Astronomía

La próxima gran misión a Saturno buscará señales ocultas bajo el hielo de una de sus lunas

Esas muestras serán analizadas en busca de posibles señales biológicas. Freepik
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MadridSaturno podría convertirse en uno de los grandes escenarios de la búsqueda de vida fuera de la Tierra. No por el planeta, sino por una de sus lunas: Encélado. Este pequeño mundo helado, de apenas unos 500 kilómetros de diámetro, es hoy uno de los candidatos más prometedores del sistema solar para encontrar señales de habitabilidad e incluso posibles rastros de vida microbiana.

La razón está bajo su corteza congelada. Gracias a la misión Cassini, la NASA descubrió que Encélado esconde un océano global de agua líquida bajo el hielo y que, desde su polo sur, expulsa al espacio géiseres de vapor de agua, partículas de hielo y compuestos químicos procedentes de ese océano subterráneo. Es decir, los científicos no necesitan perforar kilómetros de hielo para estudiar lo que pasa en su interior: Encélado lanza muestras de su océano directamente al espacio.

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Este detalle ha convertido a esta luna de Saturno en un objetivo prioritario para futuras misiones. La Agencia Espacial Europea ya ha señalado Encélado como destino preferente para una gran misión dentro de su programa Voyage 2050, mientras que en Estados Unidos se ha estudiado el concepto Enceladus Orbilander, una nave capaz de orbitar primero la luna y aterrizar después para analizar directamente el material de sus plumas.

Encélado, un pequeño mundo con un océano oculto

Encélado no parecía, en un principio, un lugar especialmente interesante. Es pequeño, está cubierto de hielo y orbita muy lejos del Sol, en una región donde las temperaturas son extremadamente bajas. No obstante, Cassini cambió por completo esta imagen. La sonda, la cual estudió Saturno y sus lunas entre 2004 y 2017, detectó chorros de material saliendo de grandes fracturas situadas en el polo sur de Encélado, conocidas popularmente como “rayas de tigre”.

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Estos chorros contienen partículas de hielo y vapor de agua que proceden de un océano interno. Con el tiempo, los datos de Cassini permitieron confirmar que ese océano no era una simple bolsa aislada, sino posiblemente una masa global de agua líquida bajo la corteza helada. Además, la luna tiene calor interno y una química compleja, dos elementos fundamentales para considerar un entorno potencialmente habitable.

En nuestro planeta, la vida necesita tres ingredientes básicos: agua líquida, energía y elementos químicos esenciales. Encélado parece tener varios de ellos. Tiene agua líquida, indicios de actividad hidrotermal en el fondo oceánico y compuestos orgánicos detectados en el material expulsado por sus géiseres. Debido a ello, se ha convertido en uno de los grandes objetivos de la astrobiología moderna.

El hallazgo del fósforo

Uno de los descubrimientos más importantes vino cuando los científicos analizaron datos del instrumento Cosmic Dust Analyzer de Cassini y encontraron fosfatos de sodio en granos de hielo procedentes de Encélado. El fósforo es un elemento fundamental para la vida que conocemos: forma parte del ADN, del ARN, de las membranas celulares y de moléculas energéticas como el ATP.

Este estudio sugirió que el fósforo podría estar disponible en el océano de Encélado en forma de ortofosfatos y en concentraciones incluso superiores a las de los océanos terrestres. Esto no quiere decir que haya vida en Encélado, pero sí que hace más fuerte la idea de que su océano puede contener ingredientes compatibles con la vida.

A este hallazgo se suman nuevos análisis de datos de Cassini que han encontrado compuestos orgánicos frescos en partículas de hielo expulsadas desde el océano interior. Según el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, estos compuestos fueron encontrados en hielo muy reciente, apenas alterado por la radiación espacial, lo que permite estudiar mucho mejor la química real del océano subterráneo.

Una misión para buscar señales de vida

La idea más ambiciosa estudiada hasta ahora es Enceladus Orbilander, un concepto de misión de tipo “flagship” planteado para la estrategia decenal de ciencia planetaria y astrobiología de Estados Unidos. Se combinarían dos fases: primero actuaría como orbitador y después como módulo de aterrizaje.

La gran ventaja de Encélado es que sus géiseres permiten tomar muestras del océano sin perforar la superficie. Una nave podría atravesar las plumas, recoger partículas de hielo y analizarlas con instrumentos más avanzados que los de Cassini. Más tarde, si aterrizara cerca del polo sur, podría estudiar material depositado en la superficie por esos mismos chorros.

El objetivo de la misión no es simplemente confirmar que Encéfalo es habitable, sino buscar biosignaturas, es decir, señales químicas, moleculares o isotópicas que pudieran sugerir actividad biológica. Esto incluiría compuestos orgánicos complejos, patrones químicos difíciles de explicar solo mediante procesos geológicos o posibles restos de células en partículas de hielo.

Sin embargo, el hielo de Encélado es al mismo tiempo una oportunidad y un obstáculo. Estudios recientes han mostrado que instrumentos de futuras misiones podrían detectar material celular incluso en un solo grano de hielo emitido por lunas heladas como Encélado o Europa. Este tipo de investigación es esencial porque permite diseñar instrumentos capaces de distinguir entre química orgánica compleja y posibles señales biológicas reales.

No obstante, analizar estos granos no va a ser una tarea sencilla. Las partículas pueden impactar contra los instrumentos a gran velocidad, fragmentarse o alterar parte de su composición. Además, la misión debe evitar contaminar las muestras con material y garantizar que cualquier posible señal biológica no constituya un falso positivo.