El portero declara en el juicio por el crimen del canónigo de Valencia: "La víctima traía a chicos vulnerables a cambio de sexo"

Ciudad de la Justicia de Valencia. Europapress
  • Los encerraba con llave cuando él salía y, al parecer, era frecuente que hubiera conflictos

  • El fiscal solicita para el acusado 28 años de cárcel por asesinato, aunque podría haber otra persona sin identificar implicada

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ValenciaEl portero de la finca en la que vivía el canónigo de la Catedral de València asesinado en enero de 2024 ha testificado este lunes en la primera jornada del juicio que está teniendo lugar en la Audiencia de Valencia. La vista oral se prologará durante siete días, hasta el próximo 3 de febrero. El presunto asesino ha pedido declarar al final del juicio.

El portero, quien encontró el cadáver, ha testificado que recuerda haberse cruzado con el principal acusado, Miguel, "dos o tres veces como máximo", la última en junio o julio del año anterior, y no le despertó "sospecha de nada malo".

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Además, ha confirmado que la víctima, Alfonso, de 79 años, se llevaba a chicos "muy vulnerables" a su piso a cambio de sexo. Los encerraba con llave cuando él salía. Al parecer, era frecuente que hubiera conflictos. "Era asqueroso", ha señalado.

La versión del portero

El día de los hechos abrió la portería a las 9.00 horas, como de costumbre, y le llegó un mensaje del canónigo diciéndole que se iba a ausentar hasta el fin de semana. Le generó algo de duda, pero teniendo en cuenta que poseía un apartamento en la playa de El Perelló, lo consideró algo normal.

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Sobre las 11.15 se personó un amigo de Alfonso - "decía que eran como hermanos"--preocupado porque habían quedado para "una cosa importante" y no le cogía el móvil. Subieron y, tras no recibir respuesta, el portero abrió con la copia de las llaves que tenía. Al girar la llave la puerta no estaba cerrada. Entró y vio al canónigo en el dormitorio tumbado boca arriba y la cama "revuelta, usada".

"Vi que estaba muerto, como una especie de momia con la boca abierta, salí chillando en un estado de nervios muy grande", ha recordado. En ese momento, le entró un segundo mensaje desde el móvil de Alfonso preguntándole si estaba todo bien. Comenzaron a gritar y no recuerda si avisaron al 112 o a la Policía.

Encerraba a los jóvenes

El portero ha confirmado que era "muy frecuente" que subieran chicos a su piso, en algunas etapas "muchos", pero cuando el canónigo percibió que "los vecinos comenzaban a darse cuenta de que ocurría algo extraño", les citaba fuera del horario de portería.

Eran personas "muy necesitadas, que aparcaban coches, incluso a algunos físicamente se les veía que tenían adicción a alguna droga, todos mayores de edad". Alfonso iba a buscarlos a la estación de autobuses o a la calle Bailén.

Tenía un carácter "complicado". "Yo porque sabía torearlo a pesar del asco que me daba a mí por lo que estaba haciendo, pero los vecinos estaban hartos", ha constatado el portero. "Depende del carácter de esos chicos la cosa acababa de una manera o de otra", ha apuntado. El cura tenía "una persona de confianza que cuando había problemas con los chicos iba a amedrentarlos".

A los chicos con los que pasaba la noche los encerraba si se iba a algún sitio. "Al principio me decía que si hacían algo que le avisara porque tenía dinero y tenía miedo de que se llevaran algo, pero yo le contesté que no era mis funciones y que no me parecía correcto", ha señalado el portero.

Concertaba sexo oral por dinero

Ha contado diversos incidentes que presenció. Un chico de color que bajó del piso diciendo que le había tocado el culo y que le iba denunciar, que "no podía ser que un sacerdote hiciera eso". Otro insistía en hablar con Alfonso porque había concertado sexo oral por 60 euros y solo le pagó 40 y "tenía una necesidad imperiosa de conseguir ese dinero, con una actitud de desesperación".

Otra vecina escuchó a la víctima hablar con un chico: "le estaba diciendo que si se la chupaba le daría dinero". Según el portero, no era algo nuevo. Una vecina del anterior inmueble en el que residía ya les avisó: "Que se preparen los vecinos porque lo que viene es muy fuerte. Es un sacerdote al que le gustan los chicos".

Dudas sobre el culpable o culpables

El principal acusado de este crimen, por asfixia, es Miguel, que conocía a la víctima porque tenían una relación de amistad desde hacía meses. El crimen se cometió entre la noche del domingo 21 de enero de 2024 y madrugada del lunes siguiente.

Según el relato del ministerio, el acusado, junto con otra persona no identificada, logró que el canónigo les franqueara la entrada. La persona que acompañaba al acusado, aprovechando que conocía donde el canónigo guardaba su dinero, lo tiró en la cama, le tapó la boca y le apretó el cuello hasta acabar con su vida.

Se apoderó de su móvil, de dos tarjetas y se las dio al acusado, que las utilizó para disponer de efectivo de varios cajeros automáticos usando la clave de su víctima, que conocía o averiguó.

Según la defensa, el acusado no accedió esa noche a la vivienda. Fue la otra persona sin identificar quien le hizo entrega de las tarjetas y un móvil, proponiéndole repartirse el dinero. En ese momento no sabía que el canónigo estaba muerto. Defiende que no hay imágenes en las cámaras de seguridad y que ningún testigo le vio entrar o salir.

Qué penas se pide

El ministerio fiscal solicita para el acusado un total de 28 años de cárcel por asesinato --que considera que cometió de acuerdo con una persona no identificada--; robo con violencia de sus tarjetas y por estafa continuada. Según el fiscal: "No sostengo que él le apretara el cuello pero sí que estuvo allí, tuvo una participación directa, eficaz y decisiva en los hechos".

Por contra, la defensa niega el delito de asesinato por parte de Miguel. De hecho, no se encontró ninguna huella suya ni rastro de su ADN. Hay ADN de un varón desconocido y siete huellas dactilares.

Solo reconoce el delito de estafa por el uso de las tarjetas, por el que pide un año de cárcel, y por el que reclama indemnizar a la familia de la víctima en la cantidad de 1.452,16 euros (2.327,16 euros defraudados menos 875 euros ya recuperados).

El abogado ha cuestionado la investigación policial: "No encontraron nada en cuatro registros" y cerraron la investigación "en falso", ha expuesto. Ha señalado que lo que "más duele es que el verdadero responsable está en la calle y no se ha hecho esfuerzo en encontrarlo".