Educación

El método para aprender inglés de Pippi English, la sevillana que suspendía en idiomas: "No se trata de memorizar"

Pippi English
Pippi English. Cedida
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Durante años, Pilar Campos creyó que el inglés no era para ella. En su casa, en Pilas, un pequeño pueblo de Sevilla, el idioma sonaba lejano, académico y ajeno a la vida real. Suspendía exámenes, repetía estructuras y memorizaba listas que se borraban al cerrar el libro. Hasta que un día entendió que el problema no era su capacidad, sino la forma en la que le habían enseñado a mirar el idioma. 

Hoy, con solo 24 años y bajo el nombre de Pippi English, ha convertido aquella frustración en un método que no promete perfección, sino algo mucho más valioso: confianza para hablar. Que no se trata de sonar perfecto, sino de atreverse a hablar. A través de su cuenta de Instagram, donde aúna a más de medio millón de seguidores, Pilar hace frente a la frustración, la vergüenza y el bloqueo al enfrentarse al idioma. Y lo hace porque ella misma habla desde el mismo lugar del que parten muchos de sus seguidores.

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Un idioma lejano

En la casa de Pilar, el inglés nunca fue una prioridad posible. No por falta de interés, sino por una realidad económica muy concreta. “Mi hermano y yo venimos de una familia donde somos cuatro hermanos, así que mis padres no se podían permitir pagarnos una academia de inglés a los cuatro. Así que el inglés siempre estuvo muy lejos de mi vida”, explica. Como tantos otros estudiantes de la educación pública española, su contacto con el idioma se limitaba a las clases del instituto, desconectadas de cualquier uso real.

Sin embargo, todo cambió cuando su hermano mayor tomó una decisión poco habitual para un joven de Pilas, Sevilla, el pueblo natal de ambos. “Somos de un pueblecito pequeño, y de aquí nunca se va nadie, y que mi hermano se fuera a Londres fue una locura”. Él tenía 25 años; ella, 15. Aquella marcha, sin duda, abría una puerta mental que Pilar no sabía aún que iba a cruzar.

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La primera visita a Londres fue el detonante. “La primera vez que fuimos a visitarlo, me llamó mucho la atención que mi hermano, que había salido de mi casa, hablara tan fácilmente otro idioma”. No era solo que hablara inglés, era cómo lo hacía: con soltura, sin rigidez, con naturalidad. “Y ahí me picó el gusanillo de que tenía que aprender inglés. Pero claro, no sabía cómo”, dice la joven.

El “clic”: descubrir que el inglés real no se parece al académico

A partir de entonces, cada viaje a Londres se convirtió en una revelación. Pilar observaba cómo su hermano evolucionaba, cómo se relacionaba con personas de distintas culturas. “Empezó a hacer amigos de Grecia, de la India, ingleses, una gran variedad de amigos, todos y cada uno distintos... Y mi hermano comenzó a abrir su mente. Yo lo admiraba muchísimo”, cuenta Pilar.

Ese proceso fue clave para entender algo esencial: el idioma no es solo una herramienta, es una puerta cultural. “Ese fue mi click. Porque me di cuenta de que la gente de Londres ni mi hermano no hablaban inglés como me lo enseñaban en el instituto”. El contraste era evidente. “Y eso solo lo aprendes a través de series, hablando con nativos, o escuchando música”, apunta.

Londres, el primer salto… y el primer choque

Ahí nació una intuición que marcaría toda su trayectoria posterior: la cercanía con el idioma es lo que acerca a las personas. Así, con 18 años, Pilar decidió seguir la senda de su hermano. “Me fui a Londres un mes. Si mi hermano lo hizo, yo también”, expresa. La experiencia fue intensa y transformadora, pero también desbordante. “Cuando regresé a casa se me hizo muy grande. No tenía la madurez para afrontar ese cambio, pero aprendí mucho”, dice.

De vuelta en España, comenzó un proceso obsesivo y autodidacta. “Empecé a ver series y películas e imitaba a los nativos una y otra vez”. No buscaba aprobar exámenes, sino sonar natural. “Ahí empezó mi obsesión por sonar cooler y natural, y no sonar robótica”.

Paradójicamente, su paso por la universidad no fue un camino de éxito inmediato. Pilar comenzó Traducción e Interpretación convencida de que esa carrera sería la vía definitiva hacia el dominio del idioma. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. “Siempre suspendía inglés en la carrera… ya que para entrar a esa carrera necesitabas un buen nivel de entrada de inglés”, comenta.

Así, la frustración se acumuló curso tras curso. “Sentí mucha frustración de no poder aprobar. Y eso me hizo reflexionar y entender qué me pasaba. Y entendí que suspender no era indicio de nada. No me faltaba capacidad ni talento, sino que ese enfoque educativo no encajaba conmigo en ese momento”, señala.

Incluso cuando aprobó, la sensación fue agridulce. “Recuerdo que el listening de ese examen era muy forzado y no se parecía en nada al inglés hablado por un nativo”. Aquello confirmó su decisión: “Yo quería hablar como una persona nativa, y no como en los listenings”, dice.

Fluidez, no perfección

Pilar rechaza frontalmente la idea de un inglés perfecto. “No creo en la perfección de nada”, afirma. Su objetivo siempre fue otro: “Creo en la fluidez y en la comodidad a la hora de hablar un idioma y expresar las ideas fácilmente”.

Durante años persiguió el acento ideal, hasta entender que el camino no termina nunca. “Cada día que pasa me doy cuenta de lo mucho que me queda por mejorar”, dice.

Aun así, hubo un momento simbólico que marcó un antes y un después. “La primera vez que me sentí bilingüe fue cuando estuve en Bristol, en 2022… estaba con dos amigas en un pub con mucho ruido, y yo me enteraba de todo, participaba en la conversación. Por primera vez me di cuenta de que lo estaba consiguiendo”, asegura.

El covid, Escocia y el nacimiento de los vídeos

El confinamiento intensificó su inmersión lingüística. “En el covid empecé a consumir muchos vídeos de internet en inglés”. Poco después llegó un Erasmus en Escocia, elegido estratégicamente. “Elegí un sitio donde sabía que no habrían muchos españoles. No quería ni cruzarme con españoles para no tener que hablar castellano”.

La experiencia fue breve pero intensa. “Estuve en un piso con siete personas de distintas nacionalidades… hablé mucho con una croata y un escocés”. El cierre de fronteras truncó el plan, pero no la transformación. Por lo que, de vuelta en España, los problemas con la convalidación del Erasmus terminaron de empujarla fuera de la carrera. “Tuve que repetir tercero de nuevo. La carrera no me gustaba, así que decidí dejarla de lado”.

Fue entonces cuando surgió la idea de grabar vídeos. “Decidí dedicarme a aprender todo lo posible y más desde casa, así que me vino la idea de hacer vídeos, en un principio para conseguir alumnos para darles clases particulares”. El impacto fue inesperado. “No tenía expectativas pero sí mucha intuición”, comenta.

El método Pippi: aprender como le hubiera gustado aprender

El éxito de sus vídeos dio forma a un método propio. La base es clara: “La práctica da seguridad y la repetición aún más”, dice Pilar, quien reúne en un mismo espacio todo lo que a ella le funcionó. “En cualquier curso tradicional, aprender palabras sueltas suele complicar más que ayudar”.

Por tanto, su propuesta se basa en el contexto. “Hay que consumir un contenido que te guste… es mejor cinco minutos al día que cinco horas en un día. Cuando el idioma se repite de forma natural, ocurre algo clave: No memorizas, sino que lo interiorizas”, explica. “Cuando escuchas inglés de forma habitual, las bromas, las estructuras, las ironías y los contextos se repiten. Y llegas un punto en el que incluso llegas a apreciar la cultura”, añade.

Así, la base del plan de Pippi comienza por ofrecer toda la gramática esencial del inglés. “Partimos desde lo más básico a lo más avanzado. Y ahí comprende toda la gramática. Estos son los cimientos sólidos”, dice. Aparte hay cursos, análisis de entrevistas, desafíos, podcast organizados por niveles. Y la comunidad puede interactuar, comentar a través de un chat donde Pilar resuelve cualquier duda.

El inglés como menú

La metáfora gastronómica resume su visión pedagógica. Los aperitivos son “frases y estructuras básicas que utilizamos todo el tiempo”. Los platos principales, “las estructuras, los tiempos verbales y las expresiones de una conversación real”. Y los postres, “las expresiones idiomáticas, el humor, los matices… todo lo que le da personalidad a tu inglés y te hace sonar cooler”.

Para Pilar, el mayor error de los españoles al aprender inglés es el de “querer hablar perfecto antes de saber hablar”. “Tendemos a pensar que si no tenemos un acento perfecto, mejor no hablamos. Y esto produce mucho bloqueo e inseguridad. Y eso nos lleva a pensar que esto no es lo mío. Por eso en el plan de Pippi quiero desmontar esto desde la base”, expresa.

Asimismo, defiende que “el error no es el problema, el problema es el silencio”. “Yo lo que quiero crear, y esto es muy importante, es un entorno seguro en el que no haya miedo a equivocarse. Se mejora cuando nos equivocamos, no cuando buscamos la perfección”.

Sonar “cooler”

Pilar siempre despide sus vídeos con la palabra “cooler”, la cual, para ella, adquiere una importancia singular. “Algo cooler es cualquier cosa que los nativos dicen en su día a día y que suena super natural y guay. Un ejemplo lo encontramos en “¿Cómo estás?”, que lo solemos traducir como: “How are you?”, pero para sonar más nativo podemos decir: “How are you doing?”, que es “¿Qué tal todo?”, explica.

Además, las canciones, las series y la cultura pop juegan un papel fundamental en el plan de Pippi. “La cultura pop hace que el inglés se convierta en algo vivo y no en una asignatura académica. Cuando empecé, me empapé de ver series y películas en inglés, y si me gustaba un actor, un actriz o una cantante, empezaba a ver sus documentales y sus videos, y ahí me di cuenta de cómo hablaban y cómo se expresan”, dice. 

Pero para muchas personas, el tiempo de dedicación a aprender el idioma no es muy amplio. Así, Pippi recomienda ponerse objetivos realistas y claros. “Si el objetivo es demasiado grande, abruma y cuando abruma abandonamos, y esto no puede pasar. Si tenemos 15 minutos, deberíamos dedicar bloques semanales. Y esa semana lo dedicas solo a una cosa. La clave es ir creando un hábito”, comenta.

Desde sus primeros vídeos hasta hoy, Pilar reconoce una evolución a mejor. “Además de mi lenguaje verbal al ir conociendo mejor el idioma, mi lenguaje no verbal también ha mejorado. Ahora transmito más confianza… antes me movía mucho porque me daba vergüenza. Además, ahora cuido mucho más la estética de mis videos. Estoy más tranquila delante de la cámara”.

Pilar con su libro: 'Inglés cooler'

Reconciliarse con el inglés

Y lo que más le emociona es ver cómo hay gente que lleva décadas con el inglés atravesado, personas con distintos contextos, pero todas comparten algo: "que llegan al inglés con frustración y con la sensación de que esto no es para ellos. Y me emociona cuando se sienten entendidos y no juzgados. No solo vienen a aprender inglés, sino a reconciliarse con él”, manifiesta.

Por último, Pilar decidió llevar sus conocimientos a un libro, un paso que define como una consecuencia natural. “En el libro cuento mi historia, y todos esos momentos de frustración. Y eso hace que las personas se identifiquen conmigo ya que hablo desde el mismo lugar en el que se encuentran ellos. Lo que quiero transmitir es que aprender inglés siempre es posible”, dice.

Su mensaje es claro y esperanzador: “Para aprender, solo hay que querer, no desde la presión, sino desde el compromiso con uno mismo. Cuando abres el libro, lo primero que encuentras es un contrato con uno mismo y eso hace que la gente lo firme y diga, ‘esto lo voy a conseguir’. En mi caso, yo no tengo un don, solo hubo decisión y constancia”, concluye.