El Lago de Sanabria es el mayor lago de origen glaciar de la Península Ibérica y el mayor sistema lacustre natural de España
El valle español que se tiñe de rojo, naranja y amarillo cada otoño y organiza decenas de actividades
Hay un lago en el noroeste de la provincia de Zamora que muy pocos españoles conocen, pero que cada año vive una transformación cromática comparable a la de los grandes bosques centroeuropeos. El Lago de Sanabria es el mayor lago de origen glaciar de la Península Ibérica y el mayor sistema lacustre natural de España, con 318,7 hectáreas de superficie, 51 metros de profundidad máxima y 1.000 metros de altitud media. Un glaciar cuyas lenguas de hielo llegaron a superar los 20 kilómetros excavó su cuenca hace más de cien mil años.
Hoy, sus aguas cristalinas se sitúan en el corazón del Parque Natural del Lago de Sanabria y Sierras Segundera y de Porto, y ofrecen durante las semanas centrales del otoño uno de los paisajes más sorprendentes de la mitad norte peninsular. Entre finales de octubre y mediados de noviembre, los bosques que rodean el lago viran del verde intenso al amarillo dorado, al naranja encendido y al rojo cobrizo, y las montañas se reflejan sobre el agua con una intensidad cromática que la mayoría de los visitantes españoles no imagina hasta que la ve.
Un vergel botánico en el límite de dos climas
La singularidad de este lago se sostiene sobre su geografía privilegiada. El parque se sitúa en la línea de contacto entre el clima atlántico y el mediterráneo, con laderas orientadas al norte y oeste que albergan flora atlántica y laderas al sur y este dominadas por vegetación mediterránea. La consecuencia es un catálogo botánico excepcional, con más de 1.500 especies vegetales, algunas únicas en la Península.
El bosque dominante es el robledal de roble melojo, conocido en la zona como "carballo", pero el catálogo incluye alisos junto al agua, fresnos y sauces en las riberas, abedules en las umbrías, acebos y tejos entre los pinares, castaños centenarios en las laderas medias, avellanos, serbales y hasta especies relictas de la última glaciación en las cumbres altas.
En otoño, esa mezcla produce el fenómeno que da carácter al paisaje. Los robles carballos amarillean y viran al ocre, los castaños se encienden en naranjas y marrones cálidos, los avellanos se tiñen de dorado suave y las riberas del propio Tera, el río que alimenta y desagua el lago, combinan sauces amarillos con alisos verdes que resisten hasta bien entrado noviembre. El agua del lago, sin oleaje, funciona como una suerte de espejo perfecto de todas esas capas.

Rutas para todos los perfiles
La ruta más completa para conocer el parque a pie es la Senda de los Monjes, un recorrido circular de 16 kilómetros que rodea por completo el lago desde el aparcamiento de Vigo de Sanabria. La primera mitad discurre por sendero forestal y camino tradicional, con vistas panorámicas continuas al agua y al paisaje otoñal; la segunda mitad combina tramos por carretera secundaria. El desnivel acumulado ronda los 400 metros, sin dificultades técnicas, y la duración media de cinco horas y cuarto con paradas la sitúa en la franja de dificultad baja para caminantes con forma física media.
Para quien prefiera algo más corto, la Senda de las Cascadas de Sotillo asciende por un bosque cerrado hasta uno de los saltos de agua más fotografiados del parque, con recorrido de ida y vuelta en tres horas. Y las Lagunas de los Peces y de las Yeguas, dos pequeños espejos glaciares en la parte alta de la sierra, ofrecen la panorámica cenital que a los senderistas les compensa la subida.
Los miradores accesibles en coche o con caminata mínima son cuatro: Custa Llago (la playa principal del lago), Mirador de Neveira, la zona alta de San Martín de Castañeda y el propio embarcadero de Ribadelago Nuevo.
Actividades y patrimonio
El lago acoge desde 2011 el catamarán eólico-solar Helios Cousteau, embarcación limpia que ofrece recorridos didácticos y turísticos durante todo el año. La piragua y el kayak son las mejores opciones para quienes prefieran remar entre las playas fluviales rodeadas de robledales. En otoño, las temperaturas del agua bajan y los deportes acuáticos se reducen, pero la micología entra en su mejor momento, ya que los bosques del parque son ricos en boletus, níscalos y otras especies muy buscadas por los aficionados españoles.
El patrimonio cultural cercano supone el colofón de cualquier escapada. El Monasterio de San Martín de Castañeda, románico del siglo XII con vistas privilegiadas sobre el lago desde el pueblo colgado en la ladera. Puebla de Sanabria, conjunto histórico-artístico con castillo del siglo XV, callejuelas empedradas y arquitectura popular sanabresa. Y Ribadelago, cuya memoria colectiva está marcada por la tragedia del 9 de enero de 1959, cuando la rotura de la presa de Vega de Tera arrasó el pueblo y mató a 144 personas: el pueblo se reconstruyó bajo el nombre de Ribadelago Nuevo unos kilómetros más abajo, y el original se mantiene como testimonio arqueológico visible.
