue finalmente abatido en el garaje del cuartel, muriendo en una ambulancia.

Con la localidad en shock y los vecinos alertados por los disparos que habían escuchado, ahora entre el dolor emerge también la incredulidad y el pesar, con muchos preguntándose cómo este nuevo crimen machista tampoco se ha evitado.

“Hasta que no mate no va a parar. Lo decía en serio y todos sabíamos que lo decía en serio”, recuerda hoy Marisa Elviro, exconcejala de Llanes, en declaraciones recogidas por La Nueva España, reflejando el lamento de quienes la conocían y sabían de su situación: “No hemos sabido, no hemos podido, no sé en qué punto hemos fallado como sociedad para que esto siga pasando”, ha lamentado, denunciando que “a ella nadie la cuidó”.