Agresión sexual

Rituales, drogas y explotación sexual: el escándalo del psiquiatra condenado por drogar y violar a sus pacientes sacude Marruecos

Imagen de la ciudad de Fez, en Marruecos
Imagen de varias mujeres conversando en la ciudad de Fez, donde un psiquiatra ha sido procesado por drogar y violar a pacientes. Europa Press
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La sociedad marroquí ha quedado profundamente impactada por el caso de un psiquiatra de la ciudad de Fez que ha sido condenado a 20 años de cárcel por drogar y violar a 10 mujeres que acudieron a su consulta en busca de tratamiento. Entre los cargos por los que ha sido procesado figuran trata de seres humanos, explotación sexual, agresiones sexuales y suministro de estupefacientes. El procesado sometía a las pacientes con sustancias para que tuvieran sexo con otros hombres.

La sala penal del Tribunal de Apelación de la ciudad del noroeste del país dictó la sentencia la noche del lunes 2 de marzo tras escuchar los testimonios de varias de las personas afectadas, que describieron experiencias traumáticas durante su proceso con el médico. Otras seis personas también han sido condenadas por su implicación en los hechos. Así lo recoge el medio local 'Tel Quel'. Todo ocurre en pleno mes del Ramadán.

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El caso del psiquiatra de los horrores de Fez

El caso se destapó a principios del pasado verano a raíz de una denuncia presentada por la esposa del médico. Según la cronologia expuesta durante la vista, la mujer y S. I., el psiquiatra, habían concertado el año pasado un viaje a Francia, pero él no quiso acompañarla en el último momento.

A su regreso, la mujer dudó sobre una posible infidelidad y revisó el teléfono de su marido. Fue entonces cuando descubrió vídeos que mostraban encuentros sexuales colectivos que fueron grabados en el domicilio conyugal y que incluían prácticas de "actos desviados", expresión empleada en sede judicial para aludir a relaciones homosexuales.

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La denuncia por adulterio ante la policía de Fez dio pie a una investigación que acabaría revelando un entramado de abusos y agresiones sexuales contra pacientes. El acusado ingresó en prisión provisional en junio, hasta recibir la sentencia esta pasada jornada.

Durante su declaración ante el tribunal, el psiquiatra reconoció la autenticidad de las grabaciones, pero sostuvo que todas las personas que participaron en esos encuentros lo hicieron de forma voluntaria. Negó haber coaccionado a sus pacientes y atribuyó la denuncia de su esposa a un conflicto conyugal, asegurando que ella actuó por venganza tras una disputa sobre la paternidad del hijo que esperaba y pedirle una prueba de ADN.

Varias de las denunciantes rechazaron esa versión y afirmaron que el médico se aprovechó de su posición profesional y de su situación de vulnerabilidad para someterlas a situaciones de explotación sexual bajo la apariencia de terapias.

Ciudad de Fez, en el noroeste de Marruecos

El desgarrador testimonio de las víctimas del psiquiatra

Según los testimonios recogidos en el sumario, el facultativo prescribía cocaína, heroína y otros alucinógenos como parte de un supuesto tratamiento que él mismo decía haber experimentado, lo que en varios casos derivó en dependencia. Una de las afectadas declaró haber tenido que vender su vivienda para costear el consumo.

Otra paciente relató ante los investigadores que las sesiones comenzaban entrada la tarde y se prolongaban hasta altas horas de la noche. En una de ellas, contó, el médico empezó a tocar un instrumento musical antes de pedirle que consumiera un polvo blanquecino y pronunciar un discurso sin sentido, una especie de ritual con sortilegios. La mujer explicó que inicialmente se sintió desconcertada y asustada, y que el contacto físico posterior le hizo comprender que estaba siendo víctima de un abuso. Pese a ello, regresó a la consulta en numerosas ocasiones, atrapada en una dinámica de dependencia. Él, para tranquilizar, le decía: "Estás a salvo, querida".

El psiquiatra administraba "dosis de drogas duras" a las mujeres para que otras personas abusaran de ellas, según el rotativo marroquí citado. Las agresiones sexuales ocurrieron en distintos espacios: la consulta médica, el domicilio del acusado, su vehículo e incluso un riad de la medina histórica donde, de acuerdo con la acusación, se organizaban algunos encuentros privados con consumo de drogas. En ese establecimiento se celebraban reuniones amenizadas con música gnawa a las que acudían varias personas ahora también condenadas. El propietario del riad y una empleada han sido sentenciados a un año de prisión, al igual que un enfermero que colaboraba con el psiquiatra. Un primo del médico, señalado como responsable de suministrar las sustancias estupefacientes, ha recibido una condena de cinco años de cárcel. Asimismo, un fotógrafo que grabó parte de las escenas y que participó en actos sexuales ha sido condenado a seis años de prisión.

Estas seis personas han sido declaradas culpables por su implicación en los hechos junto al psiquiatra. Además de las penas de cárcel, el tribunal ha impuesto indemnizaciones económicas que deberán abonarse de forma solidaria a las víctimas y que ascienden a decenas de miles de euros, en función de la participación y responsabilidad de cada condenado.

El caso ha puesto de relieve las dificultades que enfrentan las mujeres para denunciar agresiones sexuales en Marruecos. Solo cuatro de las 10 víctimas comparecieron en el juicio, y una de ellas tuvo que ser requerida por la Fiscalía tras negarse inicialmente a declarar. Según datos oficiales, apenas un pequeño porcentaje de mujeres que sufren este tipo de violencia presentan una denuncia formal, en gran parte por temor a represalias sociales y legales, ya que si el hecho no queda probado pueden ser acusadas de fornicación. El Código Penal castiga las relaciones sexuales fuera del matrimonio con hasta un año de cárcel, eleva la pena a dos años en caso de adulterio denunciado por la pareja y a tres años en el caso de relaciones homosexuales, lo que aumenta la reticencia a acudir a la justicia. En este contexto, las condenas por violación suelen situarse por debajo de las máximas previstas por la ley, lo que contribuye a la percepción de impunidad y dificulta todavía más que las víctimas rompan su silencio.