La exposición exhibe 16 muñecas restauradas de la artista, ilustradora y escritora Lola Angla
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BarcelonaUna exposición invita a descubrir una pequeña muestra de muñecas antiguas restauradas y, al mismo tiempo, el trabajo de estudio, investigación y colaboración que ha hecho posible su preservación. Es 'Mis muñecas. Las muñecas restauradas de la Colección Lola Anglada', una oportunidad para acercarse a la colección de la artista, ilustradora y escritora en el Museo Maricel de Sitges (Barcelona).
Unas piezas únicas que formaron parte de su imaginario personal y que son testigo de su interés por el mundo de la infancia, la cultura popular y las artes decorativas, pero también de su particular manera de mirar, transformar y crear. Procedentes de distintos países, como Italia, Francia, Alemania, España o Japón, la exposición permite redescubrir 16 joyas desde finales del siglo XVII hasta la primera mitad del XX. Una selección que dará paso a la exhibición de otras muñecas para dar visibilidad al fondo de la colección.
Lola Anglada fue ilustradora y narradora infantil, y una destacada figura de la cultura catalana del siglo XX. El mundo de la infancia ocupó un lugar especial en su universo creativo, tanto en su producción artística como literaria. Su pasión por el coleccionismo dio lugar a una colección de unas 400 muñecas, caracterizada por la diversidad de procedencias, cronologías, materiales y tipologías. Más allá de su valor como objetos históricos, las piezas permiten acercarse a su mirada y a la forma en que integraba los objetos que coleccionaba en su imaginario personal.

Entre las piezas más antiguas se encuentra Beatriu, nombre con el que Lola Anglada identificaba a una muñeca italiana datada entre finales del siglo XVII e inicios del XVIII. También encontramos a Elvira, confeccionada entre Hildburghausen, en Turingia, y París; las muñecas parisienses Camila y Pastora; y Delfina, un autómata de la fábrica Gustave Vichy, realizado en París en 1878.
La muestra incorpora, entre otras, a Arlequí, una muñeca mecánica de la fábrica Roullet & Decamps; una muñeca 'ichimatsu' japonesa; una mignonnette de Simon & Halbig, y un maniquí de sombrerero de Barcelona de 1929.
Restauración con identidad propia
Lola Anglada compraba y coleccionaba muñecas. Algunas llegaban enteras y vestidas; otras, desnudas o desmembradas. En estos casos, las vestía, las recomponía y, en ocasiones, también las restauraba. Las muñecas se convertían así en mucho más que en objetos de colección: eran piezas que Anglada transformaba e incorporaba a su propio universo creativo. Estas intervenciones, junto a las señales producidas por el paso del tiempo, forman parte de la historia de cada una de las piezas.
El paso de los años ha supuesto el deterioro de diferentes piezas de la colección y ha hecho necesario emprender un proceso de conservación y restauración complejo. La diversidad de los materiales que conforman las muñecas como textiles, madera, porcelana, cera, metal, cuero o celuloide, entre otros, constituye uno de los principales retos para su conservación. Los materiales envejecen de forma diferente y pueden interactuar entre sí, generando procesos de deterioro.

Para su restauración, se han estudiado con detalle los materiales, técnicas de fabricación y transformaciones experimentadas a lo largo del tiempo. Esta diversidad ha requerido la participación de profesionales especializados y la suma de los conocimientos ha permitido abordar cada pieza desde múltiples perspectivas, respetando su historia y su particularidad.
El proceso de conservación y restauración de las muñecas ha aplicado criterios de mínima intervención y respeto por su autenticidad, ha permitido estabilizar los materiales, recuperar la lectura de las piezas y garantizar su preservación futura. El objetivo no ha sido solo recuperar su aspecto, sino conservar también las trazas del tiempo, los usos, las transformaciones y las intervenciones que forman parte de la trayectoria de cada muñeca y la convierta en única.

