Homicidios

Crimen del logopeda en Valencia: no había cámaras de vigilancia ni más profesionales en la clínica cuando el detenido le mató al creer que abusó de su hijo

Crimen del logopeda en Valencia: no había cámaras de vigilancia ni más profesionales en la clínica cuando el detenido le mató al creer que abusó de su hijo
Agentes de la Policía Nacional en el lugar del crimen del logopeda asesinado al pensar el homicida confeso que abusó de su hijo. EFE
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ValenciaLos investigadores de la Policía Nacional continúan trabajando para tratar de esclarecer el homicidio perpetrado por un joven de 24 años sin antecedentes que se entregó el lunes ante los agentes de Burjassot, en Valencia, para confesar que acababa de matar al logopeda de su hijo al creer que estaba abusando de él tras sorprenderle en la consulta con el menor, –de tres años–, con los pantalones bajados y el pañal desabrochado. En su relato de los hechos, dijo además que escuchó un grito del pequeño antes de irrumpir en la clínica, donde, al parecer, no había ningún otro profesional en esos momentos, ni tampoco un sistema de vigilancia, pese a que el detenido contó que antes de matarlo de varias puñaladas le exigió las grabaciones de las cámaras de seguridad.

Con numerosas incógnitas todavía alrededor del caso, a las que tiene que dar respuesta la investigación, una de las líneas centrales de trabajo es la que trata de encontrar cualquier tipo de pista que pueda estar en conexión con el relato del abuso sexual al que apunta el homicida para explicar su acción. Por eso, los agentes, que el martes inspeccionaron tanto la clínica como el domicilio del logopeda con varios registros, analizan los dispositivos electrónicos de éste para comprobar si pudiese existir material pedófilo en ellos; cualquier prueba que pueda conectar el caso con la acusación que refiere el homicida confeso.

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Los agentes han encontrado una mancha sospechosa en la ropa del niño

En el marco de las pesquisas realizadas, además, los agentes habrían encontrado una mancha sospechosa en la ropa del niño que también se está analizando y sobre la cual también se esperan los resultados. La hallaron los especialistas de la Policía Científica mediante la técnica del luminol y su estudio tendrá que determinar ahora si se trata de posibles restos seminales o no, tal como informa el medio Las Provincias.

Los resultados que arroje esa prueba, así como los derivados de la minuciosa inspección de los dispositivos móviles del logopeda, pueden ser así claves para encauzar la investigación y esclarecer los hechos, siendo que la condena al joven detenido como homicida confeso podría variar también significativamente.

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No obstante, la Policía tiene que atar todos los cabos sueltos, determinando así si verdaderamente este último dijo la verdad, si el logopeda abusó realmente del niño, si todo fue un nefasto malentendido o qué ocurrió exactamente para un desenlace así.

El joven asestó media docena de puñaladas al logopeda con una navaja de 15 centímetros de hoja

El detenido por los hechos ocurridos en la clínica, ubicada en el barrio valenciano de Marxalanes, contó que, tras haber dejado al niño con el especialista, regresó al lugar e irrumpió en la consulta antes de la hora estipulada tras escuchar un grito del menor similar al que emite cuando le riñe.

Entonces, según el relato que expuso a los agentes de la comisaría donde se entregó, en Burjassot, vio allí al menor con el pantalón bajado y el pañal desabrochado, tras lo que creyó que el logopeda estaba abusando de él. Por eso, según su versión, se enfrentó a él y le dijo que o le daba las grabaciones de las cámaras de seguridad para demostrar su inocencia o le mataba allí mismo. Y el desenlace fue fatal: media docena de puñaladas con una navaja de una hoja de 15 centímetros que le causaron distintas heridas, algunas mortales de necesidad.

Tras ello, y en la secuencia de esos hechos, un niño llamó a la puerta. Era el siguiente cliente del especialista, de solo 9 años. Y a él le respondió el homicida confeso: “Vincent, no está”, indicándole así que el logopeda no estaba y haciéndole ver que no habría consulta.

Entonces, ese niño, al que cerró la puerta, fue a decírselo a su madre, a la que contó que un hombre “con cara de enfadado”, –como refiere el medio Levante-EMV–, le había contado que no iba a haber sesión ese día porque el logopeda no estaba.

Cuando éstos se fueron, el joven ahora detenido se marchó de allí dejando atrás el cadáver de Vincent, de 32 años, y la navaja con la que acabó con su vida; el arma homicida.

Ya en su domicilio, se lavó las manos, dejó a su hijo y fue a la comisaría de Burjassot a alrededor de las 18:15 horas de ese mismo lunes para confesar: “He matado a un hombre”.

No había cámaras de vigilancia ni profesionales en la clínica

En los momentos en que se produjeron los hechos no había ningún otro profesional en la clínica. Al parecer, la gestionaba solo el logopeda, aunque según señala Las Provincias le ayuda un psicólogo que va algunos días a la semana, al tiempo en que su madre le habría llegado a cubrir alguna vez si estaba de baja.

Tampoco había cámaras de vigilancia. En su inspección, los agentes pudieron comprobar que la clínica no cuenta con sistemas de videovigilancia que pudiesen registrar lo ocurrido dentro de la sala de consulta y tampoco en la entrada del local. Por eso, si el homicida le reclamó grabaciones o no sabía de esta circunstancia o pudo incurrir en algún tipo de incongruencia en el relato, algo que también revelará la investigación.

Al respecto, y mientras este último queda a disposición judicial, otra cuestión clave que se trata de esclarecer es qué pasó y cómo fue la sucesión de acontecimientos ocurridos exactamente entre que el homicida confeso dejó a su hijo en la clínica y mató al logopeda. Se indaga, entre otros, en cómo pudo entrar a la consulta: si le abrió el especialista, si dejó a propósito un objeto en la puerta con el fin de poder entrar más tarde o de qué otra forma accedió. De hecho, cuando los agentes fueron a la clínica para verificar lo que el joven acababa de confesar, tuvieron que forzar la puerta para entrar y encontrar en un charco de sangre el cadáver del logopeda.

Según otros clientes, para acceder allí había que tocar un timbre y el profesional tenía que abrir desde dentro.