Toreros

Morante de la Puebla y Elisabeth Garrido se divorcian tras más de 15 años y dos hijas en común: atravesaban una "crisis de pareja"

Morante de la Puebla y Elisabeth Garrido, en una imagen de archivo. Cordon Press
Compartir

La separación de Morante de la Puebla y Elisabeth Garrido ha sacudido el mundo taurino y social. Después de más de 15 años de matrimonio y dos hijas en común, el torero sevillano y quien ha sido durante casi dos décadas su gran apoyo personal han decidido poner fin a su relación.

La noticia, que todavía no ha sido confirmada por los dos protagonistas, la ha adelantado el periodista taurino Vicente Zabala de la Serna en su último libro, 'Memoria de Morante. El adiós y el regreso de un genio herido', donde desvela algunos de los momentos más duros y desconocidos de la vida personal del diestro.

PUEDE INTERESARTE

Según se explica en la obra, el divorcio se firmó de manera discreta a finales de 2025, en el mes de octubre, coincidiendo además con uno de los periodos más convulsos emocionalmente para el torero. La ruptura se llevó con absoluto hermetismo y no había trascendido públicamente hasta ahora.

PUEDE INTERESARTE

"Morante ha regresado a La Puebla para resolver algunos asuntos personales delicados. Una segunda separación matrimonial que, por ser parte de su estricta intimidad, no puede serlo de estas páginas. El maestro se ha divorciado de Elisabeth Garrido, con quien tiene dos niñas", cuenta. 

Dentro del entorno taurino su divorcio habría sido ya un secreto a voces, y Zabala de la Serna relata que el final del matrimonio supuso otro golpe emocional para el torero, cuya salud mental lleva años siendo una de sus grandes batallas personales. "La crisis de pareja ha pesado también en su ánimo", añade.

El libro de De la Serna deja entrever que los problemas del torero y la presión mediática terminaron pasando factura a la convivencia. A ello se suman también los cambios radicales que ha vivido Morante en los últimos años: la retirada de los ruedos, su regreso posterior, las cornadas que ha sufrido y supermanente montaña rusa emocional que afectaba también a su entorno más cercano.

La próxima vez que Morante se dejará ver será el próximo 31 de mayo en Aranjuez, en la corrida de San Fernando junto a Andrés Roca Rey y Pablo Aguado.

Su historia de amor

Ambos se conocían desde niños en La Puebla del Río, el municipio sevillano donde nació el torero y donde Elisabeth siempre ha mantenido fuertes raíces familiares. Sin embargo, su historia de amor no comenzó hasta después del divorcio de Morante con Cynthia Antúnez, su primera esposa y madre de su hijo mayor, José Antonio. Aquella ruptura en 2008 dejó muy tocado al diestro, que atravesaba además algunos de los episodios más duros de sus problemas psicológicos.

Fue entonces cuando Elisabeth reapareció en su vida. El torero encontró en ella estabilidad, calma y una figura de apoyo. En noviembre de 2010 se casaron por lo civil en la Hacienda Los Ángeles de Alcalá de Guadaíra, en una ceremonia íntima con apenas 150 invitados.

Elisabeth llegó incluso embarazada de tres meses de la primera hija de la pareja, María. Años después nacería Lola, completando así una familia que durante mucho tiempo fue considerada una de las más sólidas y discretas del panorama taurino.

Elisabeth Garrido ha sido fundamental en la vida de Morante, sobre todo durante sus peores crisis de salud mental. El diestro ha hablado en varias ocasiones de sus problemas, de la depresión, de la ansiedad y del trastorno disociativo que padece desde hace décadas. Ella era considerada el auténtico sostén emocional del torero. Siempre discreta, sin apenas presencia pública ni redes sociales, se convirtió en una figura muy respetada dentro del mundo taurino.

Era habitual verla acompañando a Morante en plazas importantes, aunque siempre manteniendo un perfil bajísimo.

Su vida familiar

Durante años, la pareja construyó una vida tranquila entre el campo, la familia y la pasión taurina. Residían en la finca Huerta de San Antonio, situada en La Puebla del Río, un enclave privado junto al Guadalquivir donde Morante encontraba refugio lejos de la presión mediática y profesional.

La propiedad dispone de tentadero, amplios terrenos e instalaciones deportivas, y se convirtió en el auténtico centro de la vida familiar.

Además, ambos gestionaban negocios vinculados a la hostelería local, como el conocido bar 'La Capilla', muy popular entre aficionados taurinos y vecinos del municipio.

La familia también pasaba largas temporadas en Matalascañas, donde adquirieron un chalet frente al mar en la playa de La Higuerita.