Proteger el pelo del sol, la sal del mar o el cloro, según un experto en tricología: "Es posible mantener la salud capilar"
El doctor Alberto Minet explica cuáles son los factores que inciden en el daño capilar, las consecuencias y, sobre todo, las medidas preventivas para mantener un cabello sano
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El verano es el momento en el que se apartan las rutinas y nos dejamos caer en los brazos del relax y el descanso. Un parón imprescindible en el que, sin embargo, no podemos abandonar ciertos cuidados. El sol pega más fuerte que nunca, y proteger nuestra piel de manchas y quemaduras es un básico. Pero ¿y el pelo? ¿A qué debemos prestar atención? ¿Debemos cuidar igual de él si nos bañamos en la playa que en la piscina? ¿Cómo le afecta el sol? De todo ello nos habla un experto en tricología, la rama de la dermatología que se ocupa del pelo y del cuero cabelludo.
Especial atención a la radiación UV
Sabemos del daño que hacen los rayos ultravioleta a la piel. El cabello no se libra de este impacto. El doctor Alberto Minet, director de la clínica capilar Insparya, advierte de estos "grandes desafíos durante los meses estivales" y explica que exponernos en exceso al sol hace que ciertas proteínas capilares, como la queratina, se degraden. Consecuencias: el cabello se seca y deshidrata, pierde su brillo y también su color, sea natural o teñido. La deshidratación provoca que la fibra sea más frágil y se pueda romper con mayor facilidad, y que se abran las puntas. Además, la propia piel (el cuero cabelludo) está expuesta a quemaduras, más aún si hablamos de personas con baja densidad capilar, alopecia o pelo fino. Sin embargo, apunta Minet, “con los cuidados y productos adecuados es plenamente posible disfrutar de las vacaciones manteniendo la salud del cabello".
La sal y el cloro: dos agresiones extra al cabello
Además del sol, la sal del mar o el cloro de las piscinas agreden al cabello. Si estás en la playa, puede que hayas notado que el volumen se riza u ondula de manera natural; sin embargo, aunque la sal marina puede aportar volumen y textura temporalmente, también deshidrata el cabello, que se vuelve más seco y áspero, y más propenso a enredarse y romperse.
Por su parte, el cloro de las piscinas que se utiliza para higienizar el agua es altamente agresivo para la fibra capilar, indica Minet. Por una parte, deshidrata; por otra, apaga el brillo y altera el pigmento de los cabellos teñidos.
¿Cómo podemos proteger nuestro cabello de la sal y del cloro? En el primer caso, el doctor recomienda “aclarar el pelo con agua dulce lo antes posible”; después, “lavarlo con un champú suave, aplicar una mascarilla nutritiva o acondicionador hidratante y, al secarlo, evitar frotarlo muy agresivamente con la toalla. Para el cloro, nos indica un antes, un durante y un después. Antes, humedeceremos el pelo con agua limpia; durante, siempre que nos sea posible, utilizaremos un gorro de natación, y por último, al salir de la piscina, lavar el cabello y “aplicar productos hidratantes de forma regular”.
Barrera química y física para evitar el daño causado por el sol
Y ¿cómo hacemos para que el sol no impacte en nuestra melena? El doctor Minet distingue entre una protección con productos específicos y una barrera física. En el primer caso, aplicaremos fotoprotectores capilares específicos: actúan como los que usamos para la piel, creando una barrera que impide el paso de los rayos UV y manteniendo un nivel de hidratación óptimo. Además, tendremos que aumentar el uso de mascarillas nutritivas y acondicionadores formulados con agentes antioxidantes e hidratantes tras los baños de sol.
¿Y la barrera física? Tan sencillo como usar gorros, gorras o pamelas que reduzcan al máximo la exposición del pelo a la radiación. Además, huelga decir que hay que evitar las horas en las que el sol incide de manera más directa, cuando la radiación es más intensa: entre las 11 y las 17 horas.