Baby boom histórico con ocho nacimientos tras 25 años en Montgai, Lleida: "Es continuidad, luz, futuro y esperanza"
En Montgai (Lleida) no había tantos nacimientos desde 2001 también con la llegada de ocho bebés
Castro de Filabres, un pueblo de la España vaciada de Almería, da la bienvenida a Leo, el primer bebé nacido en ocho años: "Nos hizo una ilusión enorme"
LleidaHace 25 años que no pasaba nada igual en Montgai. En este 2026 nacerán ocho criaturas. "Es el baby boom de 2026. Se acordarán del 2001 y del 2026", explica Meri Grau, 34 años, madre de Kail, que tiene un mes de vida. "¡25 años! Es muy raro. Es algo impactante en este pueblo tan pequeño. Es impensable que haya pasado aquí", asegura Nicolle Rodríguez, madre de Leo, que nació el 9 de julio.
En este municipio de Lleida de poco más de 600 habitantes, este año la tasa de natalidad se ha disparado: han nacido seis bebés y dos más están de camino. Serán cinco niños y tres niñas. La primera fue Laia el 4 de abril y el último llegará en diciembre. Un acontecimiento excepcional que quedará en la historia y en el recuerdo como ocurrió en 2001 también con ocho nacimientos. Una cifra que ahora se ha igualado. "Soy de Montgai de toda la vida. Mi hermano nació en 2000. Recuerdo ese baby boom porque han sido amigos de mi hermano. Se vivió como una alegría. En la escuela eran muy pocos, como una decena, y significaba una continuidad. Y yo estoy viviendo lo mismo que hace 25 años. Ver que es la cuarta generación de amistad que seguirá junta hace mucha ilusión en mi caso", recuerda Meri.
Un baby boom inesperado: "Ha sido por azar. Ha sido una embarazada, otra y otra. Y al final, ocho. Nadie se ha puesto de acuerdo", asegura, entre risas, Judit Icart, que espera a Juna. Y Nicolle coincide: "Es una casualidad. En mi caso, mi primer hijo tiene ocho años. Y el segundo, sin esperarlo, ha llegado a los 38 años".
Un hecho excepcional en boca de todos en este pueblo de la Noguera donde hay más defunciones que nacimientos. En 2017 no hubo ninguno. "Era como una quiniela. Incluso se ha hecho lista, de nombres y de si eran niño o niña. La gente está muy emocionada. En el bar repetían: '¡No puede ser!', comenta Judit. "Lo gracioso es que cuando sabíamos que había una embarazada nos poníamos a averiguar quién podía ser. Era como una lotería. Había candidatas que no lo estaban. Fue muy divertido. Está todo el pueblo muy contento. Son muy amables. Están pendientes de ti y preguntan, y se agradece", añade Nicolle.
El regalo de una tribu
Una maternidad que las protagonistas están viviendo en comunidad. "Me siento muy afortunada. Es un regalo. Poder volver a los orígenes y vivirlo en tribu, entre nosotras. Es maravilloso porque tienes mucho apoyo y creo que te puede ayudar, por ejemplo, en el posparto en una cuestión como la salud mental poder compartir con personas que están viviendo lo mismo es un regalo porque te sientes muy acompañada", subraya Meri. "Un niño une mucho y se hacen muchas amistades. Nos ayudamos entre nosotras en cuestiones como el posparto o quedamos para salir a caminar", recalca Nicolle.
En el día a día, cuentan unas con otras. "Se hace tribu porque somos conocidas del pueblo y somos amigas. Hemos hecho un grupo de WhatsApp para estar en contacto. Nos estamos acercando, compartimos afinidades o dudas. Nos ha acercado y nos ha ayudado a conocernos más y a darnos apoyo", destaca Judit.
Continuidad y esperanza
Una llegada que van a notar y mucho en la escuela de Zona Escolar Rural (ZER). "Cuando entren los nuestros, serán ocho de golpe. No se había visto en 25 años. Sabemos que aseguramos el colegio muchos años más. Es precioso que tenga tantos amigos de su edad. Nunca pensé que serían tantos. Yo llegué aquí cuando era pequeña y la piña que se hace en un pueblo es lo mejor que hay. Esa libertad y esa tranquilidad", afirma Nicolle.
Un espacio que va a recibir un impulso inesperado para su continuidad y para alejar la sombra de la despoblación: "Este boom hará que muchos niños vayan juntos y que la escuela prospere y crezca. La escuela está viva porque, si no hay nacimientos, cada vez se irán perdiendo líneas y cuando una escuela cierra el pueblo acaba muriendo porque los jóvenes no vendrán a vivir aquí si tienen hijos. Habrá dinamismo. Me encanta hacer tribu y me gusta que sea en un pueblo. He vivido toda la vida en uno y jugaba en la plaza y daba vueltas por las calles. Me alegra que los niños puedan crecer con otros de su edad y hacer vínculos", señala Judit.
Unos nacimientos que significan "continuidad, futuro, luz y esperanza. La vida transmite esperanza. Un baby boom que ya veremos si volverá a pasar más adelante", concluye Meri con una sonrisa.