Los expertos coinciden sobre si se puede reducir el riesgo de inundación en España: "Se siguen cometiendo errores del pasado"
En el libro 'Vivir con el río' tres expertos que han investigado los ecosistemas fluviales y la gestión sostenible en España analizan cuáles son los principales problemas que llevan a España a inundarse una y otra vez
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Que la DANA no fue solo una catástrofe natural provocada por la lluvia, lo sabemos. Hay varios estudios ya e investigaciones medioambientales que aseguran que se podría haber evitado, pero ¿cómo? ¿Por qué hay inundaciones tan catastróficas para el ser humano como las asociadas a la DANA de 2024 en España? ¿Se pueden reducir los daños? A finales de octubre de 2024 se produjo uno de los episodios de inundaciones más extremos de las últimas décadas en la península ibérica, asociado a un fenómeno meteorológico conocido como Dana (Depresión Aislada en Niveles Altos). Estas inundaciones fueron devastadoras en diferentes territorios del este peninsular, especialmente en la provincia de València: 229 fallecidos (219 en la Comunidad Valenciana, 7 en Castilla-La Mancha y 1 en Andalucía) y miles de damnificados. El temporal causó daños económicos estimados en 18.000 millones de euros, afectando a más de 306.000 personas, destruyendo más de 11.000 viviendas e inutilizando 141.000 vehículos. Detrás de las cifras hay muchas historias personales y vidas que quedaron truncadas para siempre, de ellas hemos hablado durante muchos meses en la web de 'Informativos Telecinco'.
"Abrumados por el nivel de desinformación y mentiras que escuchamos ante dicha catástrofe, le solicitamos a la Fundación Nueva Cultura del Agua (una asociación multidisciplinar que estudia, trabaja y propone una nueva —y sana— relación con el agua) un texto que nos aclarara qué es lo que ocurrió y cuáles fueron las causas, además de que nos apuntara las medidas que cree que se deben tomar para que esto no vuelva a ocurrir. El texto que presentamos trata de divulgar los principios en torno a la gestión del riesgo de inundación. No pretende ser un manual técnico en la materia, pero sí mantener el necesario rigor científico". Quienes hablan son Rubén Ladrera, Joserra Díez y Francesc La Roca, autores del libro 'Vivir con el río' (Pepitas, 2026), en el que se trata de divulgar los principios en torno a la gestión del riesgo de inundación. Como explican en él, las inundaciones son fenómenos que forman parte de la propia dinámica terrestre, pero que sí que debido a la intervención de la mano del hombre a lo largo de la historia, especialmente en los últimos siglos, se han visto aumentados exponencialmente los riesgos asociados a estos fenómenos naturales, al incrementar la exposición y vulnerabilidad de las poblaciones. De ahí que el libro tome el nombre.
Estamos seguros que podemos identificar, sin ayuda de nadie, urbanizaciones, pueblos o espacios ubicados en zonas de riesgo en España. Como el del camping de Biescas, Huesca, que fue arrasado por una riada cuando hubo una crecida extraordinaria en el barranco de Arás provocando la muerte de 87 personas y 187 heridos. Lo peor es que ya se había avisado de que ese lugar no era propicio para la construcción de un camping. De hecho, la sentencia de la Audiencia Nacional fue firme en 2005 señalando al Estado (Confederación Hidrográfica del Ebro) y a la Diputación General de Aragón como responsables de la tragedia. Estos fueron condenados a indemnizar con con más de 11 millones de euros a las víctimas del Camping Las Nieves.
Por lo tanto, a la ocupación de zonas inundables y la alteración de los flujos naturales del agua, hay que sumar el incremento del riesgo asociado a la crisis climática, que aumenta la probabilidad de una mayor frecuencia e intensidad de este tipo de fenómenos, con especial incidencia en la región mediterránea. ¿Se puede hacer algo para preverlas? Así contestan los expertos a la web de 'Informativos Telecinco': "A pesar de la incertidumbre asociada a cualquier proceso natural, el avance de la ciencia nos permite anticipar estos fenómenos, aunque no siempre con la precisión, en cuanto a su localización e intensidad, que sería deseable. Las alertas y recomendaciones emitidas por los organismos públicos responsables no siempre son escuchadas y seguidas por la población por diversas razones, que afectan tanto al emisor (ineficiencia de la comunicación) como al receptor (dificultad para valorar adecuadamente el riesgo y actuar en consecuencia)".
Muchas veces hay que esperar que sucedan tragedias como la de Biescas o Valencia para que se tomen precauciones. "En las zonas directamente afectadas se ha incrementado y afinado la percepción de los riesgos derivados de ciertos modelos de ocupación del territorio y de una gestión deficiente de los instrumentos de prevención y alerta. En muchas otras zonas observamos una mayor sensibilidad respecto a las propias características territoriales y organizativas para responder a situaciones similares. Sin embargo, y aunque la sociedad está cada vez más concienciada y dispuesta a seguir las recomendaciones de los expertos, la gestión institucional no avanza al mismo ritmo. Se siguen cometiendo errores del pasado, llegando incluso a agilizar las licencias municipales para construir en terrenos con alto riesgo de inundación. Otro aspecto a señalar es la efímera memoria colectiva en torno al riesgo y la "falsa seguridad" que se extiende desde las instituciones, generalmente asociada a grandes intervenciones infraestructurales", añaden.
"Las advertencias procedentes del conocimiento científico apenas han sido tenidas en cuenta"
Las medidas más urgentes
Les consultamos a los expertos de 'Vivir con el río' cuáles son las primeras medidas que se deberían aplicar en este sentido, las más urgentes, y estas son las que señalan:
- Reducir nuestra exposición al riesgo mediante una retirada estratégica y progresiva de la ocupación de zonas inundables, así como evitar que se lleven a cabo nuevas construcciones.
- Resulta necesario devolver espacio a los ríos, eliminando las infraestructuras humanas que los han estrechado y ocupado, limitando su complejidad y funcionalidad e incrementando con ello los riesgos asociados a las inundaciones.
- No tratar de luchar frontalmente contra las inundaciones, sino adaptarnos a ellas, e incluso favorecer que tengan lugar como inundaciones blandas en áreas no urbanas, pudiendo actuar como embalses temporales que retienen parte de la crecida y reducen los riesgos en los núcleos urbanos.
- Las medidas deben abarcar toda la cuenca hidrográfica. Así, se deben fomentar usos del suelo que favorezcan una mayor retención e infiltración del agua y evitar aquellos —como es el caso de la impermeabilización— que provoquen una rápida evacuación de las avenidas que ponga en riesgo poblaciones situadas aguas abajo. Reducir la velocidad del agua debería ser una premisa frente a décadas de intervenciones para evacuarla
- Junto a las medidas físicas y de adaptación al medio, resulta imprescindible poner en marcha iniciativas relativas a la mejora de la agilidad y la eficacia de los mecanismos de alerta y de respuesta coordinada, así como a la capacitación y organización de la sociedad civil ante una inundación catastrófica.
¿Vives en una zona inundable? Esto es lo que puedes hacer
Un estudio publicado recientemente y llevado a cabo por investigadores de las Universidades de Almería y Málaga indica que más de tres millones de personas viven en España en terrenos inundables. Este trabajo destaca seis zonas con especial riesgo: el entorno de Sevilla en el valle del Guadalquivir; la huerta de Murcia y de la Vega Baja del Segura; la costa de València y el norte de Alicante; la zona oriental de la costa cantábrica; la ciudad de Valladolid; y la costa catalana, especialmente en las provincias de Barcelona y Tarragona. Además, hay 2,7 millones de personas en España que tienen viviendas en zonas de alto riesgo, esto se permitió hasta 2015 cuando la ley del suelo obligó a declarar no urbanizables los suelos inundables. Pero hasta entonces se permitía edificar en cualquier lugar, ahora se pueden apreciar en los mapas de riesgo del Ministerio para la Transición Ecológica.
A pesar de ello, como denuncian Rubén Ladrera, Joserra Díez y Francesc La Roca, en muchas ocasiones las advertencias procedentes del conocimiento científico son a pesar tenidas en cuenta, primando intereses en la urbanización generalizada en España. "Se han invertido cantidades ingentes de recursos económicos en alicatar un modelo basado en las infraestructuras duras de evacuación del agua, incluso de idéntica reconstrucción tras eventos de crecida catastróficos. La confianza depositada en la capacidad de retención de agua en los embalses choca con una realidad: los reservorios de agua sirven para muchos cometidos (embalsamiento, producción eléctrica, regadío…) pero nunca para todos a la vez".
Quizá lo más importante sería tener en cuenta cómo es la geografía española y su naturaleza fluvial, muy diversa, además. "Cada sistema fluvial responde de manera distinta a los procesos de inundación, condicionados por múltiples factores naturales y antrópicos. En cualquier caso, el 'Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático' (IPCC) advierte de que las precipitaciones intensas y las inundaciones asociadas serán cada vez más frecuentes y severas en la mayoría de las regiones. En este contexto, numerosos expertos señalan que los episodios climáticos extremos registrados en los últimos años en el Mediterráneo español están estrechamente vinculados a la crisis climática. El progresivo aumento de energía acumulada en el mar Mediterráneo parece explicar la extraordinaria intensidad de fenómenos como la DANA de octubre de 2024 en el este peninsular", añaden.
¿Podemos hacer, en ese caso, algo? Si vives en zonas inundables, por ejemplo, puedes reclamar el cumplimiento de la normativa y pedir actuaciones acordes al conocimiento disponible en la materia. La información y la capacitación de la ciudadanía en la prevención de riesgos y la respuesta frente a emergencias es fundamental ya que las DANA y otros fenómenos extremos serán cada vez más frecuentes. Por ello, es necesario reducir la exposición al peligro y la vulnerabilidad de la sociedad.