Las piscinas de Lemoa se llenan de excrementos y el Ayuntamiento contraataca con multas de hasta 3.000 euros y vetos de cinco años para darse un chapuzón

Lemoa llama al civismo y advierte de duras sanciones, en los casos más graves hasta cinco años sin poder entrar a las piscinas
El reto más escatológico: las piscinas se llenan de heces
Bilbao“El verano ya llegó, ya llegó, ya llegó…”, así arranca uno de los temas musicales clásicos de esta estación, sinónimo de calor, vacaciones, playa, descanso, chapuzones piscineros y fiestas de pueblos, entre otras muchas. Claro, que desde hace unos años se repite una repugnante práctica, que amenaza con convertirse en otro clásico, la de aquellos que defecan en las piscinas públicas. La aparición de heces en el agua, un acto que muchos relacionan con el resurgimiento de retos virales en redes sociales.
Recién estrenado el verano, aunque en muchas localidades vascas, las piscinas municipales llevan ya, al menos, un par de semanas en funcionamiento, ya se han registrado incidentes de este tipo. En el municipio vizcaíno de Lemoa en los 17 días que llevan estas instalaciones en funcionamiento, se han hallado excrementos en alguna de las dos piscinas, una grande y otra pequeña, en varias ocasiones.
Cada vez que ocurre, se activa el protocolo sanitario que obliga cerrar temporalmente la piscina y proceder a efectuar la limpieza y desinfección. El Ayuntamiento de esta localidad vizcaína advierte de que la ordenanza municipal contempla, para los casos más graves, hasta 3.000 euros de multa y la prohibición de acceder a las piscinas durante un lustro.
La piscina no es un retrete
El pasado verano, algunos debieron confundir la piscina con el retrete y en localidades como Orduña o Sopela la aparición de heces en el agua obligó a desalojar y prohibir el baño casi una veintena de veces. La reincidencia hizo sospechar que lejos de tratarse de un accidente, podría deberse a una especie de reto viral en el que anima a los usuarios a replicar el desafío de defecar en la piscina.
En Lemoa, el Ayuntamiento ha hecho un llamamiento al civismo de los usuarios para evitar estas reiteradas clausuras que afectan al buen servicio de estas piscinas públicas, al disfrute de otros usuarios y a las arcas municipales por el coste que implica la desinfección. Además, cagar en el agua puede acarrear una sanción de hasta 3.000 euros, y la prohibición de acceder a las piscinas durante cinco años.
Mientras tanto, en otros municipios como Portugalete, donde las instalaciones de Pando Aisia y de Muelle de Churruca, estarán abiertas hasta el próximo 18 de septiembre, se ha incrementado la presencia de seguridad privada en los horarios de máxima afluencia, entre el 16 de junio hasta el 31 de agosto, para garantizar la convivencia entre las personas usuarias.
Cómo se procede tras hallar excrementos en el agua
Defecar en una piscina compromete la salubridad del agua y la seguridad de los bañistas, además de suponer un importante coste económico y organizativo. Cada vez que se detectan heces en el agua, hay que desalojar la piscina afectada, retirar manualmente los restos visibles y poner en marcha el protocolo sanitario específico, que incluye: una cloración de choque del agua, la aplicación de productos desinfectantes y la limpieza del fondo mediante robot automático. Este proceso conlleva el cierre preventivo de la piscina durante un periodo mínimo de entre 8 y 24 horas, en función del tipo de contaminación detectada.
No es lo mismo intervenir en agua previamente tratada que en agua limpia, y en casos de heces líquidas o muy dispersas, resulta imprescindible una limpieza más profunda que garantice la eliminación total de restos biológicos. La reapertura de la instalación solo se autoriza una vez verificados los niveles de cloro y demás parámetros físico-químicos, conforme a la normativa sanitaria vigente, garantizando así un entorno seguro y saludable para todas las personas usuarias.