Pablo, viajero habitual del tren accidentado en Urda: "A partir de ahora lo cogeré con un pellizco en el estómago"
Pablo vive en Sevilla y se encontraba en una reunión de trabajo en Madrid cuando se enteró del accidente mortal de Urda
Última hora del accidente de tren en Urda, Toledo
El choque de dos trenes de alta velocidad en Urda, Toledo, mantiene en vilo a España y a los miles de viajeros que cada semana recorren la línea Madrid-Andalucía. Hacia el sur se dirigían los dos convoyes siniestrados: un AVE de Renfe y un Iryo que cubrían el trayecto entre la capital y Sevilla. El Iryo se encontraba detenido en la vía tras una caída del sistema de seguridad LZB cuando el AVE que venía por detrás lo alcanzó minutos antes de las nueve de la mañana. El balance provisional es ya de 69 fallecidos y decenas de heridos hospitalizados, algunos en estado crítico.
La circulación ferroviaria entre Madrid y Andalucía sigue cortada. Mientras, las familias buscan desesperadamente a los suyos en hospitales, en dependencias habilitadas por el Ayuntamiento de Urda y también en las redes sociales, convertidas en un canal más cuando la información oficial llega con cuentagotas.
La otra cara menos amarga de la tragedia es la de quienes hoy respiran con el estómago encogido porque podrían haber estado en uno de esos trenes, pero un capricho del azar les cambió su suerte.
"Algo pasa con los trenes"
Pablo es uno de los usuarios habituales de esa línea ferroviaria. Él vive y teletrabaja en Sevilla y, desde septiembre, por un cambio de puesto de trabajo, tiene que ir a la sede de su empresa en Madrid cada diez días para acudir a reuniones de trabajo.
Conoce bien la línea y según asegura a 'Informativos Telecinco', ha tenido tres incidencias desde que la utiliza. En una de ellas, el tren estuvo parado 45 minutos sin que nadie supiera qué pasaba. Lo que detecta, dice, es que los usuarios ya tienen interiorizado que van a llegar tarde y están acostumbrados a que las incidencias sean lo habitual. "No sabemos qué es, pero está claro que algo pasa con los trenes", afirma.
Lo de Urda, sin embargo, es diferente. Porque una cosa es estar acostumbrado a las incidencias y otra muy distinta, una tragedia como la de este negro 28 de octubre de 2026. "Nunca te esperas que ocurra algo como esto", reconoce.
"Otra vez no podía ser"
Pablo se enteró del accidente durante una reunión de trabajo en Madrid. Estaba en mitad de la sesión cuando una compañera se le acercó y se lo comunicó entre susurros.
Dice que lo primero que pensó es que "otra vez no podía ser". Ni siquiera llegó a imaginarse la magnitud de lo sucedido hasta que comenzaron a conocer las primeras cifras de muertos: "Automáticamente conecté con lo que vivimos hace nueve meses", relata pensando en el accidente de Adamuz que dejó 46 muertos y más de un centenar de heridos en enero de este año, en esa misma línea.
Poco después, empezaba a sonarle el móvil. Eran las llamadas de preocupación de su familia, sus amigos y de su pareja. "Todos me llamaban para preguntarme si estaba bien, porque saben que ando mucho para arriba y para abajo en esos trenes", cuenta Pablo.
Como él, en esa reunión de trabajo había otros compañeros que también utilizan este medio de transporte con frecuencia. "Nos puso tan mal cuerpo, que al final suspendimos la reunión", explica.
Entonces, Pablo se encontró con las dificultades para regresar a Sevilla. Por la mañana, la app de Renfe ya le había informado de que se había cancelado su tren de regreso, así que optó por acudir a la estación de Méndez-Álvaro y comprar un billete de vuelta en autobús. "A los pocos minutos se fueron agotando todas las plazas", afirma.
"Un pellizco en el estómago"
Pablo no se define como una persona aprehensiva, pero reconoce que la sucesión de dos accidentes graves en tan poco tiempo le genera suficientes dudas sobre si la seguridad está realmente garantizada. "Una cosa es un accidente puntual y fortuito y otra lo que está ocurriendo. No te puedes subir a un tren pensando en que puede ser como un ruleta rusa", critica.
Y añade algo que muchos viajeros de la línea comparten estos días, y es que a raíz de lo ocurrido va a haber mucha gente que no va a querer usar el tren. Él, asegura, va a seguir viajando en tren, aunque asegura que no con la misma sensación de antes: "A partir de ahora lo cogeré con un pellizco en el estómago".
Pablo se siente un afortunado y lanza una reflexión sobre ambos accidentes: "Me pregunto si vamos a aprender algo porque se supone que desde lo de Adamuz, esto no podía volver a pasar".
