El museo de autómatas más pequeño del mundo, en el hogar de Lluís Ribas: "Transmitir el mundo de la ciencia y la tecnología"
Una colección única a la que Lluís ha dado vida: "Los que construyo son autómatas lúdicos. Se inventaron hace 150 años"
Unas piezas que son "una oportunidad para reflexionar como sus esculturas en movimiento"
BarcelonaEn una antigua bodega de una casa solariega familiar en Castellbisbal (Barcelona) se esconde un taller de construcción mecánica y una puerta se abre al hogar de veinte autómatas, entre esculturas en movimiento con los engranajes al descubierto, clásicos como magos ilusionistas y piezas improvisadas. Es 'El museu d'autòmats més del petit del món'. "Es una invención mía. Tiene 35 metros cuadrados. Es un museo dentro de una casa. Es el más pequeño del mundo porque es una forma simpática de decir que es una rareza y una curiosidad. Es un espacio que alberga mi colección, en mi casa y en un pequeño espacio", desvela Lluís Ribas.
Una colección única a la que Lluís ha dado vida: "Los que construyo son autómatas lúdicos. Se inventaron hace 150 años. Los hacían relojeros y mecánicos industriales para venderlos o exponerlos en ferias. Son personajes del circo o del espectáculo como músicos, magos, ilusionistas o malabaristas para divertir. Se fabricaban mecanismos que tenían forma de personaje humano para entretener. A través del movimiento mecánico y repetitivo, tenían un fin lúdico. Por eso, son piezas queridas".
Unas piezas que no son solo un entretenimiento. Son una oportunidad para reflexionar como sus esculturas en movimiento, que "tienen que ver con aspectos de mi vida que he ido construyendo como la paternidad, el mundo laboral o la lucha entre el bien y el mal. Es un lado más íntimo". Y también aportan otra mirada "para transmitir el mundo de la ciencia y la tecnología a través de los movimientos de estos personajes. Se experimentan conceptos físicos y mecánicos. En las visitas, de siete personas como máximo, explico, a través de ellos, fenómenos ancestrales como la electricidad estática, la mecánica clásica de los engranajes o las poleas y la electricidad. Es un museo tecnocientífico".
Profesor, constructor y conservador
Los autómatas del Parque de Atracciones del Tibidabo atraparon a Lluís desde pequeño, pero se sumergió en su mundo "sin querer". Empezó a darles forma a la vez que iniciaba su carrera como profesor de mecánica en un instituto de formación profesional. "En la primera escuela, no tenían material y creaba mis propios mecanismos. Y de ahí, a crear mis propios autómatas", recuerda. Y así llegaron las primeras exposiciones, reparaciones y la conservación de piezas de museo.
Y "sin buscarlo" también, llegó una oportunidad inesperada: "Se jubiló el conservador del Museo de Autómatas del Tibidabo. Y empezó mi historia dentro del parque de atracciones. Me fascinaban como personajes que se movían, pero nunca imaginé que sería el conservador. Se ha cerrado el círculo de este mundo que es mucho más que un muñeco en movimiento con un motor".
Los primeros fueron para ensayar los movimientos y descubrir sus entresijos. "Hice un agricultor con un porrón de vino, que se limpiaba los labios. Comprendí la dificultad creativa. Un autómata es hacer que una máquina, que tiene forma humana, tenga unos movimientos humanos, vestirla, decorarla y darle unos movimientos atractivos. Y de ahí, a los magos ilusionistas de ahora que necesitan una gran precisión para que no se vea el truco porque interactúan con el público con un número de magia".
Su última creación es un homenaje al Tibidabo, el segundo parque de atracciones más antiguo de Europa. "Representa lo que he visto: el público, los trabajadores, la dirección, las flores, las letras con el nombre del parque y de Barcelona y el avión, uno de sus símbolos. Y todo se mueve a la vez".
Son el tributo de Lluís a un tiempo pasado: "Son los precursores de los robots actuales que tienen forma humana. Son la evolución tecnológica de los hago y se construían 150 años atrás. Son solo mecánicos. Hago los bocetos en papel, los cálculos y las piezas del mecanismo. Un escultor se encarga de la cabeza y las manos. Una modista los viste y una pintora decora las caras y el conjunto".
Unos autómatas que le han acompañado casi una vida para aportarle "conocimiento humano y emociones continuadas". Con la jubilación a la vista, serán "una continuación de mi vida laboral". Queda en el aire su relevo como conservador: "Son ganas de entrar en un mundo antiguo, que algunos jóvenes no consideran atractivo porque no tiene nada que ver con las nuevas tecnologías ni con la inteligencia artificial". De su colección, espera que alguien, algún día, se enamore para continuar transmitiendo su amor por la ciencia y la tecnología.