Benarrabá, el pequeño pueblo de Málaga que ha encontrado vida gracias a los nómadas digitales

Dos nómadas digitales trabajan disfrutando de las vistas del municipio malagueño
Dos nómadas digitales trabajan disfrutando de las vistas del municipio malagueño. Redes Sociales
  • Benarrabá, un pequeño municipio malagueño de 510 habitantes, se ha convertido en destino de nómadas digitales de todo el mundo

  • Gracias al Centro de Innovación Social y Digital y a la implicación de los vecinos, los teletrabajadores participan en la vida del pueblo, generan actividad económica y fortalecen la comunidad, ofreciendo un modelo de revitalización rural para la España vaciada

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MálagaEn el corazón del Valle del Genal, rodeado de montañas y bosques que parecen respirar historia, Benarrabá ha encontrado una inesperada fuente de vitalidad. Con apenas 510 habitantes censados, este pequeño municipio de la Serranía de Ronda, en la provincia de Málaga, se ha convertido en un destino para nómadas digitales de todo el mundo, que llegan no solo en busca de trabajo remoto, sino de una experiencia completa de vida rural.

El proyecto que ha impulsado esta transformación gira en torno a un edificio histórico que ahora alberga el Centro de Innovación Social y Digital de Benarrabá. Se trata de un palacete del siglo XVIII, construido originalmente por Don Francisco Duarte y Velasco y donado al pueblo por los herederos de la familia Ortega Collado.

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Tras su rehabilitación, el centro se ha convertido en un espacio de coworking con fibra óptica, salas de trabajo y de reuniones, zonas de descanso y ocio, todo adaptado para que los visitantes puedan trabajar sin perder la conexión con el entorno natural. "Es la joya de toda esta iniciativa", explica Silvestre Barroso, alcalde de Benarrabá. "Tenemos todo lo necesario, no solo infraestructuras, sino viviendas, hoteles y casas rurales, y sobre todo la acogida de nuestros vecinos. Eso es lo que hace única esta experiencia".

Nómadas de todo el mundo que quieren conocer la vida en el pueblo

Solo en 2025, más de 70 nómadas digitales procedentes de 14 países distintos, desde Canadá y San Francisco hasta Tailandia y Dinamarca, han pasado por Benarrabá. La mayoría son mujeres de entre 30 y 40 años que buscan algo más que un espacio para trabajar. Todos quieren integrarse en la vida del municipio. "Ya tengo pueblo", han llegado a decir algunos al marcharse, emocionados por la cercanía de los vecinos y por la oportunidad de participar en las actividades locales, desde recoger aceitunas o pasear con caballos, hasta talleres con pensionistas o clases de español.

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Kristinka Lazar, artista participante en la iniciativa, resume esta convivencia en sus redes sociales: "En un pequeño pueblo andaluz, rodeado de montañas, pasé cinco semanas inolvidables pintando a los ancianos, capturando sus historias y viviendo con calma. Benarrabá me recordó lo poderoso que es bajar el ritmo y realmente vernos los unos a los otros". Sus retratos de los vecinos son hoy un recuerdo tangible de la interacción entre nativos y visitantes, y ejemplos de cómo los nómadas digitales no solo reciben, sino también aportan.

Kristinka Lazar, nómoda digital, regala retratos a los vecinos

El impacto económico de una iniciativa que ayuda a acabar con la "España vaciada"

El impacto económico es evidente, porque aquí cada visitante gasta de media 1.700 euros durante su estancia, beneficiando directamente a los bares, restaurantes, alojamientos y comercios del pueblo. Sin embargo, como subraya Barroso, "valoramos más el impacto social que el económico. Los vecinos ganan vida, y los visitantes aprenden lo que significa convivir en un pueblo pequeño. Todos ganamos".

Esta iniciativa también ha contribuido a mantener infraestructuras y servicios básicos, desde farmacias y colegios hasta espacios culturales, en un momento en que muchos pequeños municipios españoles luchan por sobrevivir.

Nómadas digitales y vecinos disfrutan de una entretenida sobremesa

Porque Benarrabá no es un caso aislado; forma parte de un movimiento que intenta revitalizar la llamada "España vaciada", regiones rurales que han visto reducir drásticamente su población en las últimas décadas. Municipios como este están demostrando que la llegada de nómadas digitales puede ser una oportunidad para recuperar vida y dinamismo, siempre que cuenten con infraestructuras adecuadas, conexión a internet de calidad y, sobre todo, una comunidad dispuesta a acoger a los visitantes.

La infraestructura y la conectividad del municipio han sido claves para el éxito del proyecto. La empresa que gestiona el programa ofrece cinco viviendas para estancias prolongadas, complementadas con hoteles y casas rurales, asegurando que cualquier visitante encuentre alojamiento durante su tiempo en el pueblo. Además, la fibra óptica llega a todo el municipio, garantizando que el trabajo remoto se pueda realizar sin interrupciones, sin que ello implique perder la tranquilidad y belleza del entorno natural.

Un entorno privilegiado

Benarrabá combina paisajes de ensueño con comodidad. Sus bosques de alcornoques y quejigos, los ríos Genal y Guadiaro, y las zonas de baño como Los Lobos o El Reventón, junto con miradores como el monte Porón o El Peñón, ofrecen un escenario perfecto para quienes buscan equilibrio entre naturaleza y vida cotidiana. La cercanía a la Costa del Sol, a apenas media hora, completa el atractivo para los nómadas digitales que quieren disfrutar de montaña, playa y cultura en un mismo lugar.

Además de la experiencia individual de los visitantes, el proyecto tiene un impacto tangible en la vida comunitaria. La interacción diaria entre vecinos y nómadas digitales ha generado nuevas formas de convivencia. Se imparten clases de español a los visitantes, los artistas contribuyen con talleres o retratos, y muchos participantes aplican sus conocimientos para mejorar aspectos concretos de la vida en el pueblo. "La clave está en la conexión con nuestros vecinos", afirma Barroso. "Ellos quieren saber cómo es un buenos día en un pueblo, tomar un café con alguien, participar en las actividades diarias, y eso es exactamente lo que ofrecemos”.

Un claro ejemplo de que pequeños pueblos pueden reinventarse sin perder su identidad. Benarrabá muestra cómo la España rural puede atraer talento, generar riqueza y, sobre todo, recuperar vida y comunidad. Cada nómada digital que pasa por aquí deja su huella, y cada vecino contribuye a que esa experiencia sea única.