Los efectos de los terremotos de Granada que no se ven: crisis de ansiedad, ataques de pánico y el miedo a las réplicas

Los servicios sanitarios atendieron a decenas de personas con ataques de ansiedad durante los temblores de este martes en Granada
Cristóbal Rozúa, psicólogo: "Es completamente humano que tu cerebro se pregunte: ¿Y si aquí ocurre lo mismo que en Colombia o Venezuela?"
"Esto hay que vivirlo". Es una de las frases más escuchadas en los últimos días en Granada desde el terremoto de 4.8 de la madrugada del viernes al sábado, las sucesivas réplicas que se han ido produciendo y los fuertes temblores del 18 de agosto, tres de ellos de magnitud superior a 4.
Durante la cadena de seísmos registrados este martes, el servicio Emergencias 112 Andalucía recibió medio millar de llamadas de personas. Y, salvo por los tres heridos leves por traumatismos provocados por caída de objetos, el resto de las atenciones realizadas por los servicios sanitarios fueron por crisis de ansiedad. Y es que, además de los daños materiales, están los que no se ven: los psíquicos.
Los temblores no solo han movido la tierra, también han movido los cimientos emocionales de miles de granadinos que, desde hace días, viven con el corazón en un puño. El miedo se ha instalado dentro de sus casas y lo ha hecho sin pedir permiso, como una réplica más. Silenciosa pero devastadora.
Cómo reacciona el cerebro ante los terremotos
"No hay que decirle a la gente que su miedo es irracional", explica Cristobal Rozúa, experto en Peritajes Psicológicos y Psicología Sanitaria. "El escenario que temen existe. Lo importante es diferenciar que algo sea posible de que sea probable o inminente", afirma.
Para entender qué está pasando en la cabeza de los granadinos, hay que tener en cuenta la influencia de los recientes terremotos devastadores de Colombia y Venezuela. Rozúa explica que la conexión mental es casi inevitable: "Hace apenas unos días hemos visto esos terremotos enormes, edificios derrumbados y cientos de muertos. Ahora el suelo tiembla debajo de tu propia casa en Granada y siguen produciéndose réplicas. Es completamente humano que tu cerebro se pregunte: '¿Y si aquí ocurre lo mismo?'".
Y no es para menos. Desde aquel primer gran movimiento de tierra el pasado viernes, las réplicas se han sucedido sin pausa. Los terremotos de este martes han hecho que los vecinos volvieran a salir a la calle, decididos a no pasar otra noche más en vilo en sus casas.
Los efectos psicológicos de estos terremotos continuados son muy claros, según Rozúa: miedo, hipervigilancia, sobresaltos y dificultad para dormir. "Después de tantos movimientos, nuestro cerebro se convierte en una especie de detector de terremotos demasiado sensible", asegura.
En cuanto escuchamos sonidos como un portazo, un camión que pasa, una persiana que vibra o un pequeño movimiento de la cama y enseguida pensamos: "¿Otra vez?'". Incluso algunas personas llegan a sentir durante unos segundos que algo se mueve cuando realmente no hay terremoto. Es lo que popularmente podemos llamar “terremoto fantasma”. El sistema de alarma del cerebro lleva días entrenándose para detectar cualquier movimiento: "ahora prefiere equivocarse por exceso que por defecto".
Por qué la gente sale corriendo de sus casas
A pesar de que los expertos aseguran que es mejor resguardarse en casa durante un terremoto que salir a la calle, uno de los comportamientos que más se está viendo estos días es el de personas que abandonan corriendo los edificios en cuanto sienten un temblor.
Una reacción que emocionalmente tiene toda la lógica. Según Rozúa, la gente piensa: "Si tengo miedo de que el edificio se caiga, salgo del edificio". Se trata de una respuesta automática de huida. El problema es que durante el temblor podemos exponernos precisamente al desplome de cornisas o desprendimientos.
Por eso, el psicólogo no cree que haya que decirle a alguien simplemente que mantenga la calma: "Cuando tenemos mucho miedo pensamos peor. Lo útil es haber aprendido antes una respuesta muy sencilla para no tener que improvisarla cuando todo está temblando", sostiene.
Cuando el hogar parece 'una trampa mortal'
El siguiente paso en la escalada de tensión es la decisión de muchos de pasar la noche en la calle ante el temor a nuevas réplicas. Se trata, según explica Rozúa, de una respuesta psicológica muy potente porque la casa deja de sentirse como un refugio y empieza a sentirse como una trampa.
"Las personas piensan que si están fuera y vuelve a pasar otro terremoto, no se les cae el techo encima". Y en Granada, además hay memoria. Muchos vivieron los terremotos de 1979 y recuerdan aquel verano, meses de movimientos y gente que terminó durmiendo en la calle o en el campo durante días. El problema está en que la gente no teme solamente a sufrir otro sobresalto, sino que el verdadero miedo es a que el siguiente terremoto sea mucho mayor, que su edificio se derrumbe y morir entre los escombros.
Y ese miedo tiene ahora dos grandes ingredientes. El primero, la conexión mental que hace el cerebro entre los terremotos que se están viviendo en Granada y los que se han visto en Colombia y Venezuela. El segundo ingrediente es la repetición. "Uno, después otro, después otro… Y aparece una idea muy humana: 'Si cada vez hay más terremotos, a lo mejor esto está preparando uno todavía mayor'", explica Cristóbal Rozúa. Es una respuesta del cerebro que está acostumbrado a pensar que cuando algo se repite puede ir a más.
Sin emargo, es necesario separar psicología y geología. "La tierra no funciona necesariamente como una película en la que cada terremoto es el aviso del siguiente capítulo, cada vez más fuerte. Que continúen produciéndose movimientos no significa automáticamente que estén anunciando un gran terremoto", distingue el experto que hace hincapié en que posible no significa probable, y probable no significa inminente.
Cómo gestionar la ansiedad ante un terremoto
El psicólogo propone una técnica conocida como el "semáforo mental". Consiste en pensar durante diez segundos y analizar qué está ocurriendo realmente y cómo reacciona uno ante ello:
- Rojo: Está temblando, existen daños, desprendimientos o una indicación de evacuación: ahora no toca tranquilizarme, toca protegerme y actuar.
- Amarillo: Ahora mismo no está temblando ni existe una emergencia, pero mi cuerpo sigue en rojo: escucho un portazo y salto, noto cualquier vibración y pienso “otra vez”, no puedo dormir. Primero compruebo qué está pasando, me informo por fuentes fiables y después intento bajar mi activación.
- Verde: Ahora mismo no existe peligro y mi cuerpo también puede empezar a entenderlo: retomo la rutina, descanso y dejo de comprobar continuamente si vuelve a temblar.
A veces, la situación real se encuentra en el color amarillo, pero la emoción se sitúa en nivel rojo. Rozúa aclara que el objetivo de esta técnica mental es conseguir poco a poco que nuestra reacción se parezca al peligro real que tenemos delante. "El objetivo no es obligarnos a estar tranquilos, pero sí puedo aprender a diferenciar si lo que está temblando es el edificio o mi alarma mental", aclara.
Las secuelas que no se ven
Sobre el riesgo de que los múltiples terremotos vividos en Granada puedan dejar secuelas importantes, el psicólogo prefiere ser cauto y no alarmar. "Puede ocurrir en algunas personas, pero ahora mismo no debemos convertir una reacción normal de miedo en una enfermedad", afirma.
"Mientras continúen las réplicas es comprensible dormir peor, sobresaltarse o estar pendiente del suelo. Nos preocuparía más si, cuando esta situación haya terminado, pasan las semanas y la persona continúa sin poder dormir, evita edificios, vive permanentemente en alerta o ha cambiado seriamente su vida por miedo", puntualiza.
Mientras tanto, Granada sigue temblando. Los geólogos advierten de que las réplicas pueden continuar durante días o incluso semanas. Y aunque los daños materiales, por ahora, no son extremos, los psíquicos pueden empezar a dejar huella.
