Vicente Esteve, horticultor y propietario de un vivero local, sufre pérdidas de más de 10.000 euros tras abrasarse su nave y maquinaria
Las devastadoras imágenes grabadas por un piloto de helicóptero del paisaje de Vall d'Uixó arrasado por el fuego
Una semana después del inicio del incendio de la Vall d'Uixó, los vecinos desalojados llevan días volviendo a una rutina, nublada por el humo. Más allá de las casi 10.000 hectáreas arrasadas, el paso del fuego ha golpeado a la economía local, dejando pequeños negocios familiares, reducidos en cenizas. "Nunca en la vida pensé que desde las montañas el fuego llegaría hasta aquí", relata con la conmoción aún a flor de piel Vicente Esteve, horticultor de La Vilavella y propietario de uno de los viveros del municipio.
El pasado sábado 24 de julio, Vicente intentó prepararse para lo peor: dejó un extintor a mano, guardó todos los materiales inflamables y preparó dos motobombas por si era necesario sofocar cualquier brote en su finca. Sin embargo, la rapidez del incendio desbordó toda previsión. Un efectivo de los bomberos forestales tuvo que desalojarle a él y a su hijo, siendo trasladados de inmediato al polideportivo de Nules.
Un patrimonio familiar arrasado

Cuando el fuego se alejó, los vecinos de la Vilavella fueron de los primeros municipios en volver a sus casas. Pero para muchos, la imagen al regresar fue desoladora. Vicente, relata cómo la puerta de la nave agrícola quedó soldada, impidiendo incluso el acceso al interior. En el recinto se podía observar maquinaria de sembrar, tanques de agua, herramientas manuales de agricultura destrozadas, una mula de trabajo y equipos específicos cubiertos de gris y negro.
Vicente calcula aproximadamente 10.000 euros en pérdidas directas, a los que se suma la pérdida de los alimentos listos para distribución comercial. Alrededor de 400 kilos de ajos que ya estaban a punto para su venta en los mercados locales quedaron calcinados, junto a una inestimable variedad de simientes y granos acumulados tras años de trabajo. Incluso las plantas que lograron esquivar el contacto directo del fuego terminaron muriendo abrasadas horas después, pues el sistema de riego colapsó.
Imposible empezar de cero
Para este pequeño vivero, compuesto por tan solo dos o tres trabajadores, el golpe no solo es económico; sino que pierden el legado familiar que les sustentaba. "Empezar de cero no es una opción", explica con tristeza Vicente. La empresa familiar sostenía el esfuerzo de tres generaciones seguidas de agricultores. Levantar de nuevo la infraestructura exige un capital inalcanzable y unos plazos de reconstrucción que no se pueden permitir.
Actualmente, el negocio evalúa qué coberturas puede rescatar del seguro o si existirá algún fondo extraordinario por el desastre natural. La situación de los trabajadores autónomos en estos escenarios es difícil, pues si la administración no aprueba decretos especiales de emergencia por el incendio, no existe derecho a prestación por desempleo. "Arreglamos papeles a la espera de alguna solución concreta", explica. No obstante, Vicente deja claro aunque no pueda salvar su negocio, seguirá trabajando en lo que ha sido su vida, el campo.
Las dificultades burocráticas
Vicente apela directamente a la gestión pública de este tipo de catástrofes, pues exige menos burocracia. Ante la incertidumbre de las ayudas oficiales, explica: "No pedimos ayudas a los políticos, pedimos volver a trabajar. Es nuestra forma de vivir."
La historia de la familia Esteve es solo una de las mil que reflejan los municipios afectados por el fuego en Castellón, que intentan resurgir como buenos valencianos, poco a poco de las cenizas.
