'Vuelan' las campanas de las ermitas en las zonas rurales vascas: ¿Quiénes están detrás de estos robos y para qué las quieren?
Se sospecha que puede tratarse de una banda especializada que actúa con inusitada rapidez para luego fundirlas
Un pueblo alavés frustra el plan de unos ladrones para robar las campanas de su ermita y huyen sin el botín
San SebastiánDesde hace un tiempo hay quienes se han empeñado en silenciar el lenguaje de las campanas, ése en el que, según el repicar, lo mismo se llama a los fieles a misa, que se anuncia una boda o un toque de difuntos. Una costumbre que resiste al paso del tiempo sobre todo en las zonas rurales. Y no, no nos referimos a los turistas o urbanitas a los que les molesta el sonido de las campanas de la iglesia del pueblo, en el que pasan unos días, hasta el punto de querer amordazar el badajo para evitar que siga golpeando la campana.
En realidad, hablamos de los ladrones que, sin importarles sus dimensiones, peso o altura, se las ingenian para descolgarlas y llevárselas, dejando a ermitas y otros templos sin campanas.
Pese a lo que pudiera parecer, lejos de ser algo anecdótico, en Euskadi proliferan este tipo de robos. El último incidente se ha registrado en Zestoa, donde la campana de la ermita de San Lorenzo, literalmente, ha desaparecido esta semana.
Sin campana, también se han quedado recientemente seis ermitas rurales de las comarcas vizcaínas de Lea-Artibai y del Duranguesado. Además, de la Ermita de Oro en Álava. Detrás podría haber una banda especializada que las sustraería para fundirlas rápidamente y vender el bronce, cobre o el material del que estén hechos, en el mercado negro.
Ladrones hábiles
En octubre del año pasado cuando medio mundo andaba pendiente del famoso robo del Louvre, en el que varios ladrones disfrazados de obreros robaron a plena luz del día nueve valiosas piezas de las joyas de la Corona Francesa. En Álava, otros ‘amigos de lo ajeno’ acometieron un robo menos mediático pero no menos audaz, y es que los ladrones fueron capaces de descolgar, de la noche a la mañana, una campana de dos toneladas de la ermita de Oro, con tanto esmero y cuidado que tras de sí, solo dejaron una verja forzada.
Menos hábiles han sido quienes se han llevado la campana de Zestoa, probablemente la semana pasada, ya que para llevársela han provocado daños en la torre de la ermita así como desperfectos en el tejado del pórtico.
En todos los casos se trata de edificios aislados, sin vigilancia permanente y ubicados en parajes remotos o zonas poco habitadas. Sólo en Vizcaya hay 451 ermitas dispersas por toda su geografía, algunas de ellas son muy vulnerables al estar bastante aisladas. Las sospechas apuntan a una banda que acomete estos robos de forma profesional, con una depurada y sistemática técnica que les permite llevarse el voluminoso botín de forma increíblemente rápida.
Aunque, a veces, no tanto...
La diócesis de Bilbao denunció este año ante la Ertzaintza el robo de seis campanas y la Ertzaintza puso en marcha un dispositivo específico de control, reforzando las patrullas rurales, alertando a los vecinos de los barrios próximos a las ermitas y solicitando el apoyo de las personas responsables del mantenimiento de estos edificios.
Frenar estas sustracciones no parece sencillo, aunque desde luego, tampoco es imposible. El mejor ejemplo está en un pequeño pueblo alavés en el que varios vecinos sorprendieron y ahuyentaron a dos ladrones cuando estaban con las manos en la masa. Ocurrió en marzo, en la ermita de Santa Coloma en Álava, un templo del siglo XIV ubicado en un lugar recóndito con poco más de una decena de vecinos por la zona. No imaginaban que algunos lugareños les iban a cazar 'in fraganti' e iban a tener que huir a la carrera en un vehículo de gran tonelaje, del que no se molestaron ni en tapar la matrícula.