Xur, el perro que fue leal hasta el fin: su pin fue vital para descubrir al asesino de su dueño en el crimen de Yesa

Xur, el perro que fue leal hasta el fin: su pin fue vital para descubrir al asesino de su dueño en el crimen de Yesa. Guardia Civil
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El pasado 4 de agosto, el cuerpo un ciudadano francés de 60 años, apareció descuartizado -se encontraron una cabeza y alguna extremidad,- y esparcido por el embalse de Yesa, en término de Sigüés (Zaragoza).

El 7 de agosto, a 40 kilómetros del embalse de Yesa, donde aparecieron los restos, dos jóvenes policías municipales de Beriáin (Navarra) recibieron una llamada que alertaba de que un perro andaba deambulando por los alrededores de la Balsa de Morea. Era un pastor alsaciano, "tal dócil como bueno", señalan los agentes al diario El País.

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Los policías comprobaron que tenía chip y que estaba a nombre de un hombre y una mujer. Pudieron contactar con la mujer. Le comunicaron que el perro estaba perdido y ella se extrañó porque estaba bajo el cuidado de su expareja, un ciudadano francés llamado Pascal.

Les dio su dirección y con ella una pista clave para desentrañar el crimen de Yesa, la de ese hombre de 60 años encontrado desmembrado. Los investigadores la denominaron la pista de 'Xur'. Porque la fidelidad del perro con su dueño, y su duelo, fueron vitales para encontrar a su asesino. Porque Xur estaba allí, esperando a su dueño. No en vano, en la dirección aportada por la mujer se encontraba el compañero de piso de Pascal.

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Los investigadores se encontraron en la casa a un hombre junto a la ropa mojada, un neopreno y zapatos embarrados que daba respuestas incoherentes sobre Pascal con un nerviosismo elevado. Los investigadores comprobaron que la convivencia entre el asesinado y su presunto asesino en el domicilio era cuando menos convulsa, con denuncias cruzadas que ambos habían presentado previamente, con múltiples enfrentamientos e intervenciones policiales en la vivienda. El hombre fue detenido.

El análisis del teléfono móvil del detenido reveló más datos claves como búsquedas relacionadas con el seccionamiento de carne mediante herramientas cortantes, el estrangulamiento con bridas y el crimen de Edwin Arrieta y la posterior detención de Daniel Sancho en Tailandia.

La inspección de la vivienda, autorizada por un juez, permitió encontrar restos de sangre en el techo y en una pared. La manera de limpiar el cuarto de baño, más limpio que el resto de la casa también llamó la atención de los investigadores, que volvieron a recordar el crimen de Daniel Sancho. El hombre había imitado su modus operandi.

El sospechoso, tras el atestado policial, acabó reconociendo los hechos ante el juez, que decidió su ingreso en prisión provisional en Zuera (Zaragoza). El acusado, vecino de Pamplona, se enfrenta a los delitos de asesinato, profanación y ocultación de cadáver, sabotaje de equipos informáticos y abandono de animales.

Pero todo se precipitó gracias al amor de un perro, Xur, por su amo, al que fue leal hasta el fin.