La incógnita de la millonaria herencia del rey Harald de Noruega: dos de sus propiedades quedan en manos de un dueño anónimo
Más de dos meses después de la muerte del soberano noruego, la familia real se enfrenta ahora a la organización de su patrimonio
Muere el rey Harald de Noruega a los 89 años: su caótica vida marcada por el exilio, los problemas de salud y su defensa de la diversidad
La muerte del rey Harald de Noruega el pasado 28 de agosto a los 89 años ha dejado un asunto que todavía sigue sin resolverse. Mientras su hijo, Haakon VIII, ha asumido el trono y comienza una nueva etapa al frente de la monarquía noruega, la familia se enfrenta ahora a la organización del patrimonio que ha dejado el monarca. Una herencia que podría alcanzar los 400 millones de coronas noruegas y que incluye algunas de las propiedades más exclusivas y emblemáticas de la familia real.
Ahora, ha salido a la luz que dos de las residencias privadas que pertenecían a Harald y a la reina Sonia han cambiado de titularidad en los registros inmobiliarios. Sin embargo, el misterio es todavía mayor, porque no se ha hecho pública la identidad de las personas que figuran como nuevas propietarias.
Tampoco se ha aclarado qué parte del patrimonio recibirá cada uno de los miembros de la familia ni si el difunto monarca dejó un testamento con instrucciones concretas sobre el reparto de sus bienes. Una incógnita que no ha pasado desapercibida.
Las dos propiedades que han cambiado de manos
Las dos residencias que han protagonizado los últimos movimientos son Kongsseteren y Prinsehytta. Según la información adelantada por el diario noruego 'Nettavisen', ambas fueron inscritas a nombre de nuevos titulares el pasado 20 de octubre. Pero la Casa Real no ha querido desvelar quiénes están detrás de las operaciones.
Kongsseteren es una de las propiedades más representativas de la monarquía noruega. Situada en Voksenkollen, una zona de Oslo, fue un regalo de los ciudadanos a los nuevos soberanos, Haakon VII y la reina Maud, en 1905, cuando Noruega se separó de Suecia.
La residencia, rodeada de unos 70.000 metros cuadrados de terreno, ha sido durante generaciones uno de los refugios invernales de la familia real.
Allí han celebrado las Navidades y se han realizado algunas de sus tradicionales fotografías familiares. Su valor estimado ronda los 200 millones de coronas noruegas, aproximadamente 19 millones de euros.
La segunda propiedad es Prinsehytta, un complejo situado en el valle de Sikkilsdalen, en la región de Jotunheimen. Su historia se remonta a principios del siglo XX, cuando fue concebido como regalo para unos príncipes suecos.
En 1924, el príncipe heredero Olav recibió la residencia como obsequio por su mayoría de edad y, después, pasó a manos de su hijo Harald. El antiguo monarca y Sonia acostumbraban a disfrutar allí de las vacaciones de Pascua.
También era uno de los lugares donde Harald practicaba la caza, una de sus grandes aficiones. Su valoración se sitúa en torno a los 70 millones de coronas, unos siete millones de euros.
El hecho de que ambas propiedades hayan cambiado de titularidad ha alimentado las preguntas sobre quién las disfrutará a partir de ahora.
Mågerø, la residencia de verano valorada en 120 millones
La tercera gran propiedad que forma parte de este patrimonio es Mågerø, situada al sur de Tønsberg. A diferencia de las otras dos residencias, por el momento no ha trascendido ningún cambio de titularidad.
Se trata de la casa de verano que Harald y Sonia decidieron construir en 1992, después de vender Berget, una propiedad que pertenecía personalmente a la entonces princesa Sonia antes de su matrimonio.
La finca ocupa unos 88.000 metros cuadrados y, según los medios noruegos, su precio podría alcanzar los 120 millones de coronas noruegas, alrededor de 11 millones de euros.
Quiénes podrían recibir la herencia
La gran cuestión es cómo se distribuirán los bienes entre los familiares más cercanos del monarca: la reina Sonia y sus dos hijos, el actual rey Haakon y la princesa Marta Luisa.
El diario 'E24' ha explicado que el Palacio Real no respondió a sus preguntas sobre si Harald había dejado por escrito sus últimas voluntades.
La legislación noruega establece, con carácter general, que cuando una persona fallece dejando cónyuge e hijos, el viudo o la viuda tiene derecho a una cuarta parte de la herencia, mientras que los descendientes se reparten el resto, siempre teniendo en cuenta las particularidades legales y las posibles disposiciones testamentarias.
Aplicando ese reparto general, Sonia tendría derecho a un 25% y Haakon y Marta Luisa a un 37,5% cada uno. Sin embargo, se desconoce que se aplicara este método al patrimonio del antiguo rey.
Existe, además, otra posibilidad que podría retrasar el reparto definitivo. Que la reina Sonia opte por permanecer en lo que en Noruega se conoce como 'uskifte', una fórmula que permite al cónyuge superviviente mantener el patrimonio común sin realizar la división de la herencia con los descendientes. De producirse esta circunstancia, el reparto podría quedar aplazado.