Ágata recuerda abusos de su padre desde el nacimiento hasta los 7 años: "El peligro está en casa"

Ágata recuerda abusos de su padre desde el nacimiento hasta los 7 años: "El peligro está en casa". Imagen: Gabi Sendra/Alberto
Compartir

Ágata ha desbloqueado 55 años después una etapa muy oscura de su infancia. "Yo recuerdo abusos desde mi nacimiento hasta los 7 años", reconoce ahora. Después nació su hermana y al haber más atención y ojos en casa cambió el escenario. "Pasaron a ser el fin de semana en casa de un amigo suyo donde había más niños y se nos violaba en grupo".

Pero esa niña para sobrevivir borró ese horror de su memoria. "Después no tengo ningún recuerdo, no porque no hayan existido abusos, sino porque no lo recuerdo, le puse una máscara al monstruo". Diana Díaz, directora de Líneas de Ayuda de la Fundación Anar, cree que esto "es un síntomas de estrés postraumático que muchas veces se produce en estos casos en vivencias de un maltrato diario".

PUEDE INTERESARTE

Como ella ese sufrimiento lo siguen viviendo muchos menores. Más de 27.000 han denunciado agresiones sexuales o físicas en el hogar en los últimos cinco años. "Tienen que tener acceso a un tratamiento psiquiátrico gratuito con la periodicidad adecuada", señala Benjamín Ballesteros, director de Programas de la Fundación Anar. La realidad es que sólo uno de cada cuatro reciben atención atención especializada y es un dolor que como Ágata llevarán de por vida.

La violencia que sufren los menores dentro de la familia ha aumentado un 75 por ciento en los últimos cinco años. Y en casi la mitad de los casos, el agresor es el padre. Crece, de forma alarmante el número de agresiones sexuales y atención al uso de la tecnología. Está presente en uno de cada dos casos de maltrato psicológico o físico.

PUEDE INTERESARTE

Datos alarmantes

El 10,2% de los hombres adultos en España reconoce haber tenido alguna conducta sexual contra niños o adolescentes a lo largo de su vida, según "el primer estudio" de ámbito español de la Universitat de Barcelona, ha informado la entidad en una nota de prensa este miércoles.

El Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la UB ha presentado este miércoles en Madrid el primer estudio de ámbito estatal que cuantifica la atracción sexual hacia menores de 16 años, así como las conductas de violencia sexual contra niños y adolescentes a partir de las respuestas de la población general masculina adulta.

La investigación, que se ha llevado a cabo con una muestra de 6.010 hombres adultos residentes en todo el territorio español, se ha desarrollado en el marco del programa internacional Prevention Global, liderado por el Moore Center for the Prevention of Child Sexual Abuse de la Universitat Johns Hopkins, de Estados Unidos, y por el Institute of Mental Health Research de The Royal, de Canadá. El estudio revela que el 10,2% de los participantes reconocen haber llevado a cabo, al menos una vez en la vida, alguna conducta de violencia sexual que implica a personas menores de 18 años.

En lo referente a niños y adolescentes menores de 15 años, la prevalencia es del 2,8%, en lo que respecta a edades inferiores a los 12 años, es de un 1,7%, y el 3,4% de la muestra señala que alguna de estas conductas se han producido en los últimos 12 meses.

Una de las aportaciones principales de este estudio es que mide de forma separada dos fenómenos que tienden a confundirse: la atracción sexual hacia personas menores de 16 años y, por otro lado, la perpetración de conductas de violencia sexual contra niños y adolescentes. En lo que respecta a la atracción, el 22,2% de los participantes admite haber sentido algún grado de atracción hacia menores de 16 años durante su edad adulta.

En la mayoría de casos se trata de una atracción poco frecuente y secundaria a la atracción hacia adultos: el 12,3% ha respondido que "casi nunca" le ha pasado, un 1,9% ha referido que experimenta esta atracción la mayor parte del tiempo o siempre, mientras que la atracción exclusiva hacia menores de edad, sin atracción hacia personas adultas, es muy minoritaria, de un 0,3%.

El estudio indica que los dos fenómenos están asociados: los que declaran sentir esta atracción presentan una probabilidad más alta de reportar conductas de violencia sexual hacia menores, pero también señala que esta asociación no es determinista, pues el 72,8% de los hombres que declaran sentir atracción hacia menores de 16 años no han reportado ninguna conducta de violencia sexual contra la infancia.

Para el equipo investigador esta distinción no minimiza la gravedad del problema, pero la hace abordable, dado que identifica a un amplio grupo de personas que sienten atracción hacia menores y no han cometido conductas de violencia sexual contra ellos, por lo que representa una oportunidad de intervención temprana antes de que suceda.

Las cifras recogidas por el estudio "no son tasas de delitos ni de condenas", sino conductas autoinformadas, con y sin contacto físico, en el entorno físico y digital, e incluye casos con adolescentes de 16 y 17 años únicamente cuando hay una diferencia de al menos 10 años con la persona que responde, de forma que quedan fuera las relaciones sexuales consentidas entre personas de edad similar. El estudio señala que las conductas de violencia sexual a lo largo de la vida de un adulto contra niños y adolescentes fuera de internet son más frecuentes, de un 9,7%, con respecto a las que se producen en el entorno digital, un 4,2%.

La continuidad reciente, sin embargo, es mucho más alta en el ámbito digital: más de la mitad, el 56%, de los que reportan alguna conducta en internet de violencia sexual contra menores a lo largo de su vida también la reportan en el último año, frente al 27% en el entorno físico.

Los investigadores recuerdan que la conducta sexual contra la infancia y la adolescencia supone una vulneración de los derechos humanos y un problema estructural de salud pública. Hasta ahora, los datos de los que se disponían procedían casi en su totalidad de datos judiciales, policiales y estudios de victimización, por lo que este estudio aporta una perspectiva complementaria y poco explorada con un objetivo preventivo, pues "no se puede prevenir lo que no se conoce".

El equipo de GReVIA propone impulsar campañas de información y sensibilización, para concienciar de que sentir atracción no justifica ninguna conducta de violencia sexual. También aboga por la prevención y la ayuda temprana, mediante recursos confidenciales de orientación a personas que sienten atracción hacia menores y que no han cometido episodios de violencia sexual, con programas especializados y derivación a profesionales.

Asimismo, destacan la importancia de la capacitación de los profesionales de la salud mental, la educación, los servicios sociales, la justicia y la protección a la infancia para detectar señales de riesgo, y de realizar investigaciones mediante estudios nacionales periódicos que permitan diseñar y evaluar políticas públicas basadas en datos. "Durante décadas, hemos centrado la prevención en enseñar a los niños, niñas y adolescentes a protegerse. Es necesario, pero no suficiente. Si queremos evitar que haya víctimas, también debemos atender y actuar sobre quienes pueden causar daño", ha expresado la profesora de la Facultad de Psicología de la UB, directora del GReVIA y codirectora del estudio, Noemí Pareda.

En la misma línea, el coodirector del estudio y miembro del Grupo de Investigación en Victimología Empírica y Aplicada (Vicrim), Pablo Romero, ha señalado que "la mayoría de las personas que refieren atracción no haya cometido ninguna conducta de violencia sexual no rebaja la gravedad del problema: nos dice dónde y cuándo podemos intervenir. Ofrecer ayuda temprana y confidencial es una medida de protección de la infancia".

Durante la jornada de presentación en Madrid, la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha asegurado que "no basta" con condenar las violencias contra la infancia, y ha reclamado poner en el centro la prevención y la protección. "Nuestra responsabilidad política nunca ha sido de limitarnos a condenar la violencia, sino que empieza por asumir los cambios necesarios para evitar que se produzca", ha afirmado. Rego ha defendido que combatir estas violencias exige actuar sobre las condiciones sociales y las relaciones de poder que permiten que se produzcan y permanezcan ocultas.

Además, ha sostenido que una sociedad comprometida con la protección de la infancia "no puede conformarse con reaccionar después del daño", y ha reclamado combinar la respuesta penal con políticas de prevención, educación afectivo-sexual, atención especializada y acompañamiento y reparación de las víctimas. "Necesitamos leyes, pero también protocolos, formación profesional y, sobre todo, recursos, porque sin recursos las condenas más contundentes se quedan en palabras", ha enfatizado.

La ministra ha cuestionado la tendencia a considerar estas violencias como una excepción o una desviación individual, cuando también se producen en entornos cercanos y en relaciones de confianza y afecto, y ha reivindicado las aportaciones del feminismo para visibilizar las relaciones de dominación. Finalmente, ha remarcado que sigue habiendo "dificultades para aceptar que la autoridad adulta necesita límites" y que la protección no puede depender exclusivamente de la voluntad de quienes ejercen el cuidado.