Motor

Una señal que aparece en el salpicadero puede avisar de una avería grave, aunque muchos conductores la ignoran

Salpicadero con la señal de la aceitera en rojo. Telecinco.es
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El cuadro de instrumentos de un turismo moderno acumula tantos pilotos, iconos y avisos luminosos que casi resulta imposible conocer todos de memoria. La mayoría se activan solo para informar y no piden ninguna reacción. Sin embargo, unos cuantos sí que avisan de algo más serio.

Entre ese puñado hay una señal concreta que si se ignora, acaba, con más frecuencia de la deseable, en la destrucción total del motor. Es la aceitera roja, un pequeño icono con forma de bidón que aparece encendido en el centro del salpicadero cuando la presión del aceite en el circuito de lubricación cae por debajo del umbral que el fabricante ha considerado seguro. Los mecánicos coinciden en que buena parte de los motores gripados que llegan a los talleres es por culpa del propietario, que vio la luz, no supo interpretarla y siguió circulando unos minutos más.

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La confusión que multiplica el problema

El equívoco más frecuente nace del propio diseño de los cuadros de instrumentos. La mayoría de los coches modernos disponen de varios avisos relacionados con el aceite, y su significado varía radicalmente según el color

  • El testigo amarillo o ámbar con forma de aceitera indica un nivel de aceite bajo, pero no crítico. El coche puede seguir circulando con precaución algunos kilómetros hasta el taller o la próxima estación de servicio, y rellenar el depósito con el lubricante recomendado por el fabricante suele resolver la incidencia. 
  • El testigo rojo, en cambio, es una advertencia mucho más importante. No informa de un nivel bajo, sino de una caída grave de la presión con la que el aceite circula por los conductos internos del motor. Ignorar un testigo de aceite rojo puede causar averías muy costosas en el cigüeñal, los pistones e incluso llegar a gripar el motor por completo. 
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La diferencia que hay detrás explica la urgencia. Un motor de combustión moderno depende del bombeo continuo de aceite a presión para lubricar sus partes móviles. Cuando la presión cae, los cojinetes, los pistones y el cigüeñal empiezan a rozar directamente el metal contra el metal, generando calor extremo en fracciones de segundo y pueden gripar el motor en un intervalo que oscila entre unos pocos minutos y un par de kilómetros. La ventana que el conductor tiene para reaccionar tras la aparición del testigo rojo es breve. Y el gasto derivado de agotar esa ventana ronda o supera con frecuencia el valor de mercado del propio coche.

Qué hacer cuando la aceitera roja se enciende

El protocolo es tan sencillo como innegociable. Al ver encendido el testigo rojo, el conductor debe detener el vehículo lo antes posible en un lugar seguro y apagar inmediatamente el motor. No continuar circulando ni un metro más. No intentar llegar hasta el taller conocido si está a diez o quince kilómetros. Una vez detenido, la comprobación del nivel de aceite mediante la varilla o, en los coches sin varilla, mediante el sistema de infoentretenimiento, aporta información útil, pero no resuelve el problema si la causa es una avería de la bomba de aceite o una fuga masiva del circuito. 

En ese caso, rellenar el depósito con más lubricante prolonga la ilusión de que el coche está listo para seguir, pero la presión no se restablece porque el problema no está en la cantidad, sino en la capacidad del sistema para hacer circular el aceite. La única decisión sensata es llamar a la asistencia en carretera y trasladar el vehículo al taller con grúa.

Las causas más frecuentes de la señal roja

Bajo la aparente sencillez de este piloto se esconde un catálogo de averías internas que un mecánico profesional identifica con diagnosis y desmontaje. Las más habituales son la fuga de aceite, la avería de la propia bomba de aceite, el filtro completamente obstruido por acumulación de carbonilla e impurezas, la contaminación del aceite por gasolina que escapa desde los cilindros por segmentos desgastados, o el deterioro de la junta de culata, que suele acompañarse de un humo azulado abundante por el tubo de escape. 

En ocasiones el propio sensor de presión falla y envía una señal errónea a la centralita, provocando un aviso rojo que no corresponde a un problema real. Solo un diagnóstico profesional puede distinguir cuál es la causa concreta. Sin embargo, esto no cambia lo que el conductor debe hacer. 

La aceitera roja es probablemente la señal del salpicadero cuya interpretación correcta tiene el margen más estrecho entre la reparación menor y la destrucción del bloque motor. Los diez segundos que separan ver encendido el piloto de detener el vehículo pueden ahorrar los tres o cuatro mil euros de una reparación mayor. Y esos diez segundos son gratis.