La lección de vida de Nada Itrab, la catalana que perdonó al hombre que la secuestró y violó con 9 años: "Lo hago por mí"
Nada Itrab, que fue secuestrada durante 7 meses en la selva boliviana, ha escrito un libro sobre el peor episodio de su vida
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"Yo soy Nada" es el título que Nada Itrab, la joven marroquí que vivía en el barrio de La Florida de Barcelona, ha elegido para ilustrar su primer libro. Una obra en la que narra, desde la perspectiva que le ha dado el tiempo, cómo se desarrolló su secuestro cuando tenía tan solo nueve años, por parte del que fuera su "encantador vecino", de unos 35, al que ella conoció como Raúl.
Nada, que, al contrario que en castellano, en marroquí, significa "esperanza", ha visitado recientemente el podcast Roca Project, para contar, con un relato extraordinariamente maduro, cómo aquel hombre, cuyo nombre real era Grover Morales, llegó como un ángel al marginal barrio de la Florida y ayudó a su familia, convenciendo a sus padres para que le dejasen llevarse a la niña a Bolivia.
Para entender cómo unos padres pueden permitir que su hija menor se fuera con un hombre, relativamente desconocido, al otro lado del mundo, ella describe al detalle el contexto en el que se encontraban: desde el analfabetismo de sus progenitores (que, en realidad, no sabían dónde estaba Bolivia), pasando por las condiciones infrahumanas en las que vivían: "Había veces que yo tenía que ir a buscar a agua al cementerio. Vivíamos en la pobreza extrema. Y hubo días que comimos solo gracias a Grover", explica Nada en la entrevista, en medio de la duda de si sus padres la "vendieron" o fueron tan engañados como ella.
"Me violó todas las noches durante 7 meses"
Las agresiones sexuales, enmascaradas con juegos infantiles, comenzaron en Barcelona, aunque ella, como niña que era, no sabía todavía identificar lo que era un abuso, lo que era una juego y lo que no. Se hicieron evidentes una vez que Grover se la llevó a Bolivia, le rompió su documentación y la ofreció como mano de obra de una familia que vivía en la selva y que presenciaba, sin auxiliarla, las violaciones a las que sometía a Nada todas y cada una de las noches de los siete meses que estuvo secuestrada.
Con la complicidad de su madre, Grover, que pertenecía a una secta llamada la Iglesia Evangélica de la Misión Israelita, también obligó a la niña a casarse con él pues, aquel que contrajera matrimonio con una menor de diez años, se convertía automáticamente en el líder del movimiento. En la selva profunda, donde nadie hablaba su idioma, Nada tenía que trabajar y proporcionarse su propia comida, saliendo al bosque siempre con un machete en la mano, para evitar que las serpientes le mordieran las piernas. U otras cosas peores.
"Perdonarle es un acto de amor hacia mí"
Solo encontraba consuelo en una libreta que había logrado conservar tras su secuestro y con la que soñaba con volver a la escuela: "Lo único que yo quería era volver a la escuela. Sentada junto a un árbol, pensaba, esto pasará y podré volver al colegio pues, teniendo en cuenta que en mi casa no me hacían caso, era donde yo me sentía más valorada", dijo también en el podcast, donde explicó que, a los siete meses, y gracias a la cooperación internacional, fue rescatada en medio del Amazonas.
"Yo soy Nada" le dijo al agente que preguntaba a gritos por ella - y de ahí el título del libro - pensando que su calvario había terminado. Sin embargo, al volver a Cataluña, se sintió tan abandonada por el sistema, que intentó suicidarse varias veces: "Una vez, tenía un chuchillo en la mano. Gracias al islam, entendí que había un futuro muy grande esperándome, algo importante con lo que podía callar mis pensamientos y dejar de preguntarme por qué a mí. Devolví el cuchillo a su sitio y ahora estoy aquí", confesó, llorando, en la entrevista.
Hace unos meses, Nada se enteró de que su secuestrador, al que condenaron 17 años de cárcel, fue asesinado en prisión. Algo que, para ella, "no es un alivio emocional" porque, en un ejercicio de sabiduría, ya le "perdonó" hace tiempo:
"Si no hay perdón, eso es un veneno para tu corazón. Ese veneno es el rencor, si tú no te deshaces de él, te va a consumir y el rencor se va a convertir en odio, se va volver en malas actitudes contra los demás y te va a consumir por completo hasta llegar, incluso, a que te vuelvas una persona tan mala como aquel que te ha hecho daño. Yo, después de todo lo que he pasado, lo mínimo que me merezco es estar libre de odio. Le perdono porque es un acto de amor hacia mí", concluyó Nada, confirmado que sí, que ella está llena de esperanza.