Pork Chop Boys recorre a pie 180 kilómetros en 9 etapas desde Arbeca hasta Enviny
La gira del grupo folk, que transcurre por caminos de trashumancia, quiere pone en valor el mundo rural
LleidaLa primera gira musical de Pork Chop Boys es única. "Creo que no se ha hecho algo así en un pasado inmediato en Cataluña", afirma Èric Sans, cantante del grupo folk. "Fue una idea que surgió en una conversación: ir caminando a un concierto. Nos gusta caminar, la montaña y la naturaleza. Y lo siguiente fue: ¿Y si vamos con los instrumentos con los caballos y el burro que tenemos? Luego, pensamos en dar un concierto en cada pueblo donde parásemos y en ir por caminos de trashumancia donde el paso de animales es prioritario. Así que recuperamos mapas antiguos y trazamos una ruta", recuerda.
Un proyecto al que dieron forma durante un año y medio hasta que ha llegado el momento. Los Pork Chop Boys están de gira a pie durante diez días con nueve etapas. Por delante, cinco conciertos y 180 kilómetros por las tierras de Lleida. Un camino hasta el Pirineo acompañados de dos yeguas que llevan a lomos los instrumentos acústicos, más un coche de asistencia. Una ruta por Arbeca, Linyola, Artesa de Segre, Folquer, un corral del Pallars Jussà, el refugio de Boumort, Taús, Vilamur, Sort hasta Enviny. "Es para poner en valor las tierras de Lleida, aportar nuestra música y descentralizar la cultura que está en las grandes ciudades. Es acercar la cultura y dar visibilidad a estos pueblos y a las personas que los habitan y trabajan para que no queden abandonados", subraya el miembro de Pork Chop Boys.
Una gira a la que han llamado 'Trans(in)humància'. Un juego de palabras cargado de significado: "Es trashumancia musical. Vamos de pueblo en pueblo dando conciertos. El in en medio de la palabra es por los esquemas de la sociedad actual con un ritmo frenético de ir un concierto a otro sin parar. Es una forma de tomárselo con calma y romper el ritmo".
Los Pork Chop Boys es una banda de folk de Arbeca de seis componentes. "No sabemos de dónde salió el nombre. Fue una lluvia de ideas. Estábamos en una cabaña de piedra cerca de una granja de cerdos y, entonces éramos un dúo. No sé si salió por Pet Shop Boys que también lo era y suena parecido. Y de broma, se quedó", confiesa el cantante. Con el banjo, la armónica, el 'whashboard' o el 'washtub bass' le dan "un toque rural de wéstern porque son instrumentos del folclore norteamericano" a sus canciones, en catalán, sobre vivencias e historietas inventadas recogidas en 'Campi qui pugui!', su primer disco.
"Es una montaña de emociones"
Una gira a pie en la que llevan kilómetros en la mochila: "Estamos agotados físicamente. A cada uno le duele algo. Ese sufrimiento se nos pasa al ver los recibimientos. Estamos anímicamente a tope y vamos resistiendo. Los pueblos se han volcado. Pactamos que, a cambio de comida y alojamiento, dábamos un concierto. Estamos sorprendidos por la respuesta. No lo esperábamos", afirma Èric.
Al final de cada una de las etapas toca descargar y alimentar a los animales que les acompañan, alojarse y preparar el concierto, si lo hay esa noche. "No paramos. Dormimos en pabellones, albergues o también corrales abandonados. Forma parte de la aventura", detalla.

Una trashumancia musical cargada de sentimientos porque "es una montaña de emociones. Hay esperanza en el mundo rural. No hay un final. El poder de las personas es enorme. Un proyecto como el nuestro ha movilizado tanto que no lo esperábamos".
Documental de reconocimiento
Esta travesía musical también quiere reivindicar el mundo rural. Con los 5.000 euros recogidos en una campaña de micromecenazgo para el proyecto, se está grabando un documental "para dar visibilidad y hacer un reconocimiento a los vecinos de los pueblos por los que vamos pasando. A ellos, al tejido social como agricultores, ganaderos, artesanos o comercios locales". Sin olvidar el paisaje y la naturaleza que los rodea.
Unos días intensos e inolvidables: "¿Repetir? De momento, acabar. Todo puede ser. Ya veremos".

