Un vigilante del organismo realizó una inspección de la senda costera el 9 de febrero
Santander precinta más áreas y colocan una cruz en homenaje a las víctimas de pasarela de El Bocal
SantanderLa investigación del trágico accidente en el que murieron seis estudiantes tras derrumbarse a su paso una pasarela en El Bocal, en Santander, continúa tratando de esclarecer las circunstancias que rodean al suceso, en el que solo hubo una superviviente. Más de un mes después de lo ocurrido el pasado 3 de marzo, la jueza encargada del caso ha insistido en la relevancia de conocer si, en el momento en que se produjo la tragedia era apreciable un supuesto deterioro de la infraestructura y, en su caso, hasta donde llegaba el alcance.
En ese sentido, la magistrada, Rosa Martínez, ha pedido a la Policía Nacional recabar toda la información disponible sobre las quejas o advertencias que pudiesen haberse realizado antes del suceso, como la del vecino que justo el día anterior llamó al 112 para alertar de que la infraestructura, en efecto, estaba en muy mal estado y podía ser muy peligrosa para cualquiera que transitase sobre ella, como así fue.
La jueza busca cualquier evidencia que apunte al estado previo de la pasarela
Con ese objetivo, y según informa El Diario Montañés, la jueza ha insistido en la necesidad de disponer de cualquier material probatorio que pueda evidenciar ese supuesto mal estado: vídeos, fotografías o cualquier otro material o testimonio de personas que habitualmente discurriesen por el lugar, que era frecuentemente transitado por la belleza de su paisaje, con pasarelas que conforman una ruta entre los acantilados y el rugido del mar.
Con ello, la magistrada pretende obtener información relativa al estado de la aciaga pasarela de El Bocal días o semanas antes de que los estudiantes perdiesen allí la vida tras venirse abajo la plataforma y precipitarse al agua y las rocas.
A la espera de esas pesquisas, no obstante, lo que sí ha sumado ya a su investigación es un documento clave que pone el foco en las labores de supervisión de la Demarcación de Costas en Cantabria. En él, la entidad certifica que un vigilante del organismo, tras una visita por la senda costera el 9 de febrero, –o lo que es lo mismo, 22 días antes de la tragedia–, no apreció anomalías en la pasarela que posteriormente se derrumbó.

La revisión de la pasarela de El Bocal por parte de la Demarcación de Costas de Cantabria
Titulado ‘Informe vigilancia desperfectos leves en dos pasarelas de la senda costera’, dicho documento está firmado por Enrique Rodríguez, jefe de proyectos y obras y uno de los investigados en la causa, como también lo está el jefe de Costas en la región, José Antonio Osorio.
Sin apreciar nada en la plataforma investigada, el citado vigilante sí reportó daños menores en dos pasarelas de la senda costera, especificando que su visita transcurrió por el Paseo de Mataleñas, la senda costera y El Sardinero.
Específicamente, apuntó que uno de esos desperfectos se refería al pasamanos de acceso para personas con movilidad reducida a la plaza de La Concha de El Sardinero, mientras otro era relativo al quitamiedos de madera en el Paseo de Mataleñas, frente a la playa. De ello dio cuenta, además, documentando lo observado con fotografías.
Junto a ello, observó una tabla y un travesaño suelto en una plataforma de la senda costera del Faro y la Virgen del Mar, en la zona del Puente del Diablo, así como apuntó que había caído el cartel de la entrada a la pasarela de madera sobre el muro de Molina de La Maruca, tal como recoge El Diario Montañés haciéndose eco del informe.
El testimonio del vecino que contradice la versión oficial
Frente al hecho de que Costas no detectase anomalías en la pasarela en cuestión en el momento en que realizó la citada revisión de principios de febrero, la jueza cuenta con el testimonio clave del vecino que llamó un día antes al 112 para alertar de su preocupación por el mal estado de la infraestructura.
Paseador habitual de la senda “desde hace 10 años”, aunque dos días antes del suceso no notó nada extraño, –y pese al paso de una excursión de 40 personas aquel día–, al día siguiente cuando se percató de que la pasarela “estaba inestable”.
“Pisé el paso con firmeza y noté como cimbreaba”, declaró, explicando que inmediatamente después no podía parar de darle vueltas. Tanto fue así que más tarde regresó hasta la plataforma, momento en que observó que “una traviesa que va de lado a lado del puente estaba suelta”.
“Era visible que la plataforma estaba cedida en esa parte con respecto a la zona anclada más cercana al faro”, aseguró, afirmando, en declaraciones también recogidas por el citado medio, que “en la traviesa se notaba la marca de que la plataforma estaba más baja en la parte que estaba suelta”.
Por todo ello, consciente de que su estado representaba un verdadero peligro, avisó al 112 y alertó. Sin embargo, pese a que se dio traslado de ello a la Policía Local, no se hizo nada por acordonar o asegurar la zona. “La llamada murió en oídos de ese agente”, como explicó la alcaldesa de Santander, Gema Igual, en la rueda de prensa en la que anunció un expediente contra el agente que cogió la llamada del 112 por no actuar y errar en “la cadena de respuesta”.
Ahora, ante todo ello, la Justicia busca esclarecer lo sucedido para dirimir si existió una negligencia por parte de las distintas entidades y responsables implicados en la vigilancia de la senda; si hubo una falta de mantenimiento o si el fallo estructural fue un evento imprevisible, algo que parece difícil de encajar tras la llamada del citado vecino.

