Los talleres de Elche ultiman la elaboración de las tradicionales palmas blancas para el Domingo de Ramos
Cada pieza es un objeto de artesanía único que tiene detrás un complejo proceso de elaboración. Unas palmas que cada año se envían desde Elche también al Papa y a los Reyes de España
Los cofrades dejan fuera a las mujeres de la Semana Santa de Sagunto: "Es una gran decepción"
En el taller Sánchez Valero de Elche (Alicante) trabajan sin descanso. De aquí saldrán este año 7.000 palmas blancas que acompañaran a los miles de participantes de la procesión del Domingo de Ramos que recuerda la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén.
Una labor que miman las maestras artesanas y que ya comenzaron el pasado mes de octubre. "Es un trabajo que aprendemos de cuna. Los mayores nos han enseñado a hacerlo con cariño. Sabemos que no nos vamos a hacer ricas, pero disfrutamos del trabajo", asegura Marisa Cano, artesana.
Cada pieza es única y se invierten muchas horas y cuidado en su elaboración. Las más grandes y complejas pueden llevar hasta una semana de trabajo de cuatro personas. "Ni nosotras sabemos lo que vamos a hacer. Cuando nos llega la palma si es más larga o espesa podemos hacer una cosa u otra. Tienen su misterio y su truco", explica Ángela Pastor.
"El precio está en función del trabajo que requiere cada una, pero nunca puedes llegar a cobrar los horas que haces porque sería inviable", señala Marisa.
Entre los diferentes modelos, las lisas son las preferidas entre los hombres y las más decoradas para mujeres y niños. Unas palmas que se suelen regalar a los seres queridos. "Es una tradición que está muy arraigada entre los vecinos", asegura una clienta, que ha acudido a comprar tres palmas para sus nietos.
Palmas para el Papá y los Reyes
Del taller regentado por la familia Sánchez Valero desde hace más de 60 años, también salen las palmas que cada año el Ayuntamiento de Elche encarga para el Papa y los Reyes de España entre otras autoridades.
Unas palmas que se presentaron el pasado domingo y que recibirá por primera vez el Papa León XIV. Una palma rizada con una gran cruz en la cúspide que presidirá la Plaza de San Pedro, como símbolo del mundo cristiano. "Ha sido un reto la palma de este año y va a lucir mucho más", explicó la artesana Paqui Serrano.
La otra pieza que ha llevado más trabajo es la que se ha enviado a la Reina Letizia decorada con una paloma de la paz. Unas palmas blancas que parten desde Elche "humedecidas en agua y azufre, envueltas en plástico y dentro de un armazón de madera", para que no sufran "ningún daño", debido a su "fragilidad".
Complejo proceso de elaboración
Hasta llegar al resultado final, además del trabajo de las artesanas, hay un proceso previo que empieza en los palmerales. El primer paso se inicia a principios de diciembre y que consiste en cerrar el ojo de la palmera con cuerdas artesanas formando un cono para que las palmas nuevas que broten no reciban luz solar. "De esta forma se consigue que no realicen la fotosíntesis y tengan este color blanco amarillento típico. La materia prima es lo más importante en este proceso", asegura Marisa Cano.
Pasados unos meses, a partir de Domingo de Ramos y hasta el mes de agosto, los palmereros suben de nuevo a las copas y las cubren con hojas o con un plástico oscuro especial. Las palmas quedan encaperuzadas, protegidas del sol, pero recibiendo aún algo de luz a través de una abertura, para seguir creciendo, hasta cuatro metros como máximo. Ya en septiembre se realiza la recolección. "El trabajo que se realiza en el campo es fundamental. Es un trabajo duro y laborioso que hay que mimar para que no se pierda la tradición", afirma la artesana.
Por último, las palmas se seleccionan y se limpian con cuidado para terminar su blanqueamiento y mantenerlas en condiciones óptimas de conservación para que las maestras artesanas puedan elaborar estas obras de arte.