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El método de los 10 minutos para ordenar la casa sin agotarse: por qué algunos expertos lo consideran más eficaz que una gran limpieza

Este método propone centrarse en una zona concreta
Este método propone centrarse en una zona concreta. Pexels
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MadridHay días en los que tan solo al mirar por casa es suficiente para perder las ganas de empezar. Ropa sobre una silla, papeles acumulados, una encimera llena de trastos o varios cajones que llevan meses esperando una limpieza. Pensar en ordenar la casa pasa de ser una pequeña lista de tareas en un proyecto que puede durar varias horas.

Cada vez se popularizan más los métodos basados en intervalos breves frente a las grandes sesiones de limpieza y organización: escoger una zona, poner un temporizador de diez minutos y parar cuando termine el tiempo. La propuesta resulta especialmente atractiva para quienes sienten que nunca tienen una tarde o una mañana libre para poder ordenar.

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Diez minutos son suficientes para comenzar

La principal ventaja de dedicar solo diez minutos a ordenar no está en la cantidad de cosas que se pueden recoger durante ese período de tiempo, sino en que reduce la sensación de esfuerzo antes de empezar. Ordenar toda la casa de golpe puede parecer una tarea muy grande, sin embargo, despejar una mesa, ordenar una balda o revisar un cajón es mucho más asumible.

Este enfoque está vinculado al método KonMari, en el cual se propone utilizar pequeños hábitos diarios para evitar que el desorden vuelva a acumularse. Este método propone usar estos 10 minutos para devolver a su lugar los objetos que no estén en su sitio. Se trata de una estrategia sencilla para mantener el espacio bajo control.

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Pero esta práctica no debe confundirse con el método original desarrollado por Marie Kondo. Su propuesta clásica plantea realizar una reorganización más profunda de las pertenencias, agrupándolas por categorías y tomando decisiones sobre qué conservar y qué no. Estos diez minutos permiten afrontar pequeñas zonas, mantener lo que ya está ordenado y evitar que las tareas pendientes puedan terminar siendo una limpieza mucho más grande.

El verdadero obstáculo suele estar antes de empezar

Una habitación desordenada puede requerir una hora de trabajo, pero el primer problema suele aparecer antes: tomar la decisión de ponerse a ello. Cuando una tarea se percibe como demasiado grande, resulta fácil aplazarla. Por ejemplo, ordenar toda la casa no da un punto de comienzo claro.

Cuando se reduce a ordenar el armario de la cocina, cambia la situación. Hay una acción definida, un límite temporal y un final cercano. La investigación sobre consecución de objetivos muestra precisamente que convertir una intención general en un plan específico puede facilitar el paso a la acción. Cuanto más concreto es el plan, más fácil es ejecutarlo.

Otra ventaja aparece cuando esos diez minutos se vinculan siempre al mismo momento: después de cenar, antes de ducharse o justo antes de sentarse a ver una serie.

Cuando el desorden da la sensación de no terminar nunca

Una casa desordenada no siempre está realmente “muy desordenada”. A veces es suficiente con que existan varios focos abiertos al mismo tiempo para tener la sensación de que el caos es mucho mayor: ropa encima de una silla, papeles en la mesa, objetos que han ido quedándose en la encimera o cosas que llevan días esperando volver a su sitio.

El problema llega cuando todo eso se ve como una única tarea enorme. En lugar de pensar que hay que guardar cinco cosas, la mente lo traduce en ordenar la casa. Es entonces cuando resulta mucho más fácil posponerlo.

Además, el desorden cotidiano tiene una característica particular: nunca parece estar completamente terminado. Se recoge el salón y poco después vuelve a aparecer una taza, una chaqueta o el correo del día. Se ordena la cocina y unas horas más tarde hay que volver a usarla. Si el objetivo es conseguir que todo permanezca perfecto, la sensación puede resultar frustrante.

Por eso, los métodos basados en intervalos de tiempo asumibles encajan muy bien con la vida real. En diez minutos puede que no desaparezca todo el desorden, pero sí que puede quedar despejada una superficie, vaciarse una silla llena de ropa o recuperarse una zona que llevaba días acumulando objetos.

El cambio visual, aunque sea pequeño, también ayuda a que la tarea deje de parecer interminable. Una habitación no necesita quedar como una foto de revista para sentirse más ordenada. Muchas veces es suficiente con eliminar aquello que más llama la atención: recoger lo que está fuera de sitio, despejar una mesa o guardar los objetos que generan mayor sensación de caos.

La idea no es perseguir continuamente una casa impecable, sino evitar que pequeñas cosas pendientes terminen creciendo hasta necesitar una tarde entera. Cuando el orden se incorpora en dosis pequeñas, deja de convertirse en esa gran tarea que siempre parece estar esperando para el fin de semana.