Los precios que suben y bajan en 2026: de la vivienda a la gasolina o los productos del supermercado

En el ámbito energético, las previsiones apuntan a un escenario relativamente estable
Lo que se viene con la gasolina en 2026: sobreoferta de crudo y previsión de caída a 30 dólares el barril
El año 2026 se perfila como un ejercicio de transición económica marcado por la paulatina normalización de los precios tras un largo periodo de tensiones inflacionarias.
Las previsiones apuntan a que la inflación continuará moderándose hasta acercarse al entorno del 2%, un umbral que muchos analistas consideran compatible con la estabilidad.
Este escenario permitiría cerrar, a priori, una etapa de fuertes incrementos que ha condicionado el consumo, el ahorro y las decisiones de inversión de hogares y empresas.
Al mismo tiempo, se espera una ligera recuperación del poder adquisitivo. Las pensiones se actualizarán conforme a la evolución del IPC, los salarios públicos crecerán por encima de la inflación prevista y en el ámbito privado se anticipan subidas moderadas.
También habrá un nuevo incremento del salario mínimo, pendiente aún de concreción. La combinación de precios más estables e ingresos algo mayores dibuja un contexto menos adverso, aunque con importantes diferencias según el sector.
Vivienda: presión al alza sin signos de enfriamiento
El mercado inmobiliario seguirá siendo uno de los principales focos de encarecimiento en 2026. Tras un 2025 con más de 700.000 compraventas, las previsiones apuntan a que el dinamismo se mantendrá, con un crecimiento de operaciones que podría situarse entre el 3% y el 10%.
Tanto los precios de venta como los alquileres continuarán subiendo, especialmente en zonas sin límites regulatorios y con fuerte demanda.
El alquiler concentrará la mayor tensión. Las estimaciones señalan incrementos cercanos al 6% de media, impulsados por una oferta insuficiente y por la creación de unos 100.000 nuevos hogares.
A ello se suma la finalización de alrededor de 600.000 contratos firmados durante la pandemia, lo que dará lugar a renegociaciones con subidas relevantes.
Aunque el nuevo índice de referencia para la actualización de rentas será previsiblemente inferior al IPC y no superará el 3%, la presión estructural del mercado seguirá empujando los precios al alza.
En el ámbito hipotecario, el crecimiento será muy contenido. Los nuevos préstamos apenas aumentarían un 0,4%, en un contexto de estabilización del euríbor y de tipos de interés sin grandes cambios. Esto evita sobresaltos en las cuotas, aunque la vivienda se mantiene en niveles históricamente elevados.
Salarios y pensiones: ajustes para proteger el poder adquisitivo
En el terreno laboral, 2026 llegará con incrementos generalizados de rentas. Más de 11 millones de pensionistas verán revalorizadas sus prestaciones en torno al 2,7%, en línea con la inflación media del año anterior.
Las pensiones mínimas y no contributivas registrarán aumentos superiores, con subidas que alcanzan el 11,4% en determinados casos, con el objetivo de alejarlas del umbral de pobreza.
Los empleados públicos, cerca de 3,5 millones, experimentarán una mejora salarial acumulada del 4%, repartida entre ajustes pendientes y el incremento correspondiente al nuevo ejercicio.
El salario mínimo volverá a subir, aunque su cuantía definitiva dependerá de si finalmente queda exento de tributación o si se mantiene el esquema de deducciones aprobado en 2025.
Estos ajustes buscan compensar parcialmente el impacto de años de inflación elevada, aunque también irán acompañados de un aumento de las cotizaciones sociales.
El Mecanismo de Equidad Intergeneracional elevará la sobrecotización hasta el 0,90% de la base de contingencias comunes, repartida entre empresas y trabajadores, y asumida íntegramente por los autónomos.
Transporte: descuentos que conviven con nuevos encarecimientos
El transporte público seguirá contando con un amplio abanico de ayudas durante 2026. Se estrenará un abono único mensual de 60 euros para moverse por todo el país en cercanías, media distancia y autobuses estatales, con una tarifa reducida para menores de 26 años.
Se mantendrán, además, las bonificaciones vigentes en trenes y autobuses, con gratuidad para menores y descuentos relevantes para jóvenes y usuarios frecuentes.
Sin embargo, no todo permanecerá estable. Las tarifas aeroportuarias subirán a partir de marzo, con un incremento medio del 6,44%, lo que se traducirá en un encarecimiento del billete aéreo.
En las autopistas, los peajes se actualizarán conforme al IPC, con subidas que partirán del 2,61% en la mayoría de vías, aunque en algunas carreteras estatales el aumento anual estará limitado al 2%.
Impuestos: continuidad con incógnitas abiertas
En materia fiscal no se esperan cambios de gran calado a corto plazo. El año arrancará con la prórroga de los Presupuestos de 2023, ante la dificultad de aprobar nuevas cuentas.
Sí se prevén ajustes puntuales, como la reducción del impuesto de sociedades para pymes y micropymes o la actualización de coeficientes en la plusvalía municipal, que penalizarán las operaciones inmobiliarias más especulativas.
Persisten incógnitas relevantes, como la posible equiparación fiscal del diésel y la gasolina o el tratamiento definitivo del salario mínimo en el IRPF.
También seguirá desplegándose la nueva tasa de residuos, que comenzó a aplicarse en 2025 y ha generado un notable debate entre los contribuyentes.
Energía: estabilidad con ligeras tensiones
En el ámbito energético, las previsiones apuntan a un escenario relativamente estable. La factura eléctrica podría registrar leves subidas debido al incremento de peajes y cargos regulados, aunque el Gobierno confía en que un abaratamiento del término de energía compense parcialmente estos aumentos.
Las principales comercializadoras ya han anunciado que trasladarán a sus clientes ciertos sobrecostes, lo que podría afectar a más del 60% de los consumidores.
El gas natural presenta un panorama más benigno. La mayor oferta mundial y un crecimiento moderado de la demanda podrían contener los precios en Europa. Algo similar ocurre con los carburantes, donde las previsiones apuntan a un petróleo más barato, con el barril moviéndose en un rango inferior al de años anteriores si se confirma el exceso de oferta global.
Inflación y tipos de interés: hacia la normalización
El conjunto de estos factores dibuja un escenario de inflación contenida en 2026, con un IPC medio cercano al 2%. La inflación subyacente seguirá algo más elevada, especialmente en servicios, lo que sugiere una desaceleración gradual.
El Banco Central Europeo mantendrá previsiblemente los tipos de interés en torno al 2%, aportando estabilidad al euríbor y mayor previsibilidad a las hipotecas.
El coste de la vida tenderá a estabilizarse, aunque con diferencias notables entre partidas. Los hogares afrontarán subidas en vivienda, telecomunicaciones y algunos servicios, compensadas en parte por salarios, pensiones y una energía menos volátil.
El equilibrio será frágil, pero muy distinto al vivido en los últimos años. O al menos, eso se espera.
