Un hombre relata cómo el hermano de Antonio Anglés y otras personas le secuestraron y torturaron: "Me cortaron y me quemaron con brasas"
Mauricio Anglés, que cambió su nombre para desvincularse de su hermano Antonio, asegura que es "inocente" y que se siente "muy positivo"
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Un hombre ha relatado en un juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Valencia el secuestro y las torturas que padeció en noviembre de 2021 presuntamente a manos de varias personas, entre ellas uno de los hermanos de Antonio Anglés, desaparecido y acusado del triple asesinato de las niñas de Alcàsser: "Me pegaron durante dos horas, me hicieron un corte en la oreja, me amenazaban con secuestrar a mi mujer y a mi hijo y me quemaron la espalda con unas brasas". Todo ello mientras le pedían dinero, hasta 150.000 euros.
El hombre ha desgranado con minucioso detalle ante el tribunal de la Audiencia el secuestro que sufrió hace ya cinco años y por el que hay seis personas acusadas, entre ellas Mauricio Anglés, para los que la Fiscalía reclama 27 años de prisión por un delito de secuestro con la agravante de alevosía, y los delitos de lesiones, amenazas, robo con violencia, daños y pertenencia a grupo criminal. Hay un séptimo acusado, que se enfrenta a un año de prisión, y ha reconocido que fue receptor de uno de los vehículos utilizados en el secuestro pero ha negado que supiera su titularidad o procedencia.
A la salida de la vista, el hermano de Antonio Anglés ha manifestado que el juicio había ido "bien". "Yo soy inocente, solo tengo que decir eso", ha agregado. "Me siento muy positivo, como tenía que pasar todo. Si uno es inocente y está en otro sitio, hay cámaras, testigos, y uno está tranquilo", ha apostillado.
Dos horas de torturas
El secuestro tuvo lugar el 29 de noviembre de 2021 pero el plan se urdió unos días antes. De hecho, según se desprende de la calificación fiscal, se robaron y cambiaron matrículas de unas furgonetas para ejecutar el plan. También hubo varios seguimientos a la víctima y, de hecho, se le puso una baliza para tenerlo localizado.
Ese día, según ha narrado la víctima --quien ha reconocido que conocía al hermano de Anglés de Catarroja y porque en alguna ocasión habían salido de fiesta--, mientras se dirigía a su chalet de Montserrat (Valencia), en un camino de naranjos, se vio abordado por dos furgonetas que le taponaron el paso. "Casi me embistieron. No tenía opción de salir", ha descrito.
En ese momento, salieron varias personas de los vehículos corriendo hacia él, con pasamontañas y ropa oscura, y asegurando que eran la Guardia Civil. "Me asusté. Estaba cerrado el coche. Un tipo más corpulento, que no sé que llevaba en la mano, rompió el cristal. Bajaron más personas de las furgonetas y me sacaron a golpes mientras me gritaban", ha señalado.
"Me sacaron del coche --ha proseguido-- y eran golpes, golpes y más golpes. Yo pedí socorro, chillaba y estaba asustado. La sangre me caía por la cabeza y no veía, me tenía que apartar la sangre. Me cogí a una valla y, al final, me tiraron al suelo, llegó otro chico, me hizo la técnica del 'mataleón' y me quedé aturdido. Me metieron como pudieron en la furgoneta blanca", ha descrito.
La víctima viajó en la furgoneta durante unos 20 ó 25 minutos, según ha narrado, mientras iba esposado y en compañía, en la parte de atrás, de dos personas más. "Intenté escaparme, pegué una patada a la puerta, se abrió y un chico la cerró y se me cayó una de las zapatillas y el calcetín", ha dicho.
Llegaron a una especie de cuadra o nave --en un camino de Catarroja-- y la furgoneta en la que viajaba frenó "rápido y fuerte". "Allí había alguien esperando, abrió unos cerrojos, me metieron dentro y empezó la tortura", ha señalado.
En el interior se encontraba desnudo, bocabajo y esposado. Varias personas empezaron a pedirle dinero y le amenazaron con matarle o secuestrar a su mujer y su hijo. "Me decían: 'te vamos a matar. Tenemos secuestrados a tu mujer y a tu hijo'. Y me pedían 100.000, 150.000 euros... y al final 10.000 o 20.000 euros, lo que tuvieran. Me dejaron semiinconsciente", ha señalado.
"Estuvieron casi dos horas torturándome", ha afirmado, para agregar que le amenazaban con cortarle los dedos y con enterrarle en un agujero. "Me tiraban agua, me pusieron como una cadena de perro y me pegaban 10 ó 15 cadenazos cada vez que les decía que no tenía dinero", ha expuesto.
Y ha continuado: "Me pegaban en los glúteos, en las piernas y en la espalda. Tenía unos derrames y unos dolores... No había sentido tanto dolor en mi vida. Yo estaba medio inconsciente", ha descrito. En un momento determinado, ha dicho, también cogieron unas brasas que había en el lugar y le quemaron la espalda.
Él les comentó que solo tenía unos 1.000 o 2.000 euros en casa pero el resto estaba en el banco. Finalmente le quitaron las llaves, el teléfono móvil la cartera y lo que llevaba encima y lo subieron de nuevo a la furgoneta, desnudo y esposado.
"Medio en coma"
Transcurridos unos 10 minutos en el vehículo, disminuyeron la marcha y le tiraron al camino --se encontraba en una carretera de Paiporta--. Ha contado que le rociaron con un extintor y le dejaron ahí. "Estaba medio en coma cuando me tiraron. Iba arrastrándome", ha descrito.
"Pensaba que me iban a disparar y como había un barranco, me tiré para esconderme. Cuando vi que se iban, subí como pude por unos campos perdidos y fui andando hasta que un motorista paró y me socorrió", ha señalado.
La víctima --que se dedicaba a reformas y la compra-venta de casas-- ha indicado que pidió al motorista que llamara a su mujer y a sus padres, quienes acudieron hasta el lugar en el que se encontraba. "Me vieron en esas condiciones. Mi mujer se tiró encima de mí y mi padre se puso a llorar", ha descrito. Tardó en sanar 17 días de las lesiones sufridas.
Transcurrido un tiempo desde el secuestro, el hombre ha contado que un amigo suyo le comentó que otra persona sabía quiénes le habían hecho y que estaba dispuesto a hablar a cambio de dinero. Le habló de un tal Joaquín, un par de personas de etnia gitana y otras personas peligrosas. Ha afirmado que no pagó porque prefirió dejar que trabajara la Guardia Civil. Los implicados en el secuestro se deshicieron de los vehículos que habían usado e, incluso, calcinaron uno de ellos.