Astronomía

Las estrellas no son blancas ni amarillas: el color real de cada estrella revela su temperatura y edad

Las estrellas no son simplemente blancas o amarillas
Las estrellas no son simplemente blancas o amarillas. Getty Images
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MadridCuando miramos al cielo, casi todas las estrellas nos parecen iguales. Vemos puntos blancos, más o menos brillantes y dispersos sobre un fondo oscuro. Algunas, si nos fijamos mucho, muestran un matiz anaranjado, azulado o rojizo, aunque la mayoría nos parecen blancas. En realidad, el color de una estrella es una de las pistas más importantes para entender cómo es, qué temperatura tiene y en qué etapa de su vida está.

El color estelar no es algo casual, se trata de una señal física relacionada con la temperatura superficial, la composición, el tamaño y la evolución de una estrella. También resume la clasificación espectral clásica en siete grupos principales (O, B, A, F, G, K y M), una secuencia que ordena las estrellas desde las más calientes y azuladas hasta las más frías y rojizas.

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El color indica la temperatura

Una estrella no brilla porque refleje luz, como puede suceder con un planeta, sino porque genera energía en su interior mediante fusión nuclear. Esa energía acaba escapando al espacio en forma de radiación. Dependiendo de la temperatura de su superficie, la estrella va a emitir más luz en unas longitudes de onda u otras.

Las estrellas varían de color porque también varían de temperatura. Las estrellas más calientes tienden al color azul o al blanco azulado, mientras que las más frías al naranja o al rojo. Esta relación permite a los astrónomos clasificar las estrellas de la secuencia principal en tipos O, B, A, F, G, K y M, desde las más calientes y masivas hasta las más frías y pequeñas.

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De azul al rojo: ¿cómo se clasifican las estrellas?

La clasificación espectral es una especie de código de colores astronómico. Las estrellas de tipo O son las más clientes, azuladas y masivas. Pueden superar los 30.000 grados Kelvin y viven muy poco en términos cósmicos. Les siguen las tipo B, también azuladas o blanco azuladas, como Rigel. Las de tipo A, como Sirio o Vega, suelen verse blancas. Las F tienden al blanco amarillento. Las G, como el Sol, se describen como amarillas o amarillo-blancas. Las K son anaranjadas, y las M, las más frías de la secuencia y se ven rojizas.

Las estrellas se clasifican según su temperatura y que esta puede determinarse porque el color aparente depende de la temperatura superficial. En esa escala, las O son las más calientes y azules, mientras que las M son las más frías y rojas.

¿Por qué a simple vista parecen blancas?

La respuesta está en la fisiología del ojo humano. En condiciones de poca luz, nuestros ojos trabajan sobre todo con bastones, células muy sensibles al brillo pero poco eficaces para conseguir colores. Los conos, los encargados de la visión cromática, necesitan más luz para poder funcionar bien.

Debido a esto, muchas estrellas débiles nos parecen blancas aunque tengan un color físico definido. Solo las más brillantes permiten apreciar matices claros a simple vista. Antares, por ejemplo, se percibe rojiza; Arcturus, anaranjada; Vega, blanco azulada; y Betelgeuse, rojiza o anaranjada. Para notar estas diferencias hace falta un cielo oscuro, evitar mirar luces brillantes y mucha paciencia.

El color habla de la vida de una estrella

El color de una estrella no indica su edad de una forma tan directa como puede hacerlo un documento de identidad, pero sí que puede ofrecer pistas sobre su etapa evolutiva. La clave está en la masa. Las estrellas masivas suelen ser más calientes, azules y luminosas, pero consumen su combustible muy rápido. Las menos masivas suelen ser más frías, rojizas y longevas.

La duración de la vida de una estrella depende principalmente de su masa: cuanto más masiva es, más corta suele ser su vida, porque consume su combustible nuclear con mayor rapidez. También señala que una estrella pasa alrededor del 90% de su vida en la secuencia principal, la fase estable en la que fusiona hidrógeno en helio.

En términos astronómicos, una estrella azul muy masiva suele ser joven, no porque el color azul sea un sinónimo universal de juventud, sino porque ese tipo de estrellas viven tan poco que no pueden haber sobrevivido desde épocas muy antiguas. Sin embargo, las estrellas rojas pequeñas, conocidas como enanas rojas, pueden permanecer activas durante decenas o incluso cientos de miles de millones de años.

Pero, una estrella roja también puede ser una gigante roja: una estrella que ha agotado buena parte del hidrógeno de su núcleo y se ha expandido en una fase avanzada de su vida.

El color visible está dominado por la temperatura, pero el espectro de una estrella contiene mucha más información. Cuando los astrónomos descomponen su luz, aparecen líneas oscuras o brillantes que actúan como huellas químicas. Gracias a ellas pueden identificar hidrógeno, helio, calcio, hierro y otros elementos presentes en la atmósfera estelar.