En La Xurre llevan 16.000 churros y 3.000 porras vendidas en tres meses
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BarcelonaVic ha recuperado los churros tradicionales de la mano de dos hermanos emprendedores. Adán y Daniel López acaban de abrir La Xurre para mantener la tradición. Llevan tres meses abiertos y están sorprendidos por la acogida: "Es la única churrería que hay que los hace tradicionales, como siempre", cuenta Adán López.
Estos hermanos han ido siempre de la mano en los negocios siguiendo el consejo de su padre de que formaran un equipo. Adán, desde los 18 años, siempre ha estado de cara al público en la hostelería. En cambio, Daniel, desde que tenía 15 años, está entre fogones. Hace doce años abrieron una tienda de comida casera para llevar. En 2024 se les presentó la oportunidad de adquirir un local cercano, delante del hospital de Vic, en el barrio donde se han criado. "Vimos lo que faltaba en Vic y, como nos gusta mucho los churros y el chocolate, tiramos adelante el proyecto", explica Adán López, . Con esa ubicación, los dos hermanos pensaron en ofrecer desayunos, para 35 personas sentadas, para los que acudieran al centro hospitalario disfrutaran de unos churros clásicos.
La única que había en Vic había cerrado hacía un año. La churrería Rosa bajó la persiana después de 150 años porque el propietario se jubiló y no encontró un relevo para continuar con el icónico establecimiento situado en el centro. Con su cierre, la ciudad se quedó un año sin un lugar donde ir a comer unos churros. "Estamos muy contentos pero mucha gente nos pone la presión de seguir los 150 años del Rosa, que llevan toda la vida, y ahora nos comparan. Hay presión por tener el nivel que tenían ellos", cuenta Adán. Y de momento, lo están consiguiendo porque no dejan de recibir elogios por abrir una churrería en el siglo XXI. "Todos estos trabajos se tendrían que recuperar", asegura. Y su hermano Daniel añade: "Todo lo que sea artesanal tiene un valor añadido y los churros son tradición".
Una tradición recuperada que está funcionando, de momento, de lunes a viernes. Aun así, en los tres meses de funcionamiento han vendido 16.000 churros. Los viernes es el único día que hacen porras. Llevan 3.000 vendidas. Para Adán, el secreto está en lo bueno que están: "No salen nada aceitosos, las harinas son de alta calidad y hace que estén crujientes por fuera y tiernos por dentro. Y si le sumas el chocolate a la taza, ves las caras de felicidad". Los clientes le dan las gracias por llevarles la alegría.

Para estos hermanos, el reto ha supuesto horas de aprendizaje para echarse a andar con pasión y también valor. "Te lo juegas todo a una carta y nos hemos autoexigido para que todo salga bien desde el local como los productos a ofrecer. Hay esfuerzo, sacrificio y tiempo", reconoce Daniel López. Una apuesta por un producto tradicional que no puede faltar: "Los churros son la excusa para reunirse con la gente que quieres".

Tras un mes de formación, Daniel se puso al frente de la cocina. De sus manos salen los churros y las porras que están cautivando. "Los churros no tienen mucho secreto es agua, harina y sal. Lo importante son las materias primas y utilizamos una harina nacional". Sigue haciendo pequeños retoques para conseguir que sean "crujientes por fuera, tiernos por dentro y poco aceitosos. Ese es el secreto. Y el churro con chocolate es la combinación perfecta", detalla. Para las porras, le suma un impulsor para crezcan en la freidora y estén muy aireadas por dentro.

El chocolate acompaña a los churros, tomándolo a la taza y también como relleno de Kinder, Nutella o crema Lotus o bañados con chocolate negro, blanco, con leche o con un chocolate de piruleta, con base de blanco mezclado con aromas que recuerdan a la golosina. Por encima, añaden almendras garrapiñadas o pistachos.

Con la llegada del calor, van a sumar opciones más veraniegas como una ensalada de frutas con mini churros o unas 'churribravas', una combinación de churros con salsa brava casera. Una reinvención para mantener viva la tradición de los churros.

