Redes sociales

Patricia Gutiérrez, psicóloga, sobre la prohibición de las redes a menores de 16 años en España: "Su impacto está más que estudiado"

Patricia Gutiérrez. Ivan Arribas / Cortesía
Compartir

Una de cada cuatro personas son adictas a los 'likes': según un reciente estudio de 'Cheerz', su motivación principal para subir fotos a redes sociales es recibir 'me gustas'. Los datos escalan cuando se pone el foco en las nuevas generaciones, donde se suman más matices. Prácticamente la mitad de los adolescentes acaba comparándose con las fotos ajenas.

Las redes sociales se han convertido en una tecnología de uso cotidiano en la infancia y la adolescencia. El 92,5% de los escolares tiene perfil en una, según el informe ‘Infancia, adolescencia y bienestar digital’, de UNICEF-España, la Universidad de Santiago de Compostela (USC), el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática y Red.es, mientras que el 75,8% ya está en tres. Solo el 30,7% de los padres y madres españoles limita qué consumen en la red sus hijos.

PUEDE INTERESARTE

En paralelo, sin embargo, ha aumentado también la consciencia sobre sus zonas grises y las voces críticas que reclaman más regulación. Australia prohíbe ya el acceso a redes sociales a menores de 16 años, Francia está en proceso para hacerlo para finales de año y España acaba de sumarse a la tendencia. El presidente Pedro Sánchez ha anunciado que el Gobierno lo aprobará la semana próxima. Es, como apunta al otro lado del teléfono Patricia Gutiérrez, psicóloga, docente universitaria y creadora del proyecto Familiando, “una alegría”. Se ha puesto “el cascabel al gato”, asegura.

PUEDE INTERESARTE

El fuerte impacto de las redes en los jóvenes

El impacto de las redes sociales en la adolescencia y la infancia está “más que estudiado”, como recuerda la psicóloga. Gutiérrez señala que ese compartir constante hace que los menores creen relaciones parasociales con lo que ven en sus pantallas. Al tiempo, no son todavía capaces de tener una visión crítica de esos contenidos. “Pasa incluso con la imagen corporal”, indica. “No digo que las redes sociales lleven a un trastorno alimenticio, pero es un factor de riesgo”, ejemplifica.

A eso se suma que en ellas “debes ser lo que los demás esperan que seas”. “Tienes que mostrarte con una fachada, que no permite el autoconocimiento”, suma. Esta es, de hecho, una de las razones que esgrimió Australia para su veto: quería dar tiempo a sus adolescentes para que descubriesen quiénes eran antes de lanzarse a las redes sociales. En paralelo, estos entornos se han convertido en escenarios de consumo de violencia, pornografía y otros contenidos poco apropiados, al tiempo que han creado nuevos riesgos, como el ciberacoso.

Hace 30 años, se criticaba el impacto que la televisión tenía en niños y niñas. Sin embargo, como explica Gutiérrez, “no es lo mismo”. “No había una maquinaria que hacía que te quedaras pegado a la pantalla”, advierte. Los social media enganchan. Su scroll infinito atrapa a la audiencia y cada contenido nuevo (y, especialmente, cada nueva reacción lograda) libera dopamina. Esto les ocurre a los adultos, que se quedan atrapados durante horas, pero también en los niños y niñas. En este último caso, el resultado es peor, porque no son lo suficientemente maduros para gestionar esos estímulos. La psicóloga confirma que ya se ve síndrome de abstinencia y que el enganche a social media “tiene el matiz de un comportamiento adictivo”.

De hecho, y como apuntan los investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) que participaron en el ‘Informe C: Redes sociales y menores’, elaborado por la Oficina de Ciencia y Tecnología del Congreso de los Diputados, el problema no está solo en el tiempo total de pantalla, sino en cómo se interactúa en redes sociales, en qué contexto y qué consecuencias tiene. Los modelos de atención que usan los algoritmos estarían aprovechándose de “la vulnerabilidad neurobiológica de los adolescentes”.

¿La barrera en los 16?

Las normativas que se están poniendo en marcha, como la española, sitúan la barrera de acceso en los 16 años. “Sabemos que la madurez que se tiene a los 16 años no se tiene a los 14”, explica Gutiérrez, “que hay un salto madurativo”. A menos edad, todavía se está menos preparado para gestionar este entorno. A los 11, por ejemplo, no existe una capacidad crítica de separar contenidos, como los retos o las bromas, y no se es capaz de anticipar riesgos, suma la experta.

Los estudios todavía no han tenido margen para entender cómo afecta a largo plazo el uso de redes sociales en la infancia, pero Gutiérrez confirma que ya hay evidencias en el corto de cómo ha cambiado las cosas. “Las redes sociales tienen un efecto sobre la realidad”, recuerda la experta. “Son un fotograma de una película, pero no conocemos toda la película”, señala. Muestran un momento muy escogido de la vida de una persona, altamente curado. Pero esa vida idealizada es, justamente, la que ven los adolescentes y con la que se comparan, a la que aspiran.

“Sabemos que impactan en la manera de percibir el mundo y que la necesidad de estímulos es mayor”, señala, sumando que se registra ya una menor tolerancia a la frustración.