Así puedes detectar si el termo eléctrico está consumiendo más de lo habitual
Formas de evitar tener que reemplazar el aparato completo, lo que costaría varios cientos de euros
La temperatura ideal del calentador y del termo para ahorrar energía sin perder comodidad
El termo eléctrico es probablemente el electrodoméstico peor auditado del hogar español medio en términos energéticos. Funciona ininterrumpidamente, absorbe una parte considerable del gasto eléctrico anual y su deterioro progresivo produce un sobreconsumo silencioso que la factura registra pero raramente asocia el usuario con el propio aparato. Reconocer las señales del deterioro a tiempo permite intervenir antes de que la avería derive en sustitución completa del equipo o en incrementos permanentes de decenas de euros al mes en la factura eléctrica.
Señales de sobreconsumo más habituales
Los indicadores más habituales de sobreconsumo son seis y todos ellos pueden identificarse sin conocimiento técnico previo.
- Aumento repentino de la factura eléctrica sin cambios en el patrón de uso del hogar: ni más duchas, ni más habitantes, ni cambios en el termostato.
- Reducción progresiva del tiempo durante el que el termo suministra agua caliente: la ducha que antes duraba diez minutos ahora se enfría a los seis o siete.
- Aumento del tiempo que tarda el aparato en recuperar la temperatura tras un uso intenso: si antes bastaba con hora y media para volver a tener agua caliente, ahora exige dos y media o tres.
- Ruidos anómalos durante el calentamiento, como crujidos, hervores, burbujeos audibles desde la propia habitación donde está instalado el termo.
- Saltos frecuentes del automático de la vivienda o del propio termostato de seguridad del termo.
- Cambios bruscos e injustificados en la temperatura del agua durante una misma ducha.
Cualquiera de estos síntomas apunta a alguna de las cuatro causas técnicas que concentran el grueso de las averías con impacto energético. La primera y más frecuente en España es la acumulación de cal sobre la resistencia interior del termo, particularmente severa en las provincias con agua dura. La cal aislante en la resistencia obliga al aparato a usar más energía para calentar la misma cantidad de agua, con incrementos del consumo eléctrico que la factura mensual empieza a reflejar de manera acumulativa. Los ruidos de crujido o burbujeo característicos son consecuencia directa del calentamiento desigual del agua provocado por la obstrucción, y sirven como señal auditiva temprana del problema.
La segunda causa habitual es el desgaste del propio termostato, la pieza que regula el ciclo de calentamiento y decide cuándo activar o desactivar la resistencia. Cuando el termostato sufre desgaste o cortocircuitos por acumulación de cal, la regulación se vuelve defectuosa y aparece precisamente un consumo excesivo que el propietario no consigue explicar.
La tercera causa técnica es el fallo de la sonda térmica, que es el sensor que mide la temperatura real del agua interior del calderín, que puede marcar una cifra superior a la real y hacer que el termostato ordene calentamientos innecesarios o, en el escenario opuesto, que no ordene los que sí serían pertinentes.
La cuarta causa es el deterioro del ánodo de sacrificio, la pieza metálica interior diseñada específicamente para corroerse en lugar del calderín. Cuando el ánodo se agota completamente sin ser sustituido, la corrosión pasa al propio calderín, con la consiguiente pérdida progresiva de rendimiento térmico y consumo eléctrico creciente.
Cómo comprobar que hay sobreconsumo
La comprobación objetiva del sobreconsumo se puede hacer de tres maneras distintas. La primera sería la comparación directa de la factura eléctrica del mes con la del mismo mes del año anterior en condiciones equivalentes de uso (con mismo número de personas, mismo tipo de duchas, misma temperatura en el termo, etc). Un incremento superior al 15 a 20% sin justificación sugeriría que existe un problema en el aparato.
Otra forma de comprobarlo sería conectar un enchufe medidor de vatios entre la toma y el termo cuando el aparato lo permite, y comparar el consumo instantáneo con la potencia nominal declarada en la placa de características del propio termo. Si aparece un consumo superior, indicaría que la resistencia está trabajando en condiciones deterioradas.
La tercera alternativa para comprobar este sobreconsumo es más artesanal, pero no por ello menos útil. Consiste en cronometrar el tiempo que el aparato tarda en calentar una carga completa después de ser vaciado, y comparar el dato con el tiempo declarado por el fabricante en el manual original. Un incremento superior al 30 o 40% respecto al valor de referencia confirmaría el diagnóstico.
Qué hacer después
Ya con el veredicto, lo más recomendable es hacer una revisión profesional del propio termo. La sustitución del ánodo de sacrificio, recomendada una vez al año en zonas de agua dura y cada dos en aguas blandas, cuesta entre veinte y cincuenta euros con mano de obra incluida y protege el calderín durante varios años más.
La descalcificación de la resistencia mediante desmontaje y limpieza química o por sustitución completa oscila entre los sesenta y los ciento veinte euros según modelo. El ajuste correcto del termostato a sesenta o sesenta y cinco grados centígrados y el aislamiento térmico exterior con manta específica cuando el termo se ubica en cuarto sin calefacción completan el catálogo de intervenciones. Con todo esto se podría evitar tener que reemplazar el aparato completo, lo que costaría varios cientos de euros, devolviendo el consumo eléctrico a los niveles originales.