El novio de Ana Buza, acusado de su muerte, dice que se tiró del coche: sus amigas, que la relación era tóxica

El novio de Ana Buza dice que ella se tiro del coche tras discutir con su padre
El novio de Ana Buza, acusado de su muerte, dice ahora que se tiró del coche. Europa Press
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El caso de Ana Buza sigue siendo complejo. La Fiscalía pide una condena al que entonces era novio de la joven por un delito de homicidio imprudente; la de la familia de ella, que acusa a quien era su pareja de asesinato y, subsidariamente de homicidio doloso, reclama 20 años de cárcel al considerar que él la atropelló con el coche en el que viajaban en aquel momento; y la de la defensa del acusado, que pide la absolución. En medio una investigación de la Guardia Civil puesta en duda por la familia de la joven, con muchas lagunas.

En el juicio ha hablado Rafael, el acusado. Ese día, según su testimonio, Ana la joven de 19 años "se tiró del coche" mientras circulaba junto a su entonces pareja por el tramo de la autovía A-4 que atraviesa Carmona (Sevilla). ¿La razón de esta reacción? Rafael señala al padre de la joven, que también tenía un ánimo inestable. Ese día, según Rafal, la joven había discutido con su padre, con quien mantenía una "mala" relación.

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No es esa la versión de la familia que señala que horas antes de su muerte, Ana le había confesado a su padre que su relación con Rafael no era sana, describiendo a su novio como "celoso, manipulador y violento". La tesis de la familia, avalada ahora por la Audiencia, sostiene que el coche se detuvo en la A-4, Ana bajó para huir a pie hacia Carmona y su pareja la persiguió con el vehículo hasta arrollarla.

La acusación particular intentará demostrar que el acusado borró su teléfono móvil meses después del suceso y que el terminal de Ana, que él mismo manipuló, fue hallado por su padre 19 días después en el lugar de los hechos porque nadie lo buscó antes.

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Rafael, durante su comparecencia este martes en el marco del juicio con jurado popular que estos días acoge la Audiencia Provincial de Sevilla, mantiene otra versión. El que ponía en dificulades a su hija era su padre y ella misma se quitó la vida tras una discusión con él. Rafael ha calificado su relación de algo más de un año como "sana", o al menos "normal", con discusiones propias de este tipo de enlaces que, principalmente, se producían al intentar este "mediar" entre padre e hija.

En la misma sesión han comparecido el médico de la familia, la orientadora escolar que atendía a Ana, quien ha asegurado que tenía "un perfil cero depresivo" y que tenía miedo de Rafael, al que además pagaba gastos, y una compañera de clase del Grado en Filosofía que cursaba en la capital hispalense, quien ha dicho haber sido testigo de la "tóxica" relación que la chica tenía con el encausado, que habría llegado a "intimidar" a los compañeros que querían mantener una conversación con Ana.

Rafael señala a la mala relación de Ana con su padre

A preguntas del Ministerio Público y su defensa, Rafael ha mencionado que la mañana del día de los hechos Ana le contó que había tenido una "discusión" con su padre por cuestiones económicas y cierto comportamiento "exigente" por parte del progenitor. "No creo que sea un mal padre, quiero que quede claro, pero creo que tenían una mala relación. Él le exigía mucho, con sus notas. Siempre parecía insuficiente".

Tras intentar este chico "mediar" en la discusión, Ana mostró una posición "distante", llegando incluso a negarle la palabra. Después, prosigue el investigado, le pidió que la llevase de vuelta a Sevilla, pese a que inicialmente planeaban pernoctar en la casa de los padres de él en Lora del Río.

Rafael pasa de que se cruzaron con un animal a que ella se tiró del coche

Entonces, mientras ella "se encontraba en el asiento trasero" y "en silencio" debido precisamente a este disgusto, en un momento determinado durante el viaje Rafael escuchó una "bocanada de aire", tras lo que solo pudo girarse y estirar su brazo en un intento de alcanzar a la chica mientras "veía su cuerpo caer del coche".

Preguntado por las otras versiones que llegó a ofrecer ante la Guardia Civil en los primeros minutos tras lo sucedido, esto es que se había cruzado un animal y había dado un "volantazo", el chico ha asegurado que se encontraba "en 'shock'", "ido" y "sin querer creer lo que había sucedido".

Rafael ha descrito a Ana como una chica "inestable", con "picos" en su estado de ánimo en los que alternaba "mucha tristeza o mucha felicidad", sin realmente encontrar causas que justificasen esta intensidad. Es más, ha mencionado que la chica llegó a comentar haber llevado a cabo conductas suicidas con anterioridad y precisar "ayuda psicológica".

Tras la muerte de Ana, mantuvo una relación "muy buena" con Antonio Buza, pues hablaban de forma "frecuente" a través de correos electrónicos o mensajes SMS, llegando incluso este hombre a comprarle a Rafael un coche por "todo lo que había sufrido" y como una forma de acercase a su hija, algo que ya comentó el padre de la joven, quien no obstante declaró haberse sentido "manipulado" por el encausado.

Rafael ha lamentado haber sido víctima de "barbaridades públicas" pronunciadas contra su persona, así como contra su familia y actual pareja.

Ha reseñado que la versión de la familia, que sostiene que este varón atropelló a su hija como "culmen" a la violencia de género que sufría, es "mentira". Además, ha ligado este hecho a su negativa a responder a preguntas de la acusación particular, para evitar así "participar en su estrategia", que ha calificado como un intento de "imponer una mentira".

Su compañera de clase: "Ana tenía un problema, su novio"

En la Sala ha comparecido en calidad de testigo una compañera de clase de Ana, quien ha relatado que era una chica "inteligente y entusiasta", pese a tener una relación sentimental que despertaba en esta mujer cierta "preocupación". "Era inevitable no saber quién era Rafael, porque la esperaba siempre a que saliese de clase. Se quedaba en los pasillos mientras se impartían las sesiones. Era tremendo", ha apostillado.

Es más, ha indicado que, si un compañero intentaba hablar con Ana, Rafael se situaba tras la misma "de brazos cruzados, llegando a intimidar a quien intentaba acercarse a ella hasta que se alejaban".

"Ana tenía un problema, sí. Pero no era nada relacionado con pensamientos suicidas, era su novio, una relación tóxica que estaba a la vista de todo el mundo", ha referido. A juicio de esta testigo, se trataba de una relación "asfixiante" que limitaba la vida de Ana.

La orientadora escolar dice que "Ana tenía miedo de Rafael"

Por su parte, la orientadora escolar que atenía a Ana a petición de la familia y en aras de "regular" sus posibles nervios durante una etapa escolar tan "delicada" como son los dos cursos de Bachillerato, ha asegurado que se trataba de una joven "inteligente, crítica y con valores" a la que "no le asustaba" decir "lo que no quería".

Tanto es así, según esta versión, que en el último correo dirigido a esta profesional, fechado cuatro días antes de los hechos acontecidos, Ana refirió que sentía "miedo" hacia Rafael, que había alcanzado un "punto de inflexión" tras una discusión y que temía llegar a tener hijos en un futuro con este hombre, que pretendía "encerrarla en una jaula".

"Ana pagaba gastos de Rafael y sufría sus ataques de celos"

"Que dejase constancia de eso en el correo significa que era una joven que sabía buscar ayuda", ha descrito la profesional, misma vez que ha aludido a la vida "caótica" que Rafael obliga a llevar a Ana, a los "problemas de dinero" que preocupaban a la joven porque se hacía cargo de pagos de su pareja que "no le correspondían" y "ataques de celos" que "machacaban" a la joven.

Sobre algunas afirmaciones vertidas en el diario de Ana, examinado durante el procedimiento, en las que afirmaba tener "depresión", la profesional ha restado importancia a estas alusiones, incidiendo en que son "tonterías de adolescentes" que no mantienen "correlación con la conducta de Ana", dado que ella era una joven "guapa, moderna, que salía con sus amigas".

Juicio por la muerte de Ana Buza

Una investigación en el punto de mira

El camino hasta este banquillo ha sido, en palabras de fuentes cercanas a la familia, un proceso "extremadamente duro" en el que se han sentido desprotegidos por el sistema. El auto judicial no solo apunta al acusado, sino que lanza una crítica a la actuación de la Policía Judicial y la Guardia Civil, calificándola de "inexistente".

Según denuncia la familia, el día del suceso los agentes creyeron ciegamente la versión del novio, quien afirmó que Ana se lanzó voluntariamente del coche. "Crearon una presunción de suicidio sin investigar nada", lamentan las mismas fuentes. Entre las negligencias que ahora salen a la luz, destacan la pérdida de imágenes de cámaras de videovigilancia que se borraron a los 13 días, la falta de identificación de testigos presenciales (que se identificaron a los cuatro años) y la destrucción de información clave en el ordenador de la víctima por una manipulación incorrecta de la Policía Judicial de Montequinto.

Para demostrarlo, la familia ha tenido que costear de su bolsillo un ejército de expertos, entre los que hay forenses, ingenieros industriales, policía judiciales o guardias civiles en excedencia, catedráticos de aerodinámica o detectives tecnológicos. "Este auto es un premio al enorme esfuerzo por encontrar pruebas científicas donde el sistema nos dejó solos", explican desde el entorno de la víctima.

Peritos y expertos forenses no se ponen de acuerdo

Los médicos del Instituto de Medicina Legal de Sevilla, Joaquín Lucena y Antonio Rico, han defendido durante el juicio la hipótesis de un “suicidio impulsivo”. Según su reconstrucción, Ana abandonó el vehículo en marcha, “apoyó” el pie derecho y se proyectó contra el quitamiedos. Ambos sostienen que las lesiones encajan con esa secuencia y subrayan que “no hay lesiones costales, no hay fracturas de cráneo”, por lo que, a su juicio, “no hay ninguna lesión que nos indique que sea un atropello”.

Frente a la tesis del lanzamiento, los forenses de la acusación particular, Eduardo Hidalgo Salvador y Antonio Hernando, han cuestionado que una caída desde un vehículo a esa velocidad pudiera producirse sin lesiones craneales. “La causa de la muerte es la que ha explicado el doctor Rico”, reconoció Hernando, aunque rechazó la explicación del suicidio. “En un lanzamiento debe haber fractura craneal”, insistieron ambos especialistas. Su hipótesis es que Ana fue comprimida contra el quitamiedos por el vehículo en un “atropello atípico”. Según defendieron, la fractura de ambos fémures en la misma zona solo puede explicarse por un aplastamiento.

El investigado se enfrenta una petición fiscal de tres años de cárcel por un delito de homicidio imprudente. La familia de Ana Buza pide 20 años, al entender que los hechos responden a un delito de asesinato o de homicidio doloso de forma subsidiaria.