Factura luz

La posición del frigorífico en la cocina puede aumentar el gasto energético sin que lo sepas

Una cocina con un frigorífico moderno. Telecinco.es
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A veces se tiende a pensar que el frigorífico funciona igual en cualquier circunstancia. Lo que no somos conscientes es que hay situaciones que lo afectan, y una de ellas es el entorno que le rodea. Ese entorno decide una parte no menor de su consumo eléctrico y los propios fabricantes llevan décadas advirtiéndolo en unos manuales que casi nadie lee

La OCU cifra en alrededor del 30% el peso del frigorífico sobre el consumo total de los electrodomésticos de un hogar español medio, y precisamente porque el aparato está encendido las veinticuatro horas del día, los pequeños factores que multiplican su esfuerzo también se contabilizan las veinticuatro horas del día. Colocar el frigorífico junto al horno, embutido contra un mueble sin holgura o en el rincón por donde entra el sol de la tarde es el tipo de decisiones que se pagan mes a mes en la factura eléctrica.

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La razón profunda tiene que ver con el propio principio físico del aparato. El frigorífico es una bomba de calor: extrae la energía térmica del interior del compartimento refrigerado y la expulsa al ambiente a través del serpentín del condensador, la rejilla metálica situada en la parte trasera o, en los modelos más recientes, en un lateral o en la base. Ese serpentín necesita evacuar calor al aire circundante para completar el ciclo. Si el aire de alrededor no puede circular con libertad, el intercambio térmico pierde eficiencia y el motor tiene que trabajar durante más tiempo para conseguir el mismo grado de refrigeración interior. La consecuencia es un mayor consumo eléctrico, además de un envejecimiento acelerado del compresor.

Las distancias de ventilación que los fabricantes recomiendan son muy concretas y precisas. Al menos cinco centímetros de separación entre la parte trasera del frigorífico y la pared, entre dos y tres centímetros en cada uno de los laterales y diez centímetros libres por encima del aparato, para permitir la salida del aire caliente que siempre asciende. No se debe apoyar nunca el frigorífico directamente contra las paredes, ni encajonarlo en muebles sin holgura y sumar al menos un centímetro adicional por encima cuando el aparato queda embutido en una columna. 

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Las viviendas españolas tienden a incumplir esta recomendación con particular frecuencia. Un frigorífico apoyado contra la pared trasera y encajonado entre dos muebles opera cada día por debajo de su régimen óptimo.

El segundo factor decisivo es la distancia a las fuentes de calor. Colocar el frigorífico al lado del horno, junto a los fogones, en contacto directo con el lavavajillas o expuesto a la luz solar directa por una ventana orientada al oeste es la peor decisión posible en materia de eficiencia energética doméstica. 

El horno emite un calor intenso cada vez que se enciende, con máximas superiores a doscientos grados. Ese calor se transmite por radiación al lateral del frigorífico contiguo y por convección a la superficie del serpentín del condensador. El aparato responde intensificando el trabajo del compresor. Un lavavajillas produce simultáneamente calor y humedad, con un efecto compuesto sobre el frigorífico vecino. La luz solar directa sobre el chasis puede elevar la temperatura de la superficie exterior varios grados por encima de la ambiente, y con ella la carga térmica que el aparato debe compensar. Los radiadores de calefacción en invierno, a menudo instalados debajo de una ventana muy cercana al frigorífico, actúan durante los meses fríos como una fuente de calor de baja intensidad pero de larga duración diaria

El principio del triángulo de trabajo, canónico en el diseño de cocinas modernas, sitúa el frigorífico, el fregadero y la zona de cocción entre ciento veintidós y doscientos setenta y cinco centímetros unos de otros. Cuando las cocinas incumplen esa separación por falta de espacio, el sobreconsumo se convierte en consecuencia natural.

Existe una tercera variable menos evidente, pero igualmente relevante: la nivelación del suelo. Un frigorífico ligeramente inclinado sufre dos consecuencias que no se suelen mencionar. La primera, el sello de la puerta no cierra con presión uniforme en todo su contorno, lo que permite pequeñas entradas continuas de aire caliente que obligan al aparato a compensar. La segunda, el sistema de circulación de refrigerante pierde eficiencia. Las patas regulables de la mayoría de los frigoríficos permiten corregir el problema en un par de minutos. Un nivel de burbuja apoyado sobre la parte superior verifica la corrección.

A estas tres reglas se le suma un consejo que reduce el consumo sin exigir reubicación. Aspirar la rejilla trasera del condensador al menos una vez al año. El polvo doméstico se acumula en esas serpentines con particular obstinación y actúa como un aislante térmico que dificulta la evacuación del calor. Un serpentín cubierto de polvo eleva el consumo del aparato entre un cinco y un diez por ciento adicional. La operación no exige herramientas: solo la boquilla estrecha de un aspirador y unos minutos de dedicación.