Sequía

La paradoja de la sequía en Galicia: un invierno muy húmedo no evita la falta de agua en verano

Galicia puede sufrir sequía este verano después de meses de lluvias excepcionales. INFORMATIVOS TELECINCO
  • La comunidad atraviesa una sequía meteorológica tras registrar una primavera con un 46 % menos de lluvia de lo habitual, aunque los embalses mantienen buenos niveles gracias a las precipitaciones del invierno

  • Los expertos distinguen cuatro tipos de sequía y explican por qué la falta de lluvias no siempre implica restricciones inmediatas de agua

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Hablar de sequía en Galicia después de un invierno marcado por lluvias históricas puede parecer una contradicción. Sin embargo, esa es la situación en la que se encuentra actualmente buena parte de la comunidad, que permanece en prealerta por sequía pese a que hace apenas unos meses los registros de precipitaciones fueron excepcionales.

La explicación está en la evolución del tiempo durante la primavera. Tras un invierno especialmente húmedo, las lluvias desaparecieron casi por completo durante varios meses, dando lugar a un importante déficit de precipitaciones que ya ha provocado la aparición de la denominada sequía meteorológica, el primer nivel dentro de este fenómeno.

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De un invierno histórico a una primavera extremadamente seca

Entre diciembre y febrero, numerosas zonas del oeste gallego registraron acumulaciones cercanas a los 2.000 litros por metro cuadrado. En ciudades como Vigo llegaron a recogerse 865 litros en solo tres meses, una cifra que supone casi la mitad de toda la lluvia que suele caer en un año normal.

Sin embargo, ese escenario cambió por completo con la llegada de la primavera. Entre marzo y mayo, Galicia recibió únicamente 160 litros por metro cuadrado, alrededor de un 46 % menos de lo habitual para esa época del año. En Vigo, entre marzo y junio apenas se contabilizaron 139 litros, reflejando un acusado descenso de las precipitaciones. Esta ausencia prolongada de lluvias es la que ha motivado la situación actual de prealerta, aunque por ahora el impacto se limita principalmente al ámbito meteorológico.

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La primera fase: cuando deja de llover

Los especialistas diferencian varios tipos de sequía que aparecen de forma progresiva. La primera es la sequía meteorológica, que se produce cuando las precipitaciones permanecen durante un periodo prolongado por debajo de los valores normales.

Para medir esa situación se utiliza el denominado Índice Estandarizado de Precipitación (SPI), un indicador que compara la lluvia registrada con la media histórica en distintos periodos de tiempo. Cuando ese índice desciende por debajo de determinados valores, se considera que existe sequía.

A finales de junio, Galicia presentaba un SPI de -1,35 en el cálculo correspondiente a los últimos tres meses, un valor que sitúa a la comunidad en una situación de sequía moderada, consecuencia directa del escaso volumen de lluvia registrado durante la primavera.

Los cultivos son los siguientes en notarlo

Si la falta de precipitaciones continúa, el siguiente nivel es la sequía agrícola, que aparece cuando el suelo pierde la humedad necesaria para cubrir las necesidades de los cultivos.

Este proceso suele desarrollarse con rapidez, ya que la tierra responde antes que los ríos o los embalses a la ausencia de lluvia. Su impacto depende de factores como el tipo de cultivo, las características del terreno o la existencia de sistemas de riego, por lo que sus efectos no son iguales en todas las zonas.

Los embalses todavía resisten

La sequía que habitualmente percibe la población es la hidrológica, que llega cuando disminuyen de forma significativa los caudales de los ríos, los acuíferos o las reservas de los embalses.

En Galicia esa situación todavía no se ha producido gracias a las abundantes lluvias del invierno, que permitieron recargar las reservas de agua. En estos momentos los embalses de la comunidad almacenan alrededor del 67 % de su capacidad, un nivel que, por ahora, garantiza el abastecimiento. Además, los indicadores de precipitación a seis y doce meses siguen ofreciendo valores positivos, lo que refleja que el déficit de lluvia solo afecta al periodo más reciente.

El objetivo es evitar restricciones

La última fase es la sequía socioeconómica, la más grave de todas, ya que es cuando la escasez de agua empieza a afectar directamente a la población, la agricultura, la ganadería, la industria o la producción energética.

Precisamente por ese motivo se ha activado la prealerta en Galicia. El objetivo es anticiparse a una posible evolución del episodio actual y adoptar medidas preventivas antes de que la falta de precipitaciones termine repercutiendo en las reservas de agua y obligue a aplicar restricciones o limite la actividad de determinados sectores.

Por ahora, la comunidad dispone de recursos hídricos suficientes gracias al extraordinario invierno que dejó atrás, pero la evolución de las próximas semanas será determinante para comprobar si la actual sequía meteorológica queda en un episodio puntual o termina avanzando hacia fases con mayores consecuencias.