Diego Costa, el delantero que escogió a España y no se muerde la lengua

Uno de esos delanteros que dejan huella, y que ha sabido gestionar su vida privada con un hermetismo casi total
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Hay ciertos futbolistas sobre los que se suele decir aquello de “si está en tu equipo lo amas y si no lo odias”. Sin duda, Diego Costa (1988) era uno de ellos. El delantero que tantas alegrías le ha dado a los aficionados del Atlético de Madrid hizo oficial su retirada del fútbol el pasado 27 de febrero de 2026. Una decisión que tomó ya con 37 años y que llegó después de varias temporadas en las que el hispanobrasileño no fue capaz de encontrarse a sí mismo. El Lagarto lo intentó todo, pero nunca pudo volver a ser el que era a los ‘veintitantos’.
El bajón de nivel en los últimos años no debe hacernos perder la perspectiva. Diego Costa fue un trabajador del fútbol que consiguió su ascenso a la élite por méritos propios. Se curtió en Celta, Albacete, Valladolid y Rayo Vallecano. Fue cuando ya se había pateado todos los estadios tanto de la Segunda como de la Primera División que finalmente se asentó en el Atleti de Simeone. Y fue crucial en la liga que ganó el club madrileño en la temporada 2013-14, en la que marcó 27 goles.
Un calvario provocado por las lesiones
En el fútbol actual vemos brillar a muchos jugadores veteranos. El deporte está cada vez más profesionalizado y gracias a ello se ha aumentado la duración de las carreras profesionales. Sin embargo, la suerte también juega un rol importante en todo esto y Diego Costa no la tuvo. Aprovechó sus mejores años al máximo ganando tanto copa como liga en su primera etapa con el Atlético de Madrid y marchándose a Inglaterra para triunfar a lo grande con el Chelsea. En Londres brilló casi más que en Madrid, marcando 52 goles en tres temporadas y conquistando dos veces la Premier League.
Lo que pasó después fue un calvario de lesiones. Durante su segunda etapa en el Atlético de Madrid, que duró tres temporadas y media, el jugador se perdió 60 partidos por diferentes problemas físicos. De hecho, cuando abandonó la disciplina atlética a finales de 2020 acababa de padecer una trombosis venosa profunda y, también debido a problemas personales, se pasó ocho meses sin jugar al fútbol. Supuso un duro golpe personal y profesional para un futbolista que, además, basaba buena parte de su juego en la superioridad física.
Tras cerrar su segunda etapa en el Atlético de Madrid el jugador pasó por Mineiro, Wolverhampton, Botafogo y Gremio. No pudo encontrar la continuidad que necesitaba ni volver a su mejor nivel, dándole un cierre con sabor amargo a una carrera con un pico de forma muy alto pero que pudo haber durado un poco más. De hecho, Diego Costa ni siquiera pudo retirarse sobre el terreno de juego. Jugó su último partido en 2024 y, tras varios rumores que no llegaron a nada, anunció que no jugaría más en febrero de 2026. “Mi agente buscaba una cosa u otra, pero ya se acabaron las ganas que tenía”, decía en una entrevista.

Un futbolista que no se muerde la lengua
“Yo tampoco soy un ángel”, decía Diego Costa en una entrevista. Durante su carrera el jugador se ha dedicado a desesperar a cada defensa central que ha tenido la desgracia de enfrentarse a él. Nunca rehuyó el contacto o el llamado ‘otro fútbol’, y puede dar gracias de que durante la mayor de su trayectoria no existiese el VAR. Hay que decir que esto le funcionó en alguna ocasión, y un ejemplo perfecto es el derbi de Londres entre Chelsea y Arsenal de la temporada 2015. El atacante se enzarzó con un defensa rival mientras no miraba el árbitro y, conforme la jugada avanzaba, recibió un pisotón de Gabriel Paulista que sí fue castigado con tarjeta roja. Su equipo, con un jugador más, ganó el partido.
Una de las mayores polémicas en la carrera de Diego Costa fue su decisión de jugar con España. El futbolista llegó a debutar con Brasil, país en el que nació y se crió. Sin embargo, fue criticado por la prensa y posteriormente ignorado por Felipao, seleccionador de la época. Tras mucho tiempo esperando a la canarinha, finalmente se comprometió con España asegurando que ese era el país en el que “se sentía valorado” y que “se lo había dado todo”.
Diego Costa también ha tenido problemas con los árbitros y la prensa. El incidente más sonado con el estamento arbitral es el rifirrafe que tuvo con Gil Manzano. El colegiado le expulsó en 2019 y aseguró en su acta que había recibido un insulto del nueve del Atlético de Madrid, pero este lo niega aún a día de hoy. En cuanto a los medios, además de las citadas polémicas con la prensa brasileña. le cantó las cuarenta a un periodista iraní al que acusó de hacer “preguntas tontas”.
Hay muchos jugadores polémicos dentro del campo que también lo son fuera de él, pero lo cierto es que Diego Costa siempre ha mantenido su vida personal fuera de los focos. De hecho, hay poca información sobre su vida actual. Sabemos que tiene dos hijas y que pasa mucho tiempo en Brasil atendiendo sus negocios y la familia. De momento no parece haber decidido a qué dedicar su futuro ahora que se ha apartado definitivamente de los terrenos de juego.
