Salud mental

Una psicóloga, sobre los peligros detrás de la frase "déjame en paz" dicha por adolescentes: "Puede haber mucho malestar"

Frame de la serie 'Adolescencia'. Netflix
Compartir

Desde hace seis años cada 2 de marzo se celebra el Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes con el objetivo de sensibilizar y apoyar la salud mental de los jóvenes en una etapa de gran vulnerabilidad en la que se viven grandes cambios.  

La salud emocional de los menores y adolescentes, en España y todo el mundo, ha ido empeorando en las últimas décadas con relación a generaciones anteriores. No existe una única causa sino varios factores interrelacionados han llevado a nuestros jóvenes a tener problemas de ansiedad, depresión o trastornos de comportamiento entre otros.

PUEDE INTERESARTE

Las desigualdades socioeconómicas, uso intensivo de redes sociales, incertidumbre laboral y expectativas de futuro son algunos de los motivos por los que uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años (el 14,3%) padece algún tipo de trastorno mental, según recoge la Organización Mundial de la Salud en su último informe.

Cuando un trastorno de salud mental de un adolescente no se trata, sus consecuencias se extienden a la edad adulta, perjudican la salud física y mental de la persona y limitan sus posibilidades de llevar una vida plena.

PUEDE INTERESARTE

Patricia Gutiérrez Albaladejo psicóloga y profesora universitaria, creadora del proyecto ‘Familiando’, ha explicado en Informativos Telecinco la importancia de la divulgación rigurosa y con evidencia científica para poder ayudar a los adolescentes y a sus familias en una etapa donde es esencial “cambiar la mirada”.

“Parece que todo lo que cae después de la palabra adolescente es malo y no. Hay que ver la adolescencia de otra manera. Ellos tienen que sentir que también les admiramos porque somo muchas veces muy feroces en la crítica con el adolescente y les reforzamos poco” recoge la experta.

Comportamientos a los que prestar atención

Los adolescentes difícilmente verbalizarán con claridad que están sintiendo malestar, pero con su actitud pueden estar mandando señales de auxilio a las que es necesario atender, comportamientos en los que fijarnos. Patricia Gutiérrez Albadalejo considera que son muy importantes tener en cuenta tres de ellas.  

  • Aislamiento

“Atribuimos que nuestros los adolescentes se aíslan en su habitación y conectan con la pantalla porque lo están eligiendo, pero muchas veces no es una elección y detrás está una soledad no deseada.

"Si hay un excesivo aislamiento en la habitación nos tiene que saltar la alarma"

Cuando los menores tienen relaciones de proximidad e intimidad, tiene un grupo de iguales con los que relacionarse, con los que tiene referencia, hace planes y se siente integrado, siente que pertenece, fenomenal. Pero si eso no ocurre, es una señal de que algo está sucediendo. Si hay un excesivo aislamiento en la habitación nos tiene que saltar la alarma.”

La fundadora de ‘Familiando’ alerta de una tendencia preocupante en la actualidad y que se debe considerar, las “relaciones parasociales. Es esta propensión de creer que esas figuras que están en pantalla te entienden, te comprenden, que dan el mensaje justo, pero no son tus amigos, no los conoces de nada. El instagramer de turno, el youTuber de turno, creen muchos adolescentes que esa es su tribu, pero no es real.”

  • Sueño

Otro de los comportamientos que también se deben tener en cuenta es el sueño y las señales de alarma serían que a “nuestro adolescente le cuesta mucho dormirse, incluso tiene insomnio y se levanta por la noche”.

“Vemos que los fines de semana se acuesta muy tarde, tiene un sueño muy poco regulado, duerme muy pocas horas” puede ser un síntoma de que algo está pasando si sucede con asiduidad.

  • Alimentación

Cómo se alimenta también nos puede dar “información de cómo está su salud mental”. Porque muchas veces la comida es “un tapón emocional”.

La docente diferencia los trastornos de alimentación con que se utilicen “ciertos alimentos más calóricos como ansiolíticos”. “La bollería, patatas y todo lo que tiene más glutamato nos da tranquilidad a nivel de cerebro…vemos que se relaciona con la comida de una forma un poco extraña”.

Las frases que deben despertar alerta

Dejando atrás la parte comportamental, la psicóloga se centra en las frases y comentarios que, dichas de forma insistente en el tiempo y de forma intensa, nos expresan un desasosiego en el adolescente.

Entre las expresiones que deben alarmarnos se encuentra aquellas que tienen hacia lo catastrófico. “’Para esto no merece la pena vivir’/ ‘No me entienden’/ ‘Prefiero estar solo’ o ‘Nadie sabe lo que estoy pasando’ son frases que nos hablan de su dolor, de su preocupación. No nos hablan, pero nos denota este sufrimiento por parte del adolescente.

Un adolescente es muy difícil que articule una petición de ayuda claramente del tipo “mamá estoy triste porque he discutido con un amigo y me da miedo quédame sin amigos y solo” porque principalmente les cuesta identificarlo.

Otro de los signos de alarma que deben hacernos pensar es cunado en una conversación normal “está especialmente irritable y gestiona una petición desde el ataque, incluso nos ataca a nosotros como padres o hermanos”.

"Hay un cóctel emocional de frustración, impotencia, rabia o miedo"

La experta resalta que en estas situaciones donde se hace una propuesta que no es conflictiva, detrás de la contestación “déjame en paz” puede haber mucho malestar, “hay un cóctel emocional de frustración, impotencia, rabia o miedo”.

Es en ese momento cuando aconseja que los padres no lo tomen como algo personal o sentirnos atacados tras su comunicación agresiva, sino que nos preguntemos “¿qué ha tenido que pasar para que nuestro hijo nos hable así?”.

“No quiere decir que ante nuestra flexibilidad y ante nuestra escucha activa, nuestro adolescente empiece de repente, de manera inmediata, a comunicarse de una forma flexible, educada y empática. A lo mejor recibimos igualmente un déjame en paz a ti que te importa. Pero le hemos mostrado un modelo adecuado de gestión comunicativa, que es la clave”.

“El soporte, la escucha y la compresión” por parte de los adultos en la vida del adolescente son clave para la etapa convulsa y de cambios que viven sin dejar de lado “los límites”, concluye Patricia Gutiérrez Albadalejo.

Las chicas son más vulnerables ante los problemas de salud mental

Un 86 % de chicas señala haber sufrido o conocer a otra joven que ha tenido algún problema de salud mental y el 15 % declara tener problemas concretos, el doble que los chicos (7 %), según el último informe de Plan Internacional sobre el estado de la adolescencia en España.

Los trastornos más comunes son la ansiedad, la depresión y, en menor medida, los pensamientos suicidas y los trastornos alimentarios.

Casi 4 de cada 10 chicas dicen haber sufrido ataques de ansiedad o pánico, frente al 23 % de los chicos, mientras que la depresión la sufre el 26 % de chicas y el 17 % de chicos.

Lo mismo ocurre con los pensamientos suicidas, la encuesta señala que está presente en el 23 % de ellas y los trastornos de la conducta alimentaria en el 22 %.

El Instituto de Salud Carlos III y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM) han recordado en su último congreso sobre conducta suicida en la población joven que en 2023 el número de muertes por suicidio en menores de 25 años ascendió a 200, aproximadamente el 5 % de todas las muertes por suicidio en España.

Y más del 96 % de los intentos de suicidio en hombres y mujeres, tienen como base un trastorno mental, la mayor parte trastornos de personalidad y trastornos relacionados con la ansiedad. Ambos ligados a factores de maduración psicológica, entorno familiar y social.

Factores de protección que fortalecen el bienestar emocional

  • Vínculos afectivos tempranos y estables, que refuercen el apego y la seguridad emocional.
  • Cohesión familiar y relaciones de apoyo, con adultos que acompañen sin sobreproteger.
  • Educación emocional en las aulas, que enseñe a gestionar emociones, pedir ayuda, respetar la diversidad y trabajar en equipo.
  • Entornos seguros y libres de violencia, que prevengan el trauma, el acoso o la discriminación.
  • Participación en la comunidad, fomentando el sentido de pertenencia y la empatía.