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¿Cuándo bajará el precio de la gasolina y el diésel en España tras la caída del petróleo y el alto al fuego en Irán? Un experto lo explica

Un surtido de gasolina. Pixabay
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La reciente tregua anunciada entre Estados Unidos e Irán, aunque incierta, ha despertado expectativas sobre una posible bajada en el precio del combustible.

Sin embargo, la realidad del mercado energético es más compleja, “no han transcurrido dos semanas de alto el fuego como tal, sino una tregua provisional y además frágil”, advierte Cristian Castillo, director del Grado de ADE de la UOC y experto en logística.

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El tiempo real de traslado del crudo al surtidor

La cuestión clave es cuándo se notará la bajada del petróleo en el bolsillo del consumidor. La respuesta exige contexto. “Aún no existe perspectiva temporal suficiente para hablar de una traslación plena y consolidada al surtidor. Tal y como está la situación todo puede cambiar en horas”, señala. En condiciones normales, añade, el ajuste no es inmediato.

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“Dicho eso, la caída del petróleo no se traslada de forma inmediata al precio final de la gasolina o del gasóleo. Lo que baja primero es la cotización internacional del crudo y, después, con cierto retraso, se ajustan los precios mayoristas y minoristas”, explica.

En España, ese desfase es evidente. “Lo razonable es esperar que los primeros movimientos modestos empiecen a apreciarse tras varios días, mientras que una bajada más visible y generalizada suele requerir entre una y dos semanas, siempre que el abaratamiento del crudo se mantenga y no haya un nuevo repunte geopolítico”, afirma, en línea con estimaciones de la OCU que sitúan el impacto entre 7 y 14 días si la tendencia se consolida.

Una cadena logística que introduce retrasos

El motivo principal de este retraso está en la estructura del propio mercado energético. “La gasolina que se vende hoy en una estación de servicio no responde solo al precio del Brent de hoy, sino a una cadena previa de compra de crudo, transporte marítimo, descarga, refino, almacenamiento, distribución y reposición comercial”, detalla. Este proceso introduce una inercia que impide ajustes inmediatos.

Además, el experto recuerda que el barril es solo una parte del precio final. “También pesan el refino, la logística, los impuestos, el tipo de cambio euro-dólar y los márgenes comerciales”, argumenta.

De hecho, la Comisión Europea publica los precios con periodicidad semanal, lo que evidencia que el ajuste al consumidor no es instantáneo sino progresivo.

El impacto de la volatilidad y los inventarios

Otro factor clave es la incertidumbre del mercado. En episodios de alta volatilidad, las empresas tienden a protegerse con más inventario o, al menos, con políticas de aprovisionamiento más prudentes.

Este comportamiento responde a una lógica defensiva. “Lo que observamos en la literatura sobre cadenas petroleras muestra que la volatilidad del crudo eleva los costes de compra y reduce la rotación de inventarios, precisamente porque las compañías intentan cubrirse frente a nuevas subidas”, explica y añade, “esto explica por qué el surtidor baja más despacio de lo que suben los mercados internacionales”.

Fiscalidad, competencia y otros factores que frenan la bajada

El precio final también está condicionado por elementos estructurales. La bajada del crudo puede no trasladarse con la misma intensidad porque el surtidor no refleja solo el barril, sino una suma de componentes.

Entre ellos, destaca la fiscalidad: “una parte relevante del precio final no se mueve al ritmo del mercado internacional del petróleo, lo que significa que el componente fiscal actúa como una parte relativamente rígida”.

A esto se suman los costes industriales y logísticos, así como los márgenes comerciales. “Puede ocurrir que baje el petróleo, pero que esa caída no se traduzca íntegramente en la gasolina si los productos refinados no bajan al mismo ritmo o si los costes de la cadena siguen siendo elevados”, señala.

En España, además, la competencia también influye en la velocidad del ajuste, siendo más rápida en zonas con mayor presión competitiva.

¿Habrá una bajada clara en las próximas semanas?

El escenario actual sigue marcado por la incertidumbre. “Todavía es pronto para ver una bajada clara en el surtidor”, advierte.

Si la situación se estabiliza, sí podrían producirse ajustes. “Lo normal sería empezar a ver ajustes modestos en cuestión de días, pero una rebaja claramente perceptible suele tardar entre una y dos semanas, y solo se consolida si el mercado del crudo mantiene la calma”, afirma.

De hecho, los últimos datos siguen mostrando precios elevados. “En torno a 1,553 euros por litro en gasolina y 1,813 euros en gasóleo, señal de que el alivio financiero del crudo aún no ha recorrido toda la cadena hasta el consumidor final”, añade.

Una rebaja claramente perceptible suele tardar entre una y dos semanas y solo se consolida si el mercado del crudo mantiene la calma

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Qué pasará si aumenta la tensión

El escenario contrario podría tener efectos más rápidos. “Si la tregua se rompiera o aumentara de nuevo la tensión en la zona, el efecto en el mercado del petróleo sería muy rápido, probablemente en cuestión de horas”, advierte.

Sin embargo, el surtidor responde con cierto retraso, aunque menor que en las bajadas. “Los precios mayoristas, las expectativas de refino y la logística empiezan a ajustarse muy deprisa, y eso acaba llegando a la red minorista en pocos días”, explica.

Además, se activa un mecanismo defensivo en toda la cadena. “Las empresas afrontan mayores costes de aprovisionamiento y tienden a gestionar el inventario con más cautela, reteniendo stock durante más tiempo para protegerse frente a nuevas tensiones”, señala. Esto favorece que el efecto alcista se traslade con rapidez.