El cambio crucial en la rutina que una experta en sueño recomienda para dormir mejor en otoño: "No entienden por qué insisto tanto"
¿Se duerme peor en otoño que en verano? Roser Gort, psicóloga especializada en sueño, analiza por qué pasa y aporta claves para descansar mejor
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Después de un verano donde en muchos puntos de España se alcanzaron temperaturas récords, considerándose el verano más caluroso en 150 años, descansar bien es casi una lucha diaria. El sueño se ve afectado por las altas temperaturas, y cuesta mucho más conciliarlo cuando el espacio de descanso no tiene una buena temperatura para ello, que suele estar entre los 18 y 21 grados. Si en la habitación hace 29 grados, el cuerpo no puede expulsar el calor antes de relajarse y dormir. Tu cuerpo está cansado pero no puede conciliar el sueño porque el ambiente no lo permite. Lo aconsejable, por lo tanto, sería bajar esa temperatura en la habitación, a través de la ventilación o de los aires acondicionados, si los hay en la vivienda. El calor, igualmente, resta horas de sueño, por eso la sensación en esta estación es de no descansar lo suficiente.
Con la llegada del otoño supuestamente bajan las temperaturas y es más fácil descansar bien. Podemos hasta incluso taparnos un poco, algo que resulta muy agradable. Pero muchos siguen sin poder descansar, ¿es normal? ¿Por qué tampoco ahora podemos dormir? Esta es la respuesta que nos da la psicóloga y divulgadora científica, Roser Gort, que colabora con la Clínica del Sueño Estivill y participa en proyectos relacionados con el sueño, la salud mental y los ritmos circadianos. "Yo esto lo explico con quesitos, como los del Trivial. Imagina que tu vida es un círculo entero, tu cien por cien, y está repartido en trozos. Un trozo es la pareja, otro los amigos, otro el trabajo, otro el deporte o lo que te guste hacer. En verano casi todos los quesitos encuentran su sitio. El círculo está bastante equilibrado. Pero llega septiembre, y el trabajo vuelve, y no vuelve pequeñito, vuelve grande. Y como el círculo no puede crecer, porque el día sigue teniendo 24 horas, el trozo del trabajo se hace grande a costa de los demás y esa tensión se va acumulando. ¿Y dónde se nota? Por la noche".
Roser, que, además, acaba de publicar 'El sueño lo cura todo' (Bruguera, 2026), explica que si llevamos catorce horas acumulando tensión sin soltarla en ningún momento, llegamos a la cama agotados pero con la cabeza encendida. "Por eso yo digo que el sueño casi nunca es el problema. El sueño es el aviso. Es como la luz del coche que se enciende en el salpicadero. La luz no está estropeada, te está diciendo que mires el motor. Así que cuando alguien me dice que en septiembre duerme mal, lo primero que miramos no es su noche, sino su círculo. Y casi siempre hay un quesito que se ha comido a los demás".
Qué hacer en otoño para descansar bien
¿Qué se puede hacer para descansar mejor en otoño? Una de las primeras recomendaciones tiene que ver con la hora a la que te despiertas. Ella recomienda despertarse siempre a la misma hora, aun siendo fin de semana. "Y quiero explicar el porqué, porque es un consejo que muchos me han escuchado decir y casi nadie entiende por qué insisto tanto. Tu cuerpo tiene un reloj interno, y ese reloj se mueve despacio. Cuando le cambias el horario, tarda en ponerse al día. Más o menos un día por cada hora de cambio. Si hoy coges un avión al Caribe, llegas con seis horas de diferencia de golpe y tienes jet lag. Estás unos días encontrándote raro y con sueño a deshora".
El problema no es cambiar de hora. El problema es cambiarla deprisa. Dale tiempo al cuerpo y se adapta a lo que sea. Dáselo de golpe y no puede.
Y esto es justo lo que hacemos cada fin de semana. El sábado nos levantamos dos horas más tarde, en un solo día. Eso es coger el avión, no el barco de Colón. El lunes tu cuerpo va con dos horas de retraso y necesita un par de días para volver a estar en hora. Llegas a mitad de semana desajustado y el siguiente sábado ya vuelves a moverlo todo otra vez.
Pero hay algo más importante todavía. El cambio no cuesta lo mismo en las dos direcciones. Acostarse más tarde es facilísimo. Acostarse más temprano es dificilísimo. Alargar el día sale solo y acortarlo cuesta mucho.
Por eso el viernes te acuestas dos horas más tarde sin ningún esfuerzo y el domingo, cuando toca volver atrás, no puedes. De viernes a sábado es fácil. De domingo a lunes es durísimo. De hecho, mucha gente el domingo se mete en la cama a las once y no se duerme hasta la una. No es solo la ansiedad por el lunes, es que su cuerpo sigue en horario de sábado.
Eso sí, si eres una persona que duermes bien, no hace falta cumplirlo al milímetro. Pero si te cuesta dormir, esto es lo primero de todo.